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Archivos de la categoría ‘Cosmología’

El Big Bang: Una teoría sólida, pero siguen los misterios

Publicado por Jordi Guzman en 24 marzo 2010


El Big Bang fue el inicio del universo que conocemos, dicen la mayor parte de los científicos. Pero, ¿fue el inicio?, y ¿será el final?

Una descripción popular del joven universo es un único Big Bang, después del cual el espacio se hinchó rápidamente como una

El Universo ilustrado en tres dimensiones espaciales y una dimensión temporal. Fuente: Wikipedia (clic para ampliar)

burbuja gigante. Pero otra teoría propone que vivimos en un universo de 11 dimensiones, donde todas las partículas están compuestas por diminutas cuerdas vibrantes. Esto podría crear un universo obligado a un ciclo de Big Bangs y Big Crunchs, repetidos en un blucle.

Aún está por ver qué escenario está más cerca de la verdad, pero los científicos dicen que nuevos experimentos que están ahora en proceso podrían proporcionar pronto más respuestas.

El Big Bang

De acuerdo con la Teoría del Big Bang, el universo comenzó siendo extremadamente denso y caliente. Hace alrededor de 14 000 millones de años, el propio espacio se expandió y enfrió, permitiendo finalmente la formación de átomos y que se agruparan para formar las estrellas y galaxias que vemos hoy.

En esto, la mayor parte de los científicos concuerdan.

“Diría que hay un 100% de consenso, en realidad”, dice el físico de partículas de la Universidad de Pennsylvania Burt Ovrut, sobre la teoría del Big Bang. “Hay una abrumadora evidencia – todas las predicciones son ciertas”.

Por ejemplo, esta teoría predice que el universo actual estaría lleno de una omnipresente luz dejada por el Big Bang. Este resplandor, conocido como radiación del fondo de microondas cósmico, se descubrió en 1964, casi 20 años después de que se hubiese predicho.

No obstante, qué sucedió en el momento exacto, y que pasó inmediatamente después, está abierto al debate.

Una burbuja gigante

Una idea predominante que conecta los puntos entre el Big Bang y el universo que vemos hoy es la conocida como inflación. Esta es la idea de que durante los, aproximadamente, primeros 10-34 segundos (0,0000000000000000000000000000000001 segundos), el universo sufrió una expansión exponencial, duplicando su tamaño al menos 90 veces. Durante esta etapa inicial, la materia estaba en un estado muy distinto al actual.

Esta teoría podría explicar algunos de los principales obstáculos propuestos por el Big Bang: ¿Por qué el universo parece mayormente plano, con aproximadamente la misma cantidad de materia dispersa igualmente en todas las direcciones?

“Si imaginas que la materia estaba en un estado diferente en los inicios del universo, cambia toda la historia”, dijo Andreas Albrecht, físico teórico de la Universidad de California en Davis y uno de los precursores de la inflación. “La física puede crear esa suavidad por ti. La inflación también lo hace plano. Todo encaja maravillosamente en esta historia contada por la inflación”.

Pero Albrecht y otros admiten que la teoría no explica aún todo el cuadro.

“La inflación es, con facilidad, la teoría más popular en la cosmología”, dijo el físico teórico Neil Turok, director del Instituto Perimeter para Física Teórica en Ontario, Canadá. “Es una buena teoría, pero tiene algunos puntos débiles. No puede describir el momento del Big Bang”.

La teoría del Big Bang ve al universo iniciándose a partir de una singularidad – un concepto matemático de temperatura y densidad infinitas empaquetadas en un único punto del espacio. Pero los científicos no creen que esto sea lo que sucedió realmente.

“Realmente no sería infinito”, explica el físico Paul Steinhardt, director del Centro Princeton para Ciencia Teórica en la Universidad de Princeton en Princeton, Nueva Jersey, y otro arquitecto de la inflación. “Infinito simplemente significa que las matemáticas colapsan. Es una afirmación de que no deberías haber extrapolado tus ecuaciones tan lejos, debido a que te estallan en la cara”.

Ni la teoría del Big Bang ni la teoría inflacionaria pueden describir lo que sucedió en ese momento.

