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Archivos de la categoría ‘Astrofísica’

La Guerra de las Galaxias

Publicado por Jordi Guzman en 27 marzo 2010


Dos galaxias llevan enfrentándose en una épica e inmemorial guerra gravitacional desde hace millones de años. A la derecha la Galaxia de Bode, también conocida como Messier 81, con sus bellos brazos espirales y a la izquierda la Galaxia del Cigarro, conocida como Messier 82, envuelta en una nube de gas de color rojo.

La gravedad de M82 ha moldeado los brazos espirales de M81 y la gravedad de esta ha comprimido las nubes de gas de M82 provocando una elevada tasa de formación de estrellas. Dentro de algunos millones de años solo una de ellas sobrevivirá. La fotografía la ha hecho Leonardo Orazi . Clic para ampliar.

Foto: Leonardo Orazi

Vía APOD y Teleobjetivo

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Publicado en Astrofísica, Astronomía, Ciencia, Fotografía | 5 Comentarios »

El Big Bang: Una teoría sólida, pero siguen los misterios

Publicado por Jordi Guzman en 24 marzo 2010


El Big Bang fue el inicio del universo que conocemos, dicen la mayor parte de los científicos. Pero, ¿fue el inicio?, y ¿será el final?

Una descripción popular del joven universo es un único Big Bang, después del cual el espacio se hinchó rápidamente como una

El Universo ilustrado en tres dimensiones espaciales y una dimensión temporal. Fuente: Wikipedia (clic para ampliar)

burbuja gigante. Pero otra teoría propone que vivimos en un universo de 11 dimensiones, donde todas las partículas están compuestas por diminutas cuerdas vibrantes. Esto podría crear un universo obligado a un ciclo de Big Bangs y Big Crunchs, repetidos en un blucle.

Aún está por ver qué escenario está más cerca de la verdad, pero los científicos dicen que nuevos experimentos que están ahora en proceso podrían proporcionar pronto más respuestas.

El Big Bang

De acuerdo con la Teoría del Big Bang, el universo comenzó siendo extremadamente denso y caliente. Hace alrededor de 14 000 millones de años, el propio espacio se expandió y enfrió, permitiendo finalmente la formación de átomos y que se agruparan para formar las estrellas y galaxias que vemos hoy.

En esto, la mayor parte de los científicos concuerdan.

“Diría que hay un 100% de consenso, en realidad”, dice el físico de partículas de la Universidad de Pennsylvania Burt Ovrut, sobre la teoría del Big Bang. “Hay una abrumadora evidencia – todas las predicciones son ciertas”.

Por ejemplo, esta teoría predice que el universo actual estaría lleno de una omnipresente luz dejada por el Big Bang. Este resplandor, conocido como radiación del fondo de microondas cósmico, se descubrió en 1964, casi 20 años después de que se hubiese predicho.

No obstante, qué sucedió en el momento exacto, y que pasó inmediatamente después, está abierto al debate.

Una burbuja gigante

Una idea predominante que conecta los puntos entre el Big Bang y el universo que vemos hoy es la conocida como inflación. Esta es la idea de que durante los, aproximadamente, primeros 10-34 segundos (0,0000000000000000000000000000000001 segundos), el universo sufrió una expansión exponencial, duplicando su tamaño al menos 90 veces. Durante esta etapa inicial, la materia estaba en un estado muy distinto al actual.

Esta teoría podría explicar algunos de los principales obstáculos propuestos por el Big Bang: ¿Por qué el universo parece mayormente plano, con aproximadamente la misma cantidad de materia dispersa igualmente en todas las direcciones?

“Si imaginas que la materia estaba en un estado diferente en los inicios del universo, cambia toda la historia”, dijo Andreas Albrecht, físico teórico de la Universidad de California en Davis y uno de los precursores de la inflación. “La física puede crear esa suavidad por ti. La inflación también lo hace plano. Todo encaja maravillosamente en esta historia contada por la inflación”.

Pero Albrecht y otros admiten que la teoría no explica aún todo el cuadro.

“La inflación es, con facilidad, la teoría más popular en la cosmología”, dijo el físico teórico Neil Turok, director del Instituto Perimeter para Física Teórica en Ontario, Canadá. “Es una buena teoría, pero tiene algunos puntos débiles. No puede describir el momento del Big Bang”.

La teoría del Big Bang ve al universo iniciándose a partir de una singularidad – un concepto matemático de temperatura y densidad infinitas empaquetadas en un único punto del espacio. Pero los científicos no creen que esto sea lo que sucedió realmente.

“Realmente no sería infinito”, explica el físico Paul Steinhardt, director del Centro Princeton para Ciencia Teórica en la Universidad de Princeton en Princeton, Nueva Jersey, y otro arquitecto de la inflación. “Infinito simplemente significa que las matemáticas colapsan. Es una afirmación de que no deberías haber extrapolado tus ecuaciones tan lejos, debido a que te estallan en la cara”.

Ni la teoría del Big Bang ni la teoría inflacionaria pueden describir lo que sucedió en ese momento.

Y la inflación tiene otros problemas, para algunas personas. Debido a las fluctuaciones cuánticas, distintas partes del universo podría inflacionar a distintos ritmos, creando “universos burbuja” que son mucho mayores que otras regiones. Nuestro universo puede ser uno dentro de un multiverso, donde reinan distintas escalas y leyes de la física.

“Esto significa que todo y nada de lo que pueda suceder, sucederá”, dijo Steinhardt a SPACE.com. “Por lo que, básicamente, todo podría ser una predicción de la inflación. Para mi esto es un problema fundamental y no sabemos cómo librarnos de él”.

Otros dicen que aunque la inflación puede que aún no esté completa, aún así es lo más útil que tenemos para describir el origen del universo.

“Incluso si todas las cosas son posibles, resultaría que algunas cosas son mucho más posibles que otras, y aún podrías hacer una predicción”, dice Albrecht. “El verdadero entusiasmo para mi, es que hay tantos datos que apoyan la inflación que realmente parece que merece la pena pensar en estas preguntas”.

Ciclos y ciclos

En 2001, Steinhardt y Turok propusieron una idea conocida como modelo círculo, basada en un concepto anterior llamado universo ekpirótico que habían ideado junto a Ovrut.

En este escenario, el universo pasa por una secuencia sin fin de “bangs” y “crunchs” – es decir, periodos de expansión seguidos de periodos de contracción. En cada transición, el universo tendría una temperatura y densidad finita, en lugar del infinito de la singularidad, y la expansión y contracción serían relativamente lentas, en oposición a la rápida expansión exponencial propuesta por la inflación.

La idea se basa en la Teoría M, una versión de la Teoría de Cuerdas que sugiere que toda partícula es, de hecho, un diminuto bucle de cuerda cuyo patrón de vibración determina qué tipo de partícula será. No obstante, la Teoría M requiere que el universo tenga 11 dimensiones. Hasta el momento, sólo podemos detectar cuatro – tres espaciales y una temporal. Pero puede que haya otras siete ocultas, según dicen sus defensores.

Los científicos llaman brana a la parte de cuatro dimensiones visible del universo, y sugieren que pueden existir otras branas de cuatro dimensiones dentro de este espacio de 11 dimensiones.

“Si se tiene otra brana en dimensiones superiores, es extremadamente probable que se mueva e impacte con con la nuestra”, dice Ovrut. “Tienes una brana con la estructura exacta de nuestro mundo real, y otras branas que probablemente impactarán con la nuestra, y toda la energía de los universo en colisión entraría en juego. Oye, eso me suena mucho a un Big Bang”.

Los defensores de la idea dicen que ofrece una emocionante forma de abordar el tema de qué desencadenó el Big Bang, y evita algunos de los problemas de la inflación.

“En la teoría cíclica no sólo describes el último estallido, sino también los anteriores”, explica Turok. “Es una descripción mayor, más completa y esperemos que más consistente lógicamente”.

Pero otros investigadores dicen que el modelo cíclico no han llegado lo bastante lejos para ofrecer una alternativa real a la inflación.

“La inflación tiene problemas cuando tratas de hacer que funcione a gran escala, pero no creo que los cíclicos hayan trabajado realmente tan duro para hacer que funcione mejor”, dice Albrecht. “Creo que tienen las manos llenas de problemas técnicos”.

Probando los modelos

Afortunadamente, los científicos puede que no tengan que esperar mucho para saber qué teoría es mejor. Los modelos hacen predicciones diferentes sobre ciertos aspectos del universo que hoy puede medirse.