Y la inflación tiene otros problemas, para algunas personas. Debido a las fluctuaciones cuánticas, distintas partes del universo podría inflacionar a distintos ritmos, creando “universos burbuja” que son mucho mayores que otras regiones. Nuestro universo puede ser uno dentro de un multiverso, donde reinan distintas escalas y leyes de la física.

“Esto significa que todo y nada de lo que pueda suceder, sucederá”, dijo Steinhardt a SPACE.com. “Por lo que, básicamente, todo podría ser una predicción de la inflación. Para mi esto es un problema fundamental y no sabemos cómo librarnos de él”.

Otros dicen que aunque la inflación puede que aún no esté completa, aún así es lo más útil que tenemos para describir el origen del universo.

“Incluso si todas las cosas son posibles, resultaría que algunas cosas son mucho más posibles que otras, y aún podrías hacer una predicción”, dice Albrecht. “El verdadero entusiasmo para mi, es que hay tantos datos que apoyan la inflación que realmente parece que merece la pena pensar en estas preguntas”.

Ciclos y ciclos

En 2001, Steinhardt y Turok propusieron una idea conocida como modelo círculo, basada en un concepto anterior llamado universo ekpirótico que habían ideado junto a Ovrut.

En este escenario, el universo pasa por una secuencia sin fin de “bangs” y “crunchs” – es decir, periodos de expansión seguidos de periodos de contracción. En cada transición, el universo tendría una temperatura y densidad finita, en lugar del infinito de la singularidad, y la expansión y contracción serían relativamente lentas, en oposición a la rápida expansión exponencial propuesta por la inflación.

La idea se basa en la Teoría M, una versión de la Teoría de Cuerdas que sugiere que toda partícula es, de hecho, un diminuto bucle de cuerda cuyo patrón de vibración determina qué tipo de partícula será. No obstante, la Teoría M requiere que el universo tenga 11 dimensiones. Hasta el momento, sólo podemos detectar cuatro – tres espaciales y una temporal. Pero puede que haya otras siete ocultas, según dicen sus defensores.

Los científicos llaman brana a la parte de cuatro dimensiones visible del universo, y sugieren que pueden existir otras branas de cuatro dimensiones dentro de este espacio de 11 dimensiones.

“Si se tiene otra brana en dimensiones superiores, es extremadamente probable que se mueva e impacte con con la nuestra”, dice Ovrut. “Tienes una brana con la estructura exacta de nuestro mundo real, y otras branas que probablemente impactarán con la nuestra, y toda la energía de los universo en colisión entraría en juego. Oye, eso me suena mucho a un Big Bang”.

Los defensores de la idea dicen que ofrece una emocionante forma de abordar el tema de qué desencadenó el Big Bang, y evita algunos de los problemas de la inflación.

“En la teoría cíclica no sólo describes el último estallido, sino también los anteriores”, explica Turok. “Es una descripción mayor, más completa y esperemos que más consistente lógicamente”.

Pero otros investigadores dicen que el modelo cíclico no han llegado lo bastante lejos para ofrecer una alternativa real a la inflación.

“La inflación tiene problemas cuando tratas de hacer que funcione a gran escala, pero no creo que los cíclicos hayan trabajado realmente tan duro para hacer que funcione mejor”, dice Albrecht. “Creo que tienen las manos llenas de problemas técnicos”.

Probando los modelos

Afortunadamente, los científicos puede que no tengan que esperar mucho para saber qué teoría es mejor. Los modelos hacen predicciones diferentes sobre ciertos aspectos del universo que hoy puede medirse.

Por ejemplo, la inflación podría haber creado ondas gravitatorias – distorsiones del espacio-tiempo provocadas por la gravedad – que deberían ser observables.

Algunos nuevos instrumentos, como el satélite Planck lanzando en 2009, y un instrumento conocido como polarímetro que está siendo construido en el Telescopio del Polo Sur en la Antártica, podrían medir esas ondas.

“Si observáramos esas ondas gravitatorias, acabarían con las teorías cíclicas ekpiróticas de rebote”, dice Steinhardt. “Sería muy consistente con la idea de inflación”.

Sin embargo, no encontrar las ondas no sería un golpe fatal para ninguna teoría, dado que algunas versiones de la inflación no requieren ondas gravitatorias. Sea cual sea el caso, sería apasionante, dicen los científicos.

“La calidad de los datos astronómicos se está disparando”, dice Albrecht. “Probablemente se recopilarán los datos en los próximos cinco a diez años, y veremos qué pasa”.
Artículo traducido y posteado en Ciencia Kanija, el original se publicó en SPACE.com, su autora es Clara Moskowitz.

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Publicado en Astrofísica, Astronomía, Ciencia, Cosmología, Física | 2 Comentarios »

La escala del universo

Publicado por Jordi Guzman en 30 enero 2010


Es  una pena que este en inglés, pero aún así vale la pena echarle un vistazo a esta vertiginosa infografía interactiva dedicada a la escala del universo. Desde la longitud de Planck, la distancia mínima, es decir 10 elevado a la -35 metros (0,000000000000000000000000000000000001 metros: menos de una mil millonésima de yoctometro), al tamaño estimado del universo, unos 93 mil millones de años luz (930.000.000.000.000.000.000.000.000 metros: novecientos treinta cuatrillones). Las cifras, lo reconozco, marean un poco y son inabarcables e inconcebibles, pero es lo que hay.

Vía Bad Astronomy

Publicado en Ciencia, Cosmología, Física, Infografía, Informática, Internet | 11 Comentarios »

Enciclopedia de la ignorancia – La Materia Oscura

Publicado por Jordi Guzman en 26 enero 2010


Un muy interesante capitulo del libro Enciclopedia de la ignorancia escrito por  Kathrin Passig y Aleks Scholz y que editó Destino en 2008 con traducción de Carlos Andreu y Mercedes García Garmilla. Un libro dedicado a cuestiones a las que por ahora la ciencia no ha encontrado una explicación satisfactoria. Hace unas semanas le dediqué otro post.

Materia oscura

Un kilo de materia oscura pesa más de diez tone­ladas.

Profesor Farnsworth

Futurama

Sólo una pequeña fracción de la materia del universo es visible. El resto, y no nos referimos a las cosas que han desa­parecido bajo la cama, se conoce como materia oscura. En to­tal es más lo invisible que lo visible que hay en el universo: entre cinco y diez veces más. Lo que no está claro por ahora es a qué nos referimos al hablar de lo invisible.

Se sabe de la existencia de la materia invisible porque ésta se percibe de forma indirecta a causa de su masa: las masas se atraen entre sí, según afirma con razón la ley de la gravitación universal, y por eso la materia oscura influye a través de la fuerza gravitatoria en el movimiento de objetos visibles, como las estrellas, que por el contrario es observa­ble. Una parte esencial del trabajo de los astrónomos es ocu­parse de lo invisible. Cuando se observa con exactitud lo que sucede en el cielo, a menudo sucede que el movimiento de los cuerpos celestes sólo se puede explicar si se supone la pre­sencia de otros cuerpos celestes que permanecen en la oscu­ridad, ya sea porque son verdaderamente invisibles (como los agujeros negros) o porque tienen un brillo demasiado dé­bil para poder ser observados con los telescopios existentes. A medida que los telescopios se vuelven más potentes, son más los cuerpos «invisibles» que se vuelven de repente visi­bles. En 1844, Friedrich Wilhelm Bessel, a partir de los mo­vimientos de la brillante estrella Sirio, dedujo que ésta tenía un acompañante invisible que giraba en torno a ella. Pasa­ron dieciséis años hasta que Alvan G. Clark, provisto de un telescopio de mayor potencia, pudo ver una acompañante de brillo extraordinariamente débil: Sirio B se hizo famosa en­seguida, porque se trataba de un cadáver estelar caliente; pertenecía a una clase de objetos que posteriormente recibi­rían el nombre de «enanas blancas». Como en el caso de Si­rio B, en los últimos diez años se han hallado más de cien planetas situados fuera de nuestro sistema solar, y estos ha­llazgos se han realizado de manera indirecta, a través de la fuerza gravitatoria ejercida por estos cuerpos: es imposible verlos, pero atraen y arrastran a sus propios soles con tanta fuerza que los hacen agitarse un poco hacia aquí y hacia allá. Es esta agitación la que nos permite encontrar mundos des­conocidos que con nuestras técnicas actuales son invisibles. Lo que realmente es misterioso en relación con la materia os­cura no es su presencia, sino lo sorprendentemente grande que es la cantidad de esta materia.