Por ejemplo, la inflación podría haber creado ondas gravitatorias – distorsiones del espacio-tiempo provocadas por la gravedad – que deberían ser observables.

Algunos nuevos instrumentos, como el satélite Planck lanzando en 2009, y un instrumento conocido como polarímetro que está siendo construido en el Telescopio del Polo Sur en la Antártica, podrían medir esas ondas.

“Si observáramos esas ondas gravitatorias, acabarían con las teorías cíclicas ekpiróticas de rebote”, dice Steinhardt. “Sería muy consistente con la idea de inflación”.

Sin embargo, no encontrar las ondas no sería un golpe fatal para ninguna teoría, dado que algunas versiones de la inflación no requieren ondas gravitatorias. Sea cual sea el caso, sería apasionante, dicen los científicos.

“La calidad de los datos astronómicos se está disparando”, dice Albrecht. “Probablemente se recopilarán los datos en los próximos cinco a diez años, y veremos qué pasa”.
Artículo traducido y posteado en Ciencia Kanija, el original se publicó en SPACE.com, su autora es Clara Moskowitz.

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APEX Capta Primera Imagen Cercana de Fábricas de Estrellas en el Universo Lejano.

Publicado por Jordi Guzman en 23 marzo 2010


Por primera vez los astrónomos han realizado mediciones directas del tamaño y resplandor de zonas de nacimiento estelar en una galaxia muy distante, gracias a un descubrimiento fortuito con el telescopio APEX. La galaxia es tan lejana, y su luz ha tardado tanto en llegar a nosotros, que la vemos como era hace 10 mil millones de años atrás. Un “lente gravitatorio” cósmico aumenta el tamaño de la galaxia y nos da un primer plano que de otro modo sería imposible. Este golpe de suerte revela la agitada y vigorosa formación estelar presente en las galaxias del Universo primordial, con estrellas naciendo cien veces más rápido de lo que se observa en galaxias más recientes. La investigación será publicada en el sitio web de la revista Nature.

Los astrónomos estaban observando un masivo cúmulo de galaxias con el telescopio APEX (Atacama Pathfinder Experiment) en longitudes de onda de luz submilimétricas, cuando más allá del cúmulo encontraron una nueva y asombrosamente luminosa galaxia muy lejana, la más brillante observada hasta ahora en ondas submilimétricas. Su luminosidad se debe a que los granos de polvo cósmico en la galaxia resplandecen después de ser calentados por la luz estelar. La nueva galaxia fue nombrada SMM J2135-0102.

Quedamos asombrados al descubrir un objeto sorprendentemente brillante que no estaba en la posición esperada. Pronto nos dimos cuenta que era una galaxia anteriormente desconocida y más lejana que estaba siendo ampliada por el cúmulo de galaxias más cercano”, dice Carlos De Breuck de ESO, miembro del equipo de investigadores. De Breuck estuvo haciendo las observaciones con el telescopio de APEX, en el llano de Chajnantor, a una altura de 5.000 metros en la Cordillera de Los Andes en Chile.

La nueva galaxia SMM J2135-0102 es tan brillante debido al masivo cúmulo de galaxias que se encuentra delante de ella. La vasta masa de este cúmulo curva la luz de la galaxia más lejana, actuando como un lente gravitatorio. Al igual que con un telescopio, esto amplía e ilumina nuestra visión de la galaxia. Gracias a la alineación fortuita entre el cúmulo y la galaxia lejana, esta última es enormemente ampliada por un factor de 32.

La amplificación revela la galaxia en un detalle sin precedentes, aún considerando que está tan lejos que su luz tardó alrededor de 10 mil millones de años en alcanzarnos”, explica Mark Swinbank de la Universidad de Durham, autor principal de la publicación que da cuenta del descubrimiento. “A través de observaciones continuas con el radiotelescopio Submillimeter Array, hemos podido estudiar con gran precisión las nubes donde se forman las estrellas en la galaxia”.

La amplificación permitió que las nubes de formación estelar pudieran ser observadas en la galaxia a una escala de unos pocos cientos de años-luz, casi el tamaño de nubes gigantes en nuestra propia Vía Láctea. Para ver este nivel de detalle sin la ayuda de lentes gravitatorio serán necesarios futuros telescopios como ALMA (Atacama Large Millimeter/submillimeter Array), el que actualmente está en construcción en el mismo llano donde se encuentra APEX. En consecuencia, este afortunado descubrimiento ha dado a los astrónomos un anticipo preliminar único de la ciencia que será posible llevar a cabo en unos pocos años más.

Estas “fábricas de estrellas” son similares en tamaño a aquellas en la Vía Láctea, pero cien veces más luminosas, sugiriendo que la formación estelar en los tiempos primordiales de estas galaxias era un proceso mucho más vigoroso que el observado normalmente en galaxias que se encuentran más cercanas de nosotros en tiempo y espacio. En general, estas nubes se parecen mucho más a los núcleos más densos de las nubes de formación estelar en el Universo cercano.

Estimamos que SMM J2135-0102 está produciendo estrellas a una tasa equivalente a 250 soles al año”, dice de Breuck. “La formación de estrellas en sus grandes nubes de polvo es distinta a la del Universo cercano, pero nuestras observaciones también sugieren que deberíamos poder utilizar fundamentos físicos similares a partir de los núcleos más densos en las galaxias cercanas para entender el nacimiento estelar en estas galaxias más lejanas”.

Nota de prensa publicada en el portal de la ESO (Organización Europea para la Investigación Astronómica en el Hemisferio Austral)

Esta impresión artística de la lejana galaxia SMM J2135-0102 muestra las grandes nubes brillantes a unos pocos cientos de años luz en tamaño, las que corresponden a zonas con activa formación de estrellas. Estas “fábricas de estrellas” son similares en tamaño a aquellas en la Vía Láctea, pero cien veces más luminosas, sugiriendo que la formación estelar en la vida primordial de estas galaxias era un proceso mucho más vigoroso que el que se encuentra normalmente en las galaxias locales. Crédito: ESO/M. Kornmesser

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Spitzer detecta el ‘latido’ de formación estelar en la Vía Láctea

Publicado por Jordi Guzman en 12 marzo 2010


Los astrónomos han usado el Telescopio Espacial Spitzer de la NASA como el estetoscopio de un doctor para escuchar el “latido” de

Contando la juventud en una galaxia de mediana edad

formación estelar de nuestra galaxia, un hallazgo que ayudará a trazar la “vida” de la Vía Láctea y otras galaxias.

Una señal de vida clave en los humanos es nuestro ritmo cardiaco, o el número de latidos del corazón en un tiempo dado. Las galaxias también tienen un tipo de latido, que es su ritmo de formación de nuevas estrellas. Este ritmo indica un nivel de actividad galáctico y da pistas sobre su “tiempo de vida”, o cuánto puede mantenerse el cuerpo celeste creando nuevas estrellas y planetas antes de envejecer y calmarse.

Ahora, los astrónomos han sentido el pulso de formación estelar en la Vía Láctea más directamente que nunca antes, usando observaciones de Spitzer para contar las estrellas bebé en nuestra galaxia. Esta información se introdujo entonces en una simulación por ordenador sobre la formación estelar galáctica, una novedosa técnica que reveló que nuestra galaxia hogar late con un ritmo de creación de aproximadamente una estrella como el Sol cada año.

“Medir el ritmo de formación estelar dentro de la Vía Láctea con este métido es importante no sólo para comprender nuestra galaxia, sino que también tiene implicaciones para medir los índices de formación estelar de todas las galaxias”, dice Thomas Robitaille del Centro Harvard-Smithsoniano para Astrofísica y autor principal de un nuevo estudio que describe los resultados.

Anteriores medidas han sugerido un ritmo de formación estelar en la Vía Láctea ligeramente más alto – hasta cinco veces la masa del Sol anualmente – pero dependían de métodos indirectos. Una técnica requería medir las ondas de radio que manaban de las nubes de gas de hidrógeno energetizadas por las estrellas más grandes, brillantes y calientes. Los científicos han hecho estimaciones de cuántas estrellas menores y más comunes como el Sol se forman por cada uno de estos raros aunque fácilmente detectables gigantes. Tal extrapolación, no obstante, es algo imprecisa.

Debido a que no podemos ver estrellas individuales y objetos estelares jóvenes (YSOs) en galaxias lejanas, y por tanto tenemos que medir indirectamente su pulso, es importante calcular estos otros métodos con precisión. De acuerdo con la nueva técnica de recuento de YSO, que se afinará en el futuro, ayudará a calibrar la forma de medir los índices de formación estelar en otras galaxias.

Formación y recuento de estrellas

Las estrellas se forman a partir del colapso gravitatorio del gas que está disperso por el espacio. Cuando las estrellas en ciernes giran y sus núcleos se calientan, los restos de materia giran a su alrededor en un polvoriento disco que puede agruparse en ciertas zonas para formar planetas. Estos YSOs, aunque extremadamente débiles en la luz visible, brillan con fuerza en la luz infrarroja que observa Spitzer.

Para tomar el pulso de formación estelar de la Vía Láctea, Robitaille contó primero miles de estos YSOs observados por el Conjunto de Cámaras Infrarrojas de Spitzer para un estudio llamado Extraordinario Estudio del Plano Medio Infrarrojo del Legado Galáctico (GLIMPSE). Este estudio observó una porción del cielo de aproximadamente dos grados de altura y 130 grados de longitud, lo bastante grande para tener el tamaño de 330 veces la Luna llena. Otros estudios infrarrojos habían captado previamente luz difusa de decenas de miles de estrellas, pero GLIMPSE vio 100 millones de estrellas claramente, y hasta 20 000 YSOs.

“Estamos viendo la formación estelar por toda la galaxia por primera vez”, dice la coautora del artículo Barbara Whitney, Científico Investigador Senior en el Instituto de Ciencia Espacial en Boulder, Colorado.

Whitney y Robitaille diseñaron un modelo por ordenador realista del nacimiento estelar galáctico global. Ajustando el índice de formación estelar del modelo para que se correspondiera con el número de YSOs que vio Spitzer, el dúo de investigación llegó a una medida directa, para el índice de formación estelar anual, de dos tercios a una vez y media la masa del Sol.

Un latido de edad media

Este ritmo actual de formación estelar puede parecer bajo cuando consideramos que la galaxia contiene 100 000 millones de estrellas. Para formar todas las estrellas que vemos ahora, el índice debió ser mucho mayor en el pasado, según concuerdan los investigadores, y que la presente cifra es razonable para una galaxia madura como la Vía Láctea. Conforme se ha calmado nuestra galaxia a lo largo de sus 11 000 millones de años de historia, el ritmo de formación estelar se ha hecho más tranquilo, a un ritmo de edad mediana.

La galaxia se ha establecido casi en equilibrio en la generación de estrellas a partir del gas que expulsan las estrellas viejas de vuelta al entorno cósmico. De esta forma cíclica, dice Whitney, los índices de formación estelar son como “el latido de una galaxia”: si una galaxia está creando estrellas muy rápidamente, puede agotar la cantidad de gas disponible, deteniendo el génesis de nuevas estrellas – no muy distinto de alguien que se toma un respiro después del ejercicio y aumenta su ritmo cardiaco. De forma similar, las galaxias con índices de formación estelar bajos pueden reducir su actividad de producción estelar respecto a sus eones más jóvenes.

Los nuevos resultados de Spitzer se publicaron en el ejemplar del 10 de febrero de 2010 de la revista The Astrophysical Journal Letters. Las observaciones como parte de GLIMPSE se realizaron antes de que Spitzer comenzara su misión “cálida” en mayo de 2009 al agotar su refrigerante líquido.
Artículo traducido y posteado en Ciencia Kanija, el original se publicó en Spitzer Space Telescope, su autor es Adam Hadhazy.

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El GTC observa un exótico magnetar

Publicado por Jordi Guzman en 3 marzo 2010


Imágenes de una profundidad sin precedentes delimitan el brillo de una peculiar estrella de neutrones, la sexta de su tipo conocida hasta la fecha.

El Gran Telescopio CANARIAS (GTC) ha observado una estrella de neutrones fuera de lo común. Clasificada como magnetar, su naturaleza es tan singular como su nombre oficial: SGR 0418+5729. Las observaciones del mayor telescopio del mundo, que alcanzaron una profundidad sin precedentes en el rango óptico para este tipo de objetos, contribuirán a delimitar las

Representación artística de un magnetar que, tras el agrietamiento de su superficie, libera la energía almacenada en su potente campo magnético. Crédito: Laboratorio de imágenes conceptuales del Centro Goddard para Vuelos Espaciales de la NASA.

propiedades físicas de este cuerpo celeste con campos magnéticos de extrema intensidad.

Las estrellas de neutrones se forman cuando estrellas masivas, de entre 10 y 50 veces la masa del Sol, explotan como supernovas al final de su vida. Mientras las capas externas de la estrella son lanzadas al espacio, su núcleo se colapsa bajo su propio peso, alcanzando densidades enormes y convirtiéndose así en una estrella de neutrones. La densidad es tan alta que “estos cadáveres estelares concentran una masa comparable a la del Sol dentro de una esfera de apenas 30 kilómetros de diámetro, el espacio ocupado por una gran ciudad”, destaca Paolo Esposito, el investigador del Instituto Nacional de Astrofísica de Italia que ha liderado el estudio.

Entre este tipo de estrellas destacan los magnetares -nombre obtenido a partir de las palabras en inglés magnet y star-, de los que hasta la fecha se conocen solamente seis. “Los magnetares poseen un campo magnético mil veces más fuerte que las estrellas de neutrones ordinarias, y millones de veces mayor que el campo más intenso que se pueda recrear en un laboratorio terrestre. De hecho, son los imanes más potentes del Universo”, explica Paolo Esposito.

Debido a su actividad magnética, en estas estrellas se producen fracturas en la corteza exterior que dejan escapar fugaces e intensos estallidos de luz, en su mayoría en forma de rayos gamma de baja energía. Estos potentes destellos fueron el rastro seguido por el GTC.

Rastros del Universo violento

Los magnetares han sido generalmente estudiados a partir de sus brillantes emisiones en rayos X, pero se conoce muy poco acerca de sus características en longitudes de onda ópticas. Tras la detección de una serie de explosiones de SGR 0418+5729 por parte de los satélites de la NASA Fermi y Swift, el equipo de investigadores solicitó al GTC una observación óptica profunda del objeto.

La ocasión para observarlo llegaría el pasado15 de septiembre, cuando el objeto era aún muy luminoso en rayos X. La emisión fue tan débil en el rango óptico que ni siquiera el instrumento OSIRIS, acoplado al mayor telescopio del mundo, fue capaz de capturarla. Sin embargo, la observación permitió a los astrónomos establecer la imagen óptica más profunda de las obtenidas hasta ahora para este tipo de fuente.

Según el investigador italiano, las observaciones con GTC son “clave en la comprensión de cómo y dónde se produce la radiación emitida por los magnetares, y ayudará a aclarar aspectos básicos de la física de campos magnéticos ultra-fuertes”.

La imagen del GTC sobre este último miembro de la familia de los magnetares añade una nueva pieza a la todavía escasa pero creciente base de datos de observaciones ópticas e infrarrojas sobre estos peculiares y violentos cuerpos celestes. De acuerdo con los investigadores, este tipo de estudios amplía las oportunidades de explorar toda una gama de objetos con actividad en altas energías.

El equipo que ha participado en el análisis de esta exótica estrella está conformado por científicos de Italia, España, Francia y Reino Unido. Sus resultados aparecerán esta semana en una prestigiosa publicación de la Royal Astronomical Society.

Artículo publicado en Servicio de Información y Noticias Científicas (SINC)

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Cúmulos de estrellas alienígenas llenan nuestra galaxia

Publicado por Jordi Guzman en 25 febrero 2010


Muchos de los cúmulos estelares de nuestra galaxia, en realidad pueden ser extranjeros: colecciones de estrellas que nacieron en otras partes y emigraron a nuestra Vía Láctea, de acuerdo con un nuevo estudio.

Los cúmulos estelares extranjeros en realidad forman aproximadamente un cuarto del sistema de cúmulos estelares globulares de la Vía Láctea, según encontraron los investigadores.

“Resulta que muchas de las estrellas y cúmulos estelares globulares que vemos cuando miramos al cielo nocturno, no son nativas, sino procedentes de otras galaxias”, dijo el coautor del estudio Duncan Forbes, astrónomo de la Universidad Tecnológica de Swinburne en Australia. “Han recorrido todo ese camino hasta la Vía Láctea en los últimos miles de millones de años”.