El primero que afirmó esto fue el astrónomo suizo Fritz Zwicky en el año 1933. Observó los movimientos de las ga­laxias en la constelación Coma Berenice, una zona del cielo que está plagada de estas agrupaciones de estrellas. Las foto­grafías de esta región del espacio muestran una apreciable cantidad de manchas de niebla, que al ser observadas más de cerca (con telescopios más potentes), se ven como galaxias, como muchos miles de vías lácteas, que se componen a su vez cada una de ellas de muchos millones de estrellas, una visión que pone de manifiesto que el universo está empeñado en ha­cer que nos sintamos poca cosa. Zwicky descubrió que las ga­laxias existentes en este hormiguero se movían con dema­siada rapidez: la masa de la materia visible no es ni de lejos suficiente para mantener unidos esos montones de galaxias. En realidad tendrían que haberse disgregado hace miles de millones de años, con lo que ya no podríamos verlas actual­mente. Tiene que haber una especie de «pegamento» adicio­nal, la fuerza gravitatoria de la materia oscura, que evite que las galaxias se disgreguen. Aunque Zwicky lo formuló de una manera bastante más complicada, sus conocimientos fueron ampliamente ignorados. De nuevo hubo que esperar, esta vez casi cuarenta años, para que la existencia de la materia os­cura se aceptara de forma generalizada, pero, una vez que se dio esta aceptación, son miles los astrónomos que se han ocu­pado de esta cuestión día y noche, sobre todo de noche.

La gran brecha que abrió el descubrimiento de la materia oscura tuvo su origen en la investigación de la rotación de las galaxias. Del mismo modo que los planetas giran en torno al Sol, las estrellas de una galaxia se mueven en torno al centro de la misma. El Sol, por ejemplo, lo hace con una velocidad aterradoramente alta de unos 250 km/s. Al mismo tiempo, por una parte, experimenta la atracción que ejerce sobre él el cen­tro de la Vía Láctea mediante la fuerza gravitatoria. Por otra parte, la rotación en torno a ese centro genera la fuerza cen­trífuga, que es una fuerza dirigida hacia fuera, cuya existencia podemos percibir sencillamente cuando vamos en coche y to­mamos una curva a gran velocidad. En conjunto, la acción si­multánea de la fuerza centrífuga y la fuerza gravitatoria hace que el Sol no caiga hacia el interior de la galaxia, ni vuele ha­cia fuera, sino que se mueva dócilmente alrededor del centro, con una velocidad que viene determinada únicamente por la distribución de la materia en la Vía Láctea. Por lo tanto, a par­tir de la velocidad de la materia visible pueden sacarse con­clusiones sobre la cantidad de masa que hay dentro de la ga­laxia y sobre el lugar en que esta masa se encuentra. Gracias a este análisis, a principios de la década de 1970 se llegó a una conclusión deprimente: los objetos que están en las zonas más externas de las galaxias, y esto vale para todas (hay muchas, como ya hemos mencionado anteriormente), se mueven a una velocidad excesivamente grande en torno al centro, tan rápido que, como el coche en una curva, saldrían disparados hacia el exterior, si no fuera por la existencia de algo pesado, pero in­visible, que se lo impide: la materia oscura.

Entretanto se ha «comprobado» la presencia de materia oscura en muchos lugares diferentes del universo. Se puede encontrar en nuestra Vía Láctea, en las galaxias elípticas, en las galaxias enanas, en los cúmulos de galaxias y en los supercúmulos, que son aún más grandes. En ningún sitio suce­derían las cosas tal como deberían suceder según nuestras previsiones, si sólo existiera lo visible. Recientemente especu­lan algunos sobre la existencia de materia oscura también en nuestro entorno inmediato: las sondas espaciales Pioneer n.° 10 y n.° 11, cuya tarea principal consiste en espiar a los grandes planetas Júpiter y Saturno, se ven atraídas en dirección al Sol por una fuerza que no presagia nada bueno, y en consecuen­cia se desplazan cada vez con mayor lentitud: hasta ahora no se ha podido explicar este fenómeno; las posibles causas va­rían desde una fuga de combustible hasta la materia oscura, que tiraría con toda su potencia de estas pobres naves espa­ciales.