Los astrónomos habían sospechado anteriormente que algunos cúmulos globulares, que contienen cada uno entre 10 000 y varios millones de estrellas, eran de fuera de nuestra galaxia, pero era difícil identificar positivamente cuáles.

Para encontrarlas, Forbes, junto con su colega Terry Bridges de la Universidad de Queens en Ontario, Canadá, uso datos del Telescopio Espacial Hubble para examinar cúmulos globulares dentro de la galaxia de la Vía Láctea.

Entonces recopilaron la mayor de alta calidad para registrar la edad y propiedades químicas de cada uno de los cúmulos.

“Usando esta base de datos, fuimos capaces de identificar firmas clave en muchos cúmulos estelares globulares que nos dieron pistas reveladoras sobre su origen externo”, comenta Forbes.

La investigación se detallará en el próximo ejemplar de la revista Monthly Notices of the Royal Astronomical Society.

El trabajo también sugiere que la Vía Láctea puede haberse tragado más galaxias enanas, o “mini” galaxias de hasta 100 millones de estrellas, de lo que antes se pensaba.

Investigaciones anteriores habían demostrado que dos galaxias enanas dentro de la Vía Láctea nacieron fuera de ella, pero el actual trabajo sugiere que puede haber hasta seis o siete.

“Aunque las galaxias enanas están desmembradas y sus estrellas se han asimilado a la Vía Láctea, los cúmulos estelares globulares de la galaxia enana siguen intactos y sobreviven al proceso de acreción”, añade Forbes.

No obstante, se necesitarán futuros estudios para confirmar este hallazgo, dicen los investigadores.

Artículo traducido y posteado en Ciencia Kanija, el original se publicó en SPACE.com.

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Primeras imágenes del telescopio espacial WISE

Publicado por Jordi Guzman en 18 febrero 2010


El telescopio espacial WISE, lanzado el 14 de diciembre pasado, esta enviando las primeras imágenes de su especial cometido: fotografiar la casi totalidad del cielo en infrarrojo mediante los cuatro detectores que posee que detectan diferentes temperaturas. Hará una foto cada 11 segundos y de las cientos de miles que ya ha enviado, la NASA ha seleccionado siete que se pueden consultar en WISE First Images de las cuales os muestro las 5 que siguen. La misión tiene un tiempo de caducidad, unos nueve meses, pues los detectores están refrigerados y este se agotará en ese tiempo. Clic para ampliar.

Cometa Siding Spring tambien conocido como C/2007 Q3.

Cúmulo estelar NGC 3603.

Galaxia de Andrómeda. En azul las estrellas maduras y en amarillo y rojo el polvo caliente alrededor de las nuevas estrellas masivas.

Galaxia de Andrómeda. En azul la población de estrellas viajas. En la parte superior izquierda se observa una deformación de su brazo espiral consecuencia de una antigua colisión con otra galaxia.

Galaxia de Andrómeda. En naranja y rojo polvo estelar caliente alrededor de las estrellas en formación.

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Las galaxias del universo joven formaban más estrellas por tener más gas molecular

Publicado por Jordi Guzman en 11 febrero 2010


En los albores del universo las galaxias en las que se creaban estrellas contenían entre tres y diez veces más gas molecular que sus homólogas actuales, según un estudio liderado por investigadores del Instituto Max Planck (Alemania) y que hoy publica Nature. El descubrimiento, en el que ha participado el astrónomo español Santiago Garcia-Burillo del Observatorio Astronómico Nacional (OAN, IGN), permite explicar el alto índice de creación de estrellas en las galaxias jóvenes sin necesidad de considerar la hipótesis de una mayor eficiencia en la formación estelar.

Un equipo internacional de astrónomos, liderados por la investigadora Linda Tacconi del Instituto Max Planck de Alemania, acaba

Galaxia masiva típica. Imagen: MPE-IRAM.

de demostrar que cuando el universo era joven las galaxias antecesoras de la Vía Láctea tenían de tres a diez veces más gas molecular que las actuales. Los resultados del trabajo se publican esta semana en la revista Nature.

“Por primera vez se ha podido detectar el combustible a partir del cual se produce la formación de estrellas en un número suficiente de galaxias -alrededor de 15 objetos- consideradas como ‘normales’ en aquel universo joven (presentan un desplazamiento hacia el rojo o redshift de valores comprendidos entre 1 y 2)”, explica a SINC Santiago Garcia-Burillo, astrofísico del OAN, que también ha participado en el estudio.

La investigación se basa en observaciones en el rango de longitudes de onda milimétricas obtenidas con el interferómetro del Instituto de Radio Astronomía Milimetrica (IRAM), un instituto hispano-franco-alemán especializado en radioastronomía milimétrica con sede en Grenoble (Francia). Tacconi y sus colaboradores han aprovechado las recientes mejoras en la sensibilidad de estos instrumentos para medir el gas molecular que contienen las galaxias creadoras de estrellas en dos épocas pasadas: cuando el universo tenía un 24% de su edad actual y un 40%.

Al estudiar estas galaxias los investigadores comprobaron que contenían, respectivamente, un 44% y un 34% de gas frío, en comparación con el 3-10% de las galaxias espirales masivas actuales. Esto ofrece una explicación natural de que el índice de formación de estrellas sea menor hoy en día, así como que la elevada tasa de formación estelar de los objetos estudiados se debe a la disponibilidad de una gran cantidad de gas molecular y no a un incremento en la eficiencia de la formación de estrellas.

Hasta ahora se planteaban esas dos posibilidades. Las galaxias masivas en el universo remoto (y por lo tanto primitivo) creaban estrellas a un ritmo más rápido que el que exhiben las galaxias similares de hoy en día. Esto implicaba que, o bien la formación de estrellas era notablemente más eficiente en el incipiente universo, o que la materia prima para la formación (gas molecular frío) era más abundante en aquellas primitivas galaxias creadoras de estrellas.

Antes de esta publicación a los astrónomos les resultaba difícil distinguir entre las dos opciones, ya que las observaciones de gas molecular en el universo remoto se limitaban en su mayor parte a objetos muy luminosos, como cuásares o fusiones de galaxias, fenómenos que no son necesariamente los más representativos de las galaxias comunes creadoras de estrellas.

“Los nuevos resultados sugieren que en la construcción de las galaxias del universo el modo ‘tranquilo’ de acreción o adición de gas juega un papel fundamental, en contraposición a las fusiones e interacciones violentas”, concluye Garcia-Burillo.

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Referencia bibliográfica:

L. J. Tacconi et al. “High molecular gas fractions in normal massive star-forming galaxies in the young Universe”. Nature 463, 11 de febrero de 2010.

Artículo publicado en Servicio de Información y Noticias Científicas (SINC).

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Enciclopedia de la ignorancia – La Materia Oscura

Publicado por Jordi Guzman en 26 enero 2010


Un muy interesante capitulo del libro Enciclopedia de la ignorancia escrito por  Kathrin Passig y Aleks Scholz y que editó Destino en 2008 con traducción de Carlos Andreu y Mercedes García Garmilla. Un libro dedicado a cuestiones a las que por ahora la ciencia no ha encontrado una explicación satisfactoria. Hace unas semanas le dediqué otro post.

Materia oscura

Un kilo de materia oscura pesa más de diez tone­ladas.

Profesor Farnsworth

Futurama

Sólo una pequeña fracción de la materia del universo es visible. El resto, y no nos referimos a las cosas que han desa­parecido bajo la cama, se conoce como materia oscura. En to­tal es más lo invisible que lo visible que hay en el universo: entre cinco y diez veces más. Lo que no está claro por ahora es a qué nos referimos al hablar de lo invisible.

Se sabe de la existencia de la materia invisible porque ésta se percibe de forma indirecta a causa de su masa: las masas se atraen entre sí, según afirma con razón la ley de la gravitación universal, y por eso la materia oscura influye a través de la fuerza gravitatoria en el movimiento de objetos visibles, como las estrellas, que por el contrario es observa­ble. Una parte esencial del trabajo de los astrónomos es ocu­parse de lo invisible. Cuando se observa con exactitud lo que sucede en el cielo, a menudo sucede que el movimiento de los cuerpos celestes sólo se puede explicar si se supone la pre­sencia de otros cuerpos celestes que permanecen en la oscu­ridad, ya sea porque son verdaderamente invisibles (como los agujeros negros) o porque tienen un brillo demasiado dé­bil para poder ser observados con los telescopios existentes. A medida que los telescopios se vuelven más potentes, son más los cuerpos «invisibles» que se vuelven de repente visi­bles. En 1844, Friedrich Wilhelm Bessel, a partir de los mo­vimientos de la brillante estrella Sirio, dedujo que ésta tenía un acompañante invisible que giraba en torno a ella. Pasa­ron dieciséis años hasta que Alvan G. Clark, provisto de un telescopio de mayor potencia, pudo ver una acompañante de brillo extraordinariamente débil: Sirio B se hizo famosa en­seguida, porque se trataba de un cadáver estelar caliente; pertenecía a una clase de objetos que posteriormente recibi­rían el nombre de «enanas blancas». Como en el caso de Si­rio B, en los últimos diez años se han hallado más de cien planetas situados fuera de nuestro sistema solar, y estos ha­llazgos se han realizado de manera indirecta, a través de la fuerza gravitatoria ejercida por estos cuerpos: es imposible verlos, pero atraen y arrastran a sus propios soles con tanta fuerza que los hacen agitarse un poco hacia aquí y hacia allá. Es esta agitación la que nos permite encontrar mundos des­conocidos que con nuestras técnicas actuales son invisibles. Lo que realmente es misterioso en relación con la materia os­cura no es su presencia, sino lo sorprendentemente grande que es la cantidad de esta materia.

El primero que afirmó esto fue el astrónomo suizo Fritz Zwicky en el año 1933. Observó los movimientos de las ga­laxias en la constelación Coma Berenice, una zona del cielo que está plagada de estas agrupaciones de estrellas. Las foto­grafías de esta región del espacio muestran una apreciable cantidad de manchas de niebla, que al ser observadas más de cerca (con telescopios más potentes), se ven como galaxias, como muchos miles de vías lácteas, que se componen a su vez cada una de ellas de muchos millones de estrellas, una visión que pone de manifiesto que el universo está empeñado en ha­cer que nos sintamos poca cosa. Zwicky descubrió que las ga­laxias existentes en este hormiguero se movían con dema­siada rapidez: la masa de la materia visible no es ni de lejos suficiente para mantener unidos esos montones de galaxias. En realidad tendrían que haberse disgregado hace miles de millones de años, con lo que ya no podríamos verlas actual­mente. Tiene que haber una especie de «pegamento» adicio­nal, la fuerza gravitatoria de la materia oscura, que evite que las galaxias se disgreguen. Aunque Zwicky lo formuló de una manera bastante más complicada, sus conocimientos fueron ampliamente ignorados. De nuevo hubo que esperar, esta vez casi cuarenta años, para que la existencia de la materia os­cura se aceptara de forma generalizada, pero, una vez que se dio esta aceptación, son miles los astrónomos que se han ocu­pado de esta cuestión día y noche, sobre todo de noche.

La gran brecha que abrió el descubrimiento de la materia oscura tuvo su origen en la investigación de la rotación de las galaxias. Del mismo modo que los planetas giran en torno al Sol, las estrellas de una galaxia se mueven en torno al centro de la misma. El Sol, por ejemplo, lo hace con una velocidad aterradoramente alta de unos 250 km/s. Al mismo tiempo, por una parte, experimenta la atracción que ejerce sobre él el cen­tro de la Vía Láctea mediante la fuerza gravitatoria. Por otra parte, la rotación en torno a ese centro genera la fuerza cen­trífuga, que es una fuerza dirigida hacia fuera, cuya existencia podemos percibir sencillamente cuando vamos en coche y to­mamos una curva a gran velocidad. En conjunto, la acción si­multánea de la fuerza centrífuga y la fuerza gravitatoria hace que el Sol no caiga hacia el interior de la galaxia, ni vuele ha­cia fuera, sino que se mueva dócilmente alrededor del centro, con una velocidad que viene determinada únicamente por la distribución de la materia en la Vía Láctea. Por lo tanto, a par­tir de la velocidad de la materia visible pueden sacarse con­clusiones sobre la cantidad de masa que hay dentro de la ga­laxia y sobre el lugar en que esta masa se encuentra. Gracias a este análisis, a principios de la década de 1970 se llegó a una conclusión deprimente: los objetos que están en las zonas más externas de las galaxias, y esto vale para todas (hay muchas, como ya hemos mencionado anteriormente), se mueven a una velocidad excesivamente grande en torno al centro, tan rápido que, como el coche en una curva, saldrían disparados hacia el exterior, si no fuera por la existencia de algo pesado, pero in­visible, que se lo impide: la materia oscura.

Entretanto se ha «comprobado» la presencia de materia oscura en muchos lugares diferentes del universo. Se puede encontrar en nuestra Vía Láctea, en las galaxias elípticas, en las galaxias enanas, en los cúmulos de galaxias y en los supercúmulos, que son aún más grandes. En ningún sitio suce­derían las cosas tal como deberían suceder según nuestras previsiones, si sólo existiera lo visible. Recientemente especu­lan algunos sobre la existencia de materia oscura también en nuestro entorno inmediato: las sondas espaciales Pioneer n.° 10 y n.° 11, cuya tarea principal consiste en espiar a los grandes planetas Júpiter y Saturno, se ven atraídas en dirección al Sol por una fuerza que no presagia nada bueno, y en consecuen­cia se desplazan cada vez con mayor lentitud: hasta ahora no se ha podido explicar este fenómeno; las posibles causas va­rían desde una fuga de combustible hasta la materia oscura, que tiraría con toda su potencia de estas pobres naves espa­ciales.

Ahora bien, ¿qué es esa materia oscura? ¿Es peligrosa esa extraña cosa? ¿Puede explotar, o es quizá comestible? Podría­mos librarnos de este problema con suma elegancia si negá­ramos la existencia de la materia oscura y explicáramos los efectos anteriormente mencionados modificando sin vacila­ciones la ley de la gravedad. Todos los fenómenos que apun­tan a la existencia de la materia oscura, lo hacen sólo porque damos por supuesta la universalidad de la ley de la gravedad. Quizá tenemos simplemente una idea errónea de lo que es la gravedad. Ésta es la idea básica en que se apoya la teoría de la «dinámica newtoniana modificada» [Modified Newtonian Dynamics, cuya abreviatura es MOND], y otras construccio­nes mentales de tipo similar. En el contexto de la MOND, propuesto por el cosmólogo Mordehai Milgrom en 1983, la gravedad ya no se comporta de esa forma tan intransigente que conocemos desde siempre, sino que cambia su manera de actuar cuando se aplica a objetos que están muy alejados, lo cual sucede muy a menudo en el universo. Así, la MOND puede, por ejemplo, explicar las curvas de rotación de las ga­laxias, que en cualquier otro caso requieren grandes cantida­des de materia oscura. Sin embargo, no funciona ni mucho menos en todos los casos y genera una serie de problemas adicionales. Hasta ahora nadie ha inventado una teoría mo­dificada y completa de la gravedad que se pueda aplicar sin dificultades tanto en el dormitorio como en la sala de estar, y también en la cocina del universo. Por eso continúa la bús­queda de la materia oscura.

Las teorías relativas a su naturaleza se dividen en dos cla­ses: por una parte, podría tratarse de objetos pesados, pero sin brillo o poco brillantes, construidos con los mismos ma­teriales que todo lo que conocemos hasta ahora. A ésta se le llama materia oscura «bariónica», porque su masa se encuen­tra en gran medida en determinadas  partículas elementa­les, concretamente en los protones y los neutrones, que se lla­man también bariones. Unas buenas candidatas para esta categoría de materia oscura son las ya mencionadas enanas blancas, además de las llamadas enanas marrones, que ya volveremos a mencionar más adelante, y los agujeros negros. Estas oscuras sombras suelen englobarse en la sigla MA­CHO, correspondiente a massive compact halo objects «ob­jetos de halo masivo compacto».