Ahora bien, ¿qué es esa materia oscura? ¿Es peligrosa esa extraña cosa? ¿Puede explotar, o es quizá comestible? Podría­mos librarnos de este problema con suma elegancia si negá­ramos la existencia de la materia oscura y explicáramos los efectos anteriormente mencionados modificando sin vacila­ciones la ley de la gravedad. Todos los fenómenos que apun­tan a la existencia de la materia oscura, lo hacen sólo porque damos por supuesta la universalidad de la ley de la gravedad. Quizá tenemos simplemente una idea errónea de lo que es la gravedad. Ésta es la idea básica en que se apoya la teoría de la «dinámica newtoniana modificada» [Modified Newtonian Dynamics, cuya abreviatura es MOND], y otras construccio­nes mentales de tipo similar. En el contexto de la MOND, propuesto por el cosmólogo Mordehai Milgrom en 1983, la gravedad ya no se comporta de esa forma tan intransigente que conocemos desde siempre, sino que cambia su manera de actuar cuando se aplica a objetos que están muy alejados, lo cual sucede muy a menudo en el universo. Así, la MOND puede, por ejemplo, explicar las curvas de rotación de las ga­laxias, que en cualquier otro caso requieren grandes cantida­des de materia oscura. Sin embargo, no funciona ni mucho menos en todos los casos y genera una serie de problemas adicionales. Hasta ahora nadie ha inventado una teoría mo­dificada y completa de la gravedad que se pueda aplicar sin dificultades tanto en el dormitorio como en la sala de estar, y también en la cocina del universo. Por eso continúa la bús­queda de la materia oscura.

Las teorías relativas a su naturaleza se dividen en dos cla­ses: por una parte, podría tratarse de objetos pesados, pero sin brillo o poco brillantes, construidos con los mismos ma­teriales que todo lo que conocemos hasta ahora. A ésta se le llama materia oscura «bariónica», porque su masa se encuen­tra en gran medida en determinadas  partículas elementa­les, concretamente en los protones y los neutrones, que se lla­man también bariones. Unas buenas candidatas para esta categoría de materia oscura son las ya mencionadas enanas blancas, además de las llamadas enanas marrones, que ya volveremos a mencionar más adelante, y los agujeros negros. Estas oscuras sombras suelen englobarse en la sigla MA­CHO, correspondiente a massive compact halo objects «ob­jetos de halo masivo compacto».

Por otra parte, la materia oscura podría estar formada por una gran (o incluso enorme) cantidad de partículas ele­mentales que interaccionan muy débilmente con el resto del mundo y vuelan como autistas a través de las personas, la Tierra y el universo. Las primeras teorías de este tipo partían de unas partículas «calientes», o sea muy cargadas de ener­gía. El mejor candidato para esto ha sido durante mucho tiempo el neutrino, una partícula fantasmal que se libera, por ejemplo, en las centrales nucleares o cuando se producen ex­plosiones de estrellas y para cuya constatación son necesarios al menos veinticinco años. Sin embargo, parece claro que la masa de los neutrinos es demasiado escasa para explicar los fenómenos asociados a la materia oscura. Hay también mo­delos que trabajan con materia oscura «fría» y son muy pro­metedores. Las partículas en cuestión reciben nombres curio­sos, como neutralino, axión, gravitino o incluso Wimpzilla, y hasta ahora existen sólo en las mentes de algunos teóricos. Por el momento ninguno de ellos ha sido constatado de una manera que no deje lugar a dudas. En ocasiones, estos seres exóticos e hipotéticos reciben conjuntamente el nombre de WIMP, que significa weakly interacting massive particles [«partículas con masa que interaccionan débilmente»], y en última instancia lo que queda claro es que la investigación de la materia oscura es también una competición por el mejor acrónimo: ¿MOND, MACHO o WIMP?

Durante los últimos treinta años, los frentes de la investi­gación sobre la materia oscura han cambiado de posición muchas veces. En la década de 1970 se aceptaba principal­mente la hipótesis de que se trataba de materia bariónica, con un tipo de objetos que posteriormente se denominarían MA­CHO. En la década de 1980 se pasó página y se hicieron po­pulares los neutrinos, junto con los WIMP «fríos» y otras partículas elementales exóticas. A principios de la década de 1990 volvieron en primer lugar los MACHO, pero durante los años siguientes perdieron su ventaja a causa de nuevas ob­servaciones. De vez en cuando se utilizaron también mode­los híbridos: «El mundo necesita tanto MACHO como WIMP»* afirmaba el astrofísico inglés Bernard Carr en 1994. Llenos de esperanza, los expertos se refieren a estas teorías llamándolas escenarios con «dos hadas de los dientes»: cuan­do un niño pierde un diente de leche, lo pone por la noche bajo la almohada y espera al hada de los dientes, que se lo cambiará por una moneda. Todavía está por ver si el pro­blema de la materia oscura se resuelve con dos hadas de los dientes, es decir, con dos tipos diferentes de partículas.

Un buen ejemplo de lo que han supuesto las modas en la investigación de la materia oscura lo constituyen las llamadas enanas marrones. Al contrario que las estrellas, estos objetos no poseen en absoluto calentamiento interno. Mientras las estrellas, durante muchos millones de años, «queman» en su interior hidrógeno, generando así helio, las enanas marrones son demasiado pequeñas para producir las temperaturas que requiere este proceso. A eso se debe que su brillo sea débil y que sean, por consiguiente, difíciles de detectar. Si una estre­lla fuera una vela que arde de manera continua y segura, una enana marrón sería un pedazo de metal incandescente que se va enfriando poco a poco. Desde la década de 1960 se espe­cula sobre la existencia y las características de las enanas ma­rrones, pero hasta hace poco no se habían podido ver ni inves­tigar, entre otras cosas porque los telescopios eran demasiado poco potentes. Como no se sabía nada sobre cuántas podía haber en la Vía Láctea, fueron durante casi veinte años las mejores candidatas para constituir la materia oscura. Incluso en 1994, un año antes del descubrimiento de la primera ena­na marrón, a saber, de un objeto que recibió el lamentable nombre de Gliese 229B, Bernard Carr se refirió a las enanas marrones diciendo que eran la explicación «más plausible» para la gran cantidad de cosas invisibles que había en el espa­cio. Sin embargo, en unos pocos años se derrumbaron las gran­des esperanzas que se habían puesto en aquella rareza oscura y dudosa; se descubrieron numerosas enanas marrones, pero no fueron ni de lejos suficientes para dar ni siquiera una pista sobre lo que puede ser la materia oscura.

Un destino parecido al de las enanas marrones fue el que sufrieron también el resto de los candidatos a ser MACHO, así como los neutrinos: estas cosas existen, por supuesto, pero si se contabilizan todas ellas juntas, se obtiene sólo una pequeña fracción del total de materia oscura. Hoy en día, no queda prácticamente otra salida que creer en la existencia de materia oscura fría en forma de WIMP o algo parecido: unas Partículas elementales que se relacionan con el resto del universo casi exclusivamente por la fuerza gravitatoria que ejer­cen. Por lo demás, hasta ahora nadie sabe qué son exacta­mente. Por eso se produjo un acontecimiento de lo más emo­cionante cuando, a finales de la década de 1990, un equipo de investigadores formado en torno a Rita Bernabei preten­dió haber acreditado por primera vez la presencia de materia oscura en la Tierra. Con ayuda de unos pesados cristales sa­linos, enterrados en las profundidades de los Apeninos italia­nos, para protegerlos de radiaciones que pudieran interferir, se descubrió una señal que se atribuyó a la incrustación de partículas hasta la fecha invisibles dentro del cristal salino. ¿Sería que podían recogerse WIMP en el centro de Europa? Por desgracia esta noticia sensacional no sobrevivió a las comprobaciones críticas realizadas posteriormente. Por lo tanto, todo sigue como estaba, y el concepto de «materia os­cura» sigue siendo, como reconoce el astrónomo estadouni­dense David B. Cline, una «expresión de nuestro desconoci­miento» vacía de todo contenido.