Por otra parte, la materia oscura podría estar formada por una gran (o incluso enorme) cantidad de partículas ele­mentales que interaccionan muy débilmente con el resto del mundo y vuelan como autistas a través de las personas, la Tierra y el universo. Las primeras teorías de este tipo partían de unas partículas «calientes», o sea muy cargadas de ener­gía. El mejor candidato para esto ha sido durante mucho tiempo el neutrino, una partícula fantasmal que se libera, por ejemplo, en las centrales nucleares o cuando se producen ex­plosiones de estrellas y para cuya constatación son necesarios al menos veinticinco años. Sin embargo, parece claro que la masa de los neutrinos es demasiado escasa para explicar los fenómenos asociados a la materia oscura. Hay también mo­delos que trabajan con materia oscura «fría» y son muy pro­metedores. Las partículas en cuestión reciben nombres curio­sos, como neutralino, axión, gravitino o incluso Wimpzilla, y hasta ahora existen sólo en las mentes de algunos teóricos. Por el momento ninguno de ellos ha sido constatado de una manera que no deje lugar a dudas. En ocasiones, estos seres exóticos e hipotéticos reciben conjuntamente el nombre de WIMP, que significa weakly interacting massive particles [«partículas con masa que interaccionan débilmente»], y en última instancia lo que queda claro es que la investigación de la materia oscura es también una competición por el mejor acrónimo: ¿MOND, MACHO o WIMP?

Durante los últimos treinta años, los frentes de la investi­gación sobre la materia oscura han cambiado de posición muchas veces. En la década de 1970 se aceptaba principal­mente la hipótesis de que se trataba de materia bariónica, con un tipo de objetos que posteriormente se denominarían MA­CHO. En la década de 1980 se pasó página y se hicieron po­pulares los neutrinos, junto con los WIMP «fríos» y otras partículas elementales exóticas. A principios de la década de 1990 volvieron en primer lugar los MACHO, pero durante los años siguientes perdieron su ventaja a causa de nuevas ob­servaciones. De vez en cuando se utilizaron también mode­los híbridos: «El mundo necesita tanto MACHO como WIMP»* afirmaba el astrofísico inglés Bernard Carr en 1994. Llenos de esperanza, los expertos se refieren a estas teorías llamándolas escenarios con «dos hadas de los dientes»: cuan­do un niño pierde un diente de leche, lo pone por la noche bajo la almohada y espera al hada de los dientes, que se lo cambiará por una moneda. Todavía está por ver si el pro­blema de la materia oscura se resuelve con dos hadas de los dientes, es decir, con dos tipos diferentes de partículas.

Un buen ejemplo de lo que han supuesto las modas en la investigación de la materia oscura lo constituyen las llamadas enanas marrones. Al contrario que las estrellas, estos objetos no poseen en absoluto calentamiento interno. Mientras las estrellas, durante muchos millones de años, «queman» en su interior hidrógeno, generando así helio, las enanas marrones son demasiado pequeñas para producir las temperaturas que requiere este proceso. A eso se debe que su brillo sea débil y que sean, por consiguiente, difíciles de detectar. Si una estre­lla fuera una vela que arde de manera continua y segura, una enana marrón sería un pedazo de metal incandescente que se va enfriando poco a poco. Desde la década de 1960 se espe­cula sobre la existencia y las características de las enanas ma­rrones, pero hasta hace poco no se habían podido ver ni inves­tigar, entre otras cosas porque los telescopios eran demasiado poco potentes. Como no se sabía nada sobre cuántas podía haber en la Vía Láctea, fueron durante casi veinte años las mejores candidatas para constituir la materia oscura. Incluso en 1994, un año antes del descubrimiento de la primera ena­na marrón, a saber, de un objeto que recibió el lamentable nombre de Gliese 229B, Bernard Carr se refirió a las enanas marrones diciendo que eran la explicación «más plausible» para la gran cantidad de cosas invisibles que había en el espa­cio. Sin embargo, en unos pocos años se derrumbaron las gran­des esperanzas que se habían puesto en aquella rareza oscura y dudosa; se descubrieron numerosas enanas marrones, pero no fueron ni de lejos suficientes para dar ni siquiera una pista sobre lo que puede ser la materia oscura.

Un destino parecido al de las enanas marrones fue el que sufrieron también el resto de los candidatos a ser MACHO, así como los neutrinos: estas cosas existen, por supuesto, pero si se contabilizan todas ellas juntas, se obtiene sólo una pequeña fracción del total de materia oscura. Hoy en día, no queda prácticamente otra salida que creer en la existencia de materia oscura fría en forma de WIMP o algo parecido: unas Partículas elementales que se relacionan con el resto del universo casi exclusivamente por la fuerza gravitatoria que ejer­cen. Por lo demás, hasta ahora nadie sabe qué son exacta­mente. Por eso se produjo un acontecimiento de lo más emo­cionante cuando, a finales de la década de 1990, un equipo de investigadores formado en torno a Rita Bernabei preten­dió haber acreditado por primera vez la presencia de materia oscura en la Tierra. Con ayuda de unos pesados cristales sa­linos, enterrados en las profundidades de los Apeninos italia­nos, para protegerlos de radiaciones que pudieran interferir, se descubrió una señal que se atribuyó a la incrustación de partículas hasta la fecha invisibles dentro del cristal salino. ¿Sería que podían recogerse WIMP en el centro de Europa? Por desgracia esta noticia sensacional no sobrevivió a las comprobaciones críticas realizadas posteriormente. Por lo tanto, todo sigue como estaba, y el concepto de «materia os­cura» sigue siendo, como reconoce el astrónomo estadouni­dense David B. Cline, una «expresión de nuestro desconoci­miento» vacía de todo contenido.

Además, por lo que sabemos hasta ahora, el universo se compone de materia visible y materia oscura en una propor­ción que no va más allá de entre un cuarto y un tercio. El resto se ha calificado en su totalidad como «energía oscura», sólo por llamarlo de alguna manera, y con ello se alude a una fuerza misteriosa que acelera la expansión del universo. Quizá no haga falta decir que tampoco se sabe prácticamente nada sobre la naturaleza de esa energía oscura.

* Juego de palabras en inglés: wimp significa ‘canijo’ o ‘alfeñique .

Un kilo de materia oscura pesa más de diez tone­ladas.

Profesor Farnsworth

Futurama

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¿Por qué no explotará la supernova?

Publicado por Jordi Guzman en 19 enero 2010


El escenario es perfecto para una espeluznante explosión. Sin embargo, nunca sucede.

Una vieja y pesada estrella se encuentra a punto de experimentar una muerte espectacular. A medida que su reserva de energía nuclear disminuye, la estrella comienza a colapsar bajo su propio y enorme peso. La aplastante presión en su interior se dispara, provocando de este modo nuevas reacciones nucleares (que constituyen el escenario perfecto para una espeluznante explosión). Pero luego… no ocurre nada.

Al menos esa es la información que los astrofísicos han estado recibiendo de sus supercomputadoras durante décadas. Muchos de los mejores modelos de las explosiones de supernovas realizados por computadora no han logrado producir una explosión. En cambio, y de acuerdo con estas simulaciones, la gravedad sale victoriosa de la pelea y la estrella simplemente colapsa.

Queda claro entonces que a los físicos se les está escapando algo.

Modelo, creado por computadora, de una supernova que rota velozmente y cuyo centro colapsará. Las observaciones que ha realizado el telescopio NuSTAR de remanentes de supernova reales proporcionarán datos de suma importancia para los modelos y ayudarán a explicar el modo en que las supernovas masivas logran explotar. Crédito: Fiona Harrison/Caltech.

“Verdaderamente, todavía no entendemos cómo es que funcionan las supernovas que son producto de estrellas masivas”, dice Fiona Harrison, una astrofísica del Instituto de Tecnología de California. Entendemos mucho mejor la muerte de estrellas relativamente pequeñas pero respecto de las estrellas más grandes (aquellas que tienen casi nueve veces la masa del Sol), la física simplemente no ofrece una explicación.

Algo debe de estar ayudando a esa fuerza de radiación a empujar hacia afuera, y a otras presiones, para ganar la pelea contra la gravedad, que ejerce su fuerza hacia el interior de la estrella. Para descubrir ese “algo”, los científicos deben examinar el interior de una supernova verdadera durante su proceso de explosión, ¡lo cual no es particularmente fácil de hacer!

Pero eso es exactamente lo que Harrison se propone, utilizando un nuevo telescopio espacial llamado Conjunto de Telescopios Espectroscópicos Nucleares o NuSTAR, por su sigla en idioma inglés, que la investigadora se encuentra desarrollando junto con sus colegas.

Una vez que despegue a bordo del cohete Pegasus, en 2011, el NuSTAR proporcionará a los científicos una vista sin precedentes de los rayos-X de alta energía que provienen de remanentes de supernova, agujeros negros, blazars y otros fenómenos cósmicos extremos. NuSTAR será el primer telescopio espacial capaz de enfocar estos rayos-X de alta energía, produciendo imágenes que son casi cien veces más claras que las que pudieron obtenerse con los telescopios anteriores.

Usando el NuSTAR, los científicos buscarán pistas que les ayuden a determinar las condiciones que reinan en el interior de una estrella en explosión, grabadas en el patrón de elementos dispersos en la nebulosa que queda luego de que la estrella explota.

Concepto artístico del NuSTAR. La óptica para enfocar rayos-X requiere longitudes focales muy largas; de allí el mástil desplegable de 10-metros de largo, el cual se extiende después del lanzamiento.

“No se tiene muy a menudo la posibilidad de ver este tipo de explosiones; las que se producen lo suficientemente cerca como para estudiar en detalle”, dice Harrison. “Lo que sí podemos hacer es estudiar los remanentes. Tanto la composición como la distribución del material en los remanentes ofrecen mucha información sobre la explosión”.

Un elemento en particular es de singular importancia: el titanio-44. La creación de este isótopo de titanio, por medio del proceso de fusión nuclear, requiere una combinación específica de energía, presión y materias primas. En el interior de la estrella que colapsa, esa combinación se desarrolla a una profundidad muy especial. Todo lo que se encuentre por debajo de ese nivel de profundidad sucumbirá a la fuerza de gravedad y colapsará sobre sí mismo formando de ese modo un agujero negro. Todo lo que esté sobre ese nivel de profundidad saldrá disparado hacia afuera durante la explosión. El titanio-44 tiene su origen justo en la cúspide.

Entonces, el patrón relacionado con la manera en que el titanio-44 yace dispersado a través de una nebulosa puede revelar muchísimo acerca de lo que ocurrió en el umbral crucial de la explosión. Esa información podría servir a los científicos para descubrir los errores en sus simulaciones realizadas por computadora.

Algunos científicos están convencidos de que los modelos existentes realizados por computadora son demasiado simétricos. Hasta

El telescopio NuSTAR construirá un mapa de la distribución del titanio-44 en remanentes de supernova como este, Cassiopeia A, buscando evidencia de asimetrías. Crédito de la imagen: Observatorio Chandra de Rayos-X

hace poco tiempo, incluso con poderosas supercomputadoras, los investigadores sólo han podido simular una porción uni-dimensional de la estrella. Ellos asumen que el resto de la estrella se comporta de manera similar, de modo que diseñan la simulación de la implosión en todas las direcciones radiales.

Pero, ¿qué sucedería si lo que asumen es incorrecto?

“Las asimetrías podrían ser la clave”, dice Harrison. En un colapso asimétrico, las fuerzas que apuntan desde el centro de la estrella hacia afuera podrían ser capaces de vencer en algunos lugares, aun cuando la aplastante fuerza gravitatoria salga victoriosa en otros. De hecho, algunas simulaciones bi-dimensionales llevadas a cabo recientemente sugieren que las asimetrías podrían ayudar a esclarecer el misterio de “la supernova que no explota”.

Si el NuSTAR observara que el titanio-44 se encuentra distribuido de manera desigual, eso podría representar evidencia de que las explosiones mismas también fueron asimétricas, explica Harrison.

Para poder detectar el titanio-44, el NuSTAR tiene que ser capaz de enfocar rayos-X de muy alta energía. El titanium-44 es radioactivo y, cuando se descompone, libera rayos gamma con la energía de 68 kilo-electronvoltios (keV). Los telescopios de rayos-X existentes, tal como el Observatorio Chandra de Rayos-X, de la NASA, sólo pueden concentrar rayos-X con energía de aproximadamente hasta 15 keV.

Las lentes normales no son capaces de concentrar los rayos-X. El vidrio provoca un pequeño desviamiento de los rayos-X, de modo que para que una lente hecha de vidrio sea capaz de desviar los rayos-X lo suficiente como para poder concentrarlos, tendría que ser tan gruesa que terminaría absorbiendo estos rayos en lugar de desviarlos.

Los telescopios que detectan rayos-X utilizan un tipo de lente completamente diferente. Se llama óptica Wolter-I y está compuesta por muchas capas en forma cilíndrica, cada una de ellas un poco más pequeña que la anterior y colocada en el interior de la anterior capa. El resultado es una especie de cebolla cilíndrica (si tal cosa existiera) con pequeños espacios entre las capas.

La "trayectoria de luz" de los rayos-X de la cámara EPIC del satélite XMM-Newton, un diseño Wolter-I muy parecido al utilizado por el NuSTAR. Crédito: ESA/ESTEC.

Los rayos-X que ingresan pasan entre estas capas, las cuales los guían hacia la superficie focal. Estrictamente hablando, no se trata de una lente, porque los rayos-X son reflejados desde las superficies en vez de pasar a través de estas del mismo modo en que la luz pasa a través de una lente de vidrio. No obstante, el resultado final es el mismo.

La óptica Wolter-I del telescopio NuSTAR contiene un revestimiento especial de precisión atómica, el cual hace que sus capas puedan reflejar rayos-X con energías tan altas como 79 keV. Harrison y sus colegas han dedicado años al perfeccionamiento de las delicadas técnicas de construcción de estas capas de alta precisión. Junto con un nuevo sensor que es capaz de soportar estas altas energías, tales capas, fabricadas cuidadosamente, son lo que permite al NuSTAR obtener imágenes de estos rayos-X de alta energía, que están relativamente inexplorados.

Y los descubrimientos no cesarán con las supernovas. Muchos de los fenómenos más extremos, los cuales incluyen a los agujeros negros super masivos y a los blazars, emiten rayos-X de alta energía. El NuSTAR nos dará una nueva ventana a un universo en su carácter más extremo.

Artículo publicado en Ciencia@MASA, su autor es Patrick Barry y la traducción el español es de Iris Mónica Vargas.

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La granulada superficie de Betelgeuse

Publicado por Jordi Guzman en 6 enero 2010


Betelgeuse es una supergigante roja situada a unos 600 años luz de nosotros. Es tan grande que si se situase en el lugar de nuestro Sol se extendería hasta la órbita de Júpiter. En esta imagen de Betelgeuse empleando interferometría en longitudes de onda infrarrojas se aprecian lo que podrían ser dos células convectivas emergiendo a la superficie de la supergigante. Se ven más brillantes porque están más calientes que el resto de su superficie pero ambas, la superficie y las células, están mas frías que la superficie de nuestro Sol. Clic para ampliar.

Vía APOD

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Primeros resultados científicos del Observatorio Espacial Herschel

Publicado por Jordi Guzman en 23 diciembre 2009


El mayor telescopio espacial comienza a realizar el cartografiado extragaláctico HerMES, un proyecto astrofísico internacional que estudia la formación y evolución de galaxias en el Universo lejano.

Tan sólo siete meses después de su lanzamiento, el Observatorio Espacial Herschel ya ha comenzado a producir imágenes sin

Representación artística del Observatorio Espacial Herschel, el mayor telescopio espacial construido hasta la fecha. Este telescopio está destinado a detectar imágenes y espectros sin precedentes del Universo frío gracias a su instrumentación infrarroja. Crédito: ESA.

precedentes de galaxias en el infrarrojo lejano, una región del espectro “invisible” desde tierra y esencial para desentrañar los procesos de formación estelar. Más de 200 científicos de todo el mundo se reunieron la semana pasada en la Universidad Politécnica de Madrid para analizar éste y otros resultados relevantes obtenidos por el mayor telescopio espacial en operación hasta la fecha.

El comportamiento de este satélite de la Agencia Espacial Europea (ESA) es el esperado y sus instrumentos SPIRE y PACS, en cuya construcción ha participado el Instituto de Astrofísica de Canarias (IAC), están proporcionando datos científicos de alta calidad en un rango espectral, el del infrarrojo lejano y las ondas submilimétricas, prácticamente inexplorado hasta la fecha.

“Ésta es la primera vez en que una gran parte del llamado Fondo Cósmico Infrarrojo, descubierto en los años noventa, se puede resolver en galaxias individuales”, comenta Ismael Pérez Fournon, investigador del IAC y profesor de la Universidad de La Laguna, así como miembro del consorcio SPIRE, sobre la imagen obtenida de una pequeña región de cielo denominada GOODS-Norte. “Es una zona de cielo que no contiene objetos brillantes como las estrellas de la Vía Láctea, y su extensión en el cielo es algo mayor que la Luna llena observada desde la Tierra”, explica Pérez.