Además, por lo que sabemos hasta ahora, el universo se compone de materia visible y materia oscura en una propor­ción que no va más allá de entre un cuarto y un tercio. El resto se ha calificado en su totalidad como «energía oscura», sólo por llamarlo de alguna manera, y con ello se alude a una fuerza misteriosa que acelera la expansión del universo. Quizá no haga falta decir que tampoco se sabe prácticamente nada sobre la naturaleza de esa energía oscura.

* Juego de palabras en inglés: wimp significa ‘canijo’ o ‘alfeñique .

Un kilo de materia oscura pesa más de diez tone­ladas.

Profesor Farnsworth

Futurama

Publicado en Astrofísica, Ciencia, Cosmología, Física, Libros | 7 Comentarios »

Extraños datos sugieren que hay algo grande más allá del borde del universo

Publicado por Jordi Guzman en 7 diciembre 2009


Los astrónomos han encontrado la mejor prueba hasta el momento para la extraña idea de que nuestro universo es uno de muchos

Algo extraño esta tirando en un "flujo oscuro" de las galaxias en el universo. ¿Es esta la prueba de que los universos paralelos existen realmente?

en el “multiverso”. Es más, estos universos paralelos parecen estar ejerciendo una extraña fuerza sobre el nuestro, provocando que los cúmulos de galaxias fluyan a lo largo del espacio hacia los bordes del universo conocido.

Las nuevas pruebas proceden de estudios de “saltos y movimientos” en la temperatura de la radiación de fondo de microondas (CMB), el resplandor dejado por el Big Bang.

Flujo oscuro

El cosmólogo estadounidense Sasha Kashlinsky del Centro de Vuelo Espacial Goddard de la NASA en Greenbelt, Maryland, y sus colaboradores midieron ligeros cambios en el CMB usando la Sonda de Anisotropía de Microondas Wilkinson de la NASA (WMAP). Ligeras desviaciones en la expansión general del universo revelaron la velocidad y dirección de los cúmulos de galaxias.

El año pasado, el equipo de Kashlinsky encontró un patrón inusual en el movimiento de los cúmulos galácticos. En lugar de expandirse a un ritmo uniforme, como se predice en la Teoría de la Relatividad General de Einstein y en las teorías de energía oscura, los cúmulos de galaxias fluyen en una dirección en particular y a mayores velocidades de lo esperado. Llaman a este extraño fenómeno el “flujo oscuro”.

Ahora, una nueva investigación procedente del equipo ha confirmado y extendido este flujo a 3000 millones de años luz de la Tierra, aproximadamente un quinto del diámetro del universo. Los resultados se han enviado a la revista The Astrophysical Journal.

La mejor prueba del multiverso

El misterio es qué exactamente está “tirando” del cúmulo de galaxias para provocar el flujo, y aquí es donde entran en juego los universos paralelos.

Algunas teorías sobre el inicio del universo requieren múltiples universos, los cuales están misteriosamente “entrelazados”, de forma similar a como lo están las partículas cuánticas a escalas muy pequeñas. La controvertida teoría sugiere que aunque no podemos verlos, estos universos paralelos ejercen una fuerza sobre el nuestro que provoca este “flujo oscuro”.

“Si el flujo se extiende hasta el horizonte cosmológico, como sugieren nuestros resultados, entonces su origen está probablemente vinculado a la estructura global pre-inflacionaria del espacio-tiempo [los primeros milisegundos tras el Big Bang] y puede señalar al multiverso de una forma u otra”, dice Kashlinsky. “Estamos avanzando en este proyecto y esperamos que nuestras futuras medidas respondan a esta posibilidad de una forma mucho más definitiva”.

Una defensora de la teoría del multiverso, la cosmóloga Laura Mersini-Houghton de la Universidad de Carolina del Norte en Chapel Hill, Estados Unidos, dice que los hallazgos de Kashlinsky son la “indicación más directa de la existencia del multiverso”.

“Una extensión de la física de multiversos revolucionaría nuestra comprensión de la naturaleza. Nos permitiría ver más allá del horizonte del universo visible y reforzaría el Principio Copernicano de que nuestro universo tampoco es especial o central en el cosmos. Es profundo”, comenta Mersini-Houghton.