La imagen se obtuvo a partir de las observaciones en el infrarrojo lejano con la cámara SPIRE. La mayor parte de los objetos cósmicos visibles en la imagen son galaxias distantes en una etapa en la que se formaban estrellas intensamente. A partir del análisis de imágenes infrarrojas como ésta, los astrónomos pretenden ahondar en la historia de la formación estelar y galáctica.

Después de utilizar tan solo unas 14 horas de observación en la fase de demostración científica, “es fantástico poder empezar a analizar las imágenes infrarrojas de muy alta calidad que nos están proporcionando las dos cámaras de Herschel, y esperamos resultados espectaculares sobre la formación estelar en galaxias muy distantes en un rango espectral que no ha sido explorado en profundidad hasta la fecha”, destaca Pérez.

Uno de los proyectos que aborda Herschel es el cartografiado extragaláctico HerMES (Herschel Multi-tier Extragalactic Survey), una iniciativa internacional diseñada para estudiar la formación y evolución de galaxias en el Universo distante. El proyecto HerMES observará varias regiones del cielo con las dos cámaras infrarrojas del telescopio, SPIRE y PACS, capaces de detectar la radiación emitida por las estrellas en formación.

Gracias a HerMES, se espera detectar unas cien mil galaxias en el infrarrojo lejano. La luz de esas galaxias, producida con gran intensidad cuando el Universo era más joven, ha tardado en llegar hasta nosotros unos 10.000 millones de años, lo que implica que las observamos tal como eran unos 4.000 millones de años después del Big Bang.

El instrumento SPIRE de Herschel ha sido construido por un consorcio internacional liderado por el catedrático Matt Griffin (Universidad de Cardiff, Reino Unido). El grupo científico del proyecto HerMES está formado por un centenar de científicos de 24 centros de investigación en seis países (Reino Unido, Estados Unidos, Francia, España, Italia y Canadá) y del Centro Europeo de Astronomía Espacial (Villanueva de la Cañada, Madrid). La participación del Instituto de Astrofísica de Canarias en los consorcios PACS y SPIRE de Herschel, así como en su programa científico, ha sido financiada por el Plan Nacional de Investigación, Desarrollo e Innovación del Ministerio de Ciencia e Innovación.

Más información:
Web de Herschel para la comunidad científica
Web de divulgación del Herschel Space Observatory
Web de HerMES

Artículo publicado como nota de prensa en el portal del Instituto de Astrofísica de Canarias (IAC).

Más sobre el tema en Pasa la vida:

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Discos protoplanetarios en la nebulosa de Orión

Publicado por Jordi Guzman en 14 diciembre 2009


En la bella nebulosa de Orión situada a unos 1300 años luz de la Tierra hay decenas de discos protoplanetarios como ha puesto en evidencia el telescopio espacial Hubble y que se pueden ver en la página de la ESA y la NASA. Es una colección de 30 discos de material alrededor de estrellas, también llamados discos de acrecimiento, los cuales formarán – posiblemente – un sistema planetario. Las imágenes las ha tomado la cámara avanzada para sondeos (en inglés, Advanced Camera for Surveys, ACS) instalada a bordo del telescopio Hubble. Podéis ver la colección completa en este enlace. Clic para ampliar.

Mosaico con los 30 discos protoplanetarios

Seis de los discos más prometedores identificados por su posición

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Extraños datos sugieren que hay algo grande más allá del borde del universo

Publicado por Jordi Guzman en 7 diciembre 2009


Los astrónomos han encontrado la mejor prueba hasta el momento para la extraña idea de que nuestro universo es uno de muchos

Algo extraño esta tirando en un "flujo oscuro" de las galaxias en el universo. ¿Es esta la prueba de que los universos paralelos existen realmente?

en el “multiverso”. Es más, estos universos paralelos parecen estar ejerciendo una extraña fuerza sobre el nuestro, provocando que los cúmulos de galaxias fluyan a lo largo del espacio hacia los bordes del universo conocido.

Las nuevas pruebas proceden de estudios de “saltos y movimientos” en la temperatura de la radiación de fondo de microondas (CMB), el resplandor dejado por el Big Bang.

Flujo oscuro

El cosmólogo estadounidense Sasha Kashlinsky del Centro de Vuelo Espacial Goddard de la NASA en Greenbelt, Maryland, y sus colaboradores midieron ligeros cambios en el CMB usando la Sonda de Anisotropía de Microondas Wilkinson de la NASA (WMAP). Ligeras desviaciones en la expansión general del universo revelaron la velocidad y dirección de los cúmulos de galaxias.

El año pasado, el equipo de Kashlinsky encontró un patrón inusual en el movimiento de los cúmulos galácticos. En lugar de expandirse a un ritmo uniforme, como se predice en la Teoría de la Relatividad General de Einstein y en las teorías de energía oscura, los cúmulos de galaxias fluyen en una dirección en particular y a mayores velocidades de lo esperado. Llaman a este extraño fenómeno el “flujo oscuro”.

Ahora, una nueva investigación procedente del equipo ha confirmado y extendido este flujo a 3000 millones de años luz de la Tierra, aproximadamente un quinto del diámetro del universo. Los resultados se han enviado a la revista The Astrophysical Journal.

La mejor prueba del multiverso

El misterio es qué exactamente está “tirando” del cúmulo de galaxias para provocar el flujo, y aquí es donde entran en juego los universos paralelos.

Algunas teorías sobre el inicio del universo requieren múltiples universos, los cuales están misteriosamente “entrelazados”, de forma similar a como lo están las partículas cuánticas a escalas muy pequeñas. La controvertida teoría sugiere que aunque no podemos verlos, estos universos paralelos ejercen una fuerza sobre el nuestro que provoca este “flujo oscuro”.

“Si el flujo se extiende hasta el horizonte cosmológico, como sugieren nuestros resultados, entonces su origen está probablemente vinculado a la estructura global pre-inflacionaria del espacio-tiempo [los primeros milisegundos tras el Big Bang] y puede señalar al multiverso de una forma u otra”, dice Kashlinsky. “Estamos avanzando en este proyecto y esperamos que nuestras futuras medidas respondan a esta posibilidad de una forma mucho más definitiva”.

Una defensora de la teoría del multiverso, la cosmóloga Laura Mersini-Houghton de la Universidad de Carolina del Norte en Chapel Hill, Estados Unidos, dice que los hallazgos de Kashlinsky son la “indicación más directa de la existencia del multiverso”.

“Una extensión de la física de multiversos revolucionaría nuestra comprensión de la naturaleza. Nos permitiría ver más allá del horizonte del universo visible y reforzaría el Principio Copernicano de que nuestro universo tampoco es especial o central en el cosmos. Es profundo”, comenta Mersini-Houghton.

Encaja con los datos

Mersini-Houghton señala que la teoría del universo paralelo predice el flujo oscuro y que encaja incluso mejor con la velocidad del flujo oscuro medida por Kashlinksy.

Pero aunque el flujo oscuro fuese “preocupante” para las teorías de la física convencional como la relatividad general, el cosmólogos australiano Warrick Couch de la Universidad Tecnológica de Swinburne en Melbourne dijo que no cree que sea una prueba directa de universos paralelos.

“Añade un interesante hecho observacional al debate, pero sería reacio a decir que es una prueba sólida de la teoría de multiversos”, dice Couch.”Creo que hay tantas teorías de multiversos y tantos parámetros que es difícil probarlas todas”.

Artículo traducido y posteado en Ciencia Kanija, el original se publicó en COSMOS, su autor es Heather Catchpole.

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La Nebulosa del Cangrejo

Publicado por Jordi Guzman en 25 noviembre 2009


La NASA ha presentado la espectacular imagen de más abajo en donde podemos ver una nueva visión de la Nebulosa del Cangrejo combinando datos del telescopio Hubble, de el observatorio de rayos X Chandra y del telescopio espacial Spitzer. La luz azul procede del observatorio Chandra, el rojo y amarillo en del Hubble y la imagen infrarroja es el purpura del telescopio Spitzer.

La Nebulosa del Cangrejo es el remanente de una supernova que explosionó en el año 1054, un resplandor que fue observado por astrónomos chinos y árabes y que se mantuvo visible nada menos que 22 meses. En el centro de la nebulosa hay un púlsar - una estrella de neutrones – que gira sobre sí mismo a una velocidad de 30 revoluciones por segundo. Foto: Chandra X-Ray Observatory. Clic para ampliar.

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