Encaja con los datos

Mersini-Houghton señala que la teoría del universo paralelo predice el flujo oscuro y que encaja incluso mejor con la velocidad del flujo oscuro medida por Kashlinksy.

Pero aunque el flujo oscuro fuese “preocupante” para las teorías de la física convencional como la relatividad general, el cosmólogos australiano Warrick Couch de la Universidad Tecnológica de Swinburne en Melbourne dijo que no cree que sea una prueba directa de universos paralelos.

“Añade un interesante hecho observacional al debate, pero sería reacio a decir que es una prueba sólida de la teoría de multiversos”, dice Couch.”Creo que hay tantas teorías de multiversos y tantos parámetros que es difícil probarlas todas”.

Artículo traducido y posteado en Ciencia Kanija, el original se publicó en COSMOS, su autor es Heather Catchpole.

Publicado en Astrofísica, Astronomía, Ciencia, Cosmología, Física | 2 Comentarios »

¿Qué hace el telescopio submarino de neutrinos en el Mediterráneo?

Publicado por Jordi Guzman en 26 noviembre 2009


Investigadores del Instituto de Investigación para la Gestión Integrada de las Zonas Costeras (IGIC) de la Universidad Politécnica de Valencia (UPV) participan en el programa Antares de exploración científica a través del único gran telescopio submarino de neutrinos del mundo, que toma datos en el mar Mediterráneo desde el año pasado. Todos los expertos se han reunido en el campus de Gandía para discutir los resultados.

La importancia de este telescopio radica en que no se basa en la detección de luz, como lo hacen los telescopios comunes, sino en la

Los ojos de Antares. Foto: L. FabreCEA, 2006. (clic para ampliar)

detección de neutrinos, partículas que interaccionan muy débilmente, con lo que perfectamente podrían cruzar la Tierra sin enterarse.

Por eso la UPV acoge ahora la reunión de este programa internacional, que aglutina a cerca de 150 investigadores e ingenieros de 22 centros de investigación y universidades de siete países.

La construcción del Antares se completó en mayo de 2008 y en la actualidad se encuentra en fase de toma de datos y de explotación científica, con una vida útil prevista de 10 a 15 años.

Es el único telescopio submarino de neutrinos en funcionamiento del mundo, y es el segundo telescopio de neutrinos más grande tras IceCube, ubicado en el hielo de la Antártida.

Con esta herramienta se consigue obtener información complementaria sobre el Universo y las leyes fundamentales que lo regentan, especialmente en los ámbitos más desconocidos: ¿Cómo se consigue generar tanta energía en el Universo?; ¿Qué es la Materia Oscura?; ¿Cuál es la evolución del Universo y por qué?.

La detección de partículas como los neutrinos es muy compleja y requiere de sistemas sofisticados. Antares está ubicado a 2.500 m de profundidad a 40 km de la costa de Toulon (Francia) y consiste de una red tridimensional de cerca de 900 sensores ópticos cubriendo una área activa de 0.1 kilómetros cuadrados, siendo capaces de detectar la luz generada tras la interacción de un neutrino y discriminarla de otras fuentes de luz.

Dispone además de diversos instrumentos científicos para la monitorización continua del mar profundo que permiten hacer estudios en ámbitos tan diversos como la oceanografía, biología, geología, etc.

El programa Antares en Gandía

Antares es una colaboración europea de 150 investigadores e ingenieros de 22 centros de investigación y universidades de siete países (Alemania, España, Francia, Holanda, Italía, Rumanía y Rusia).

En España, además de la UPV, participan el Instituto de Física Corpuscular de Valencia y la Universidad Politécnica de Cataluña. “Debido a la complejidad del proyecto y al número de participantes es necesario organizar reuniones generales de la colaboración cada 3 ó 4 meses con el fin de exponer las actividades realizadas, supervisar el desarrollo del proyecto, coordinar sus diferentes tareas y discutir los resultados”, señala Miquel Ardid, investigador del IGIC.

El grupo de la UPV, adscrito al Instituto de Investigación para la Gestión Integrada de las Zonas Costeras es el anfitrión de la reunión que tiene lugar del 23 al 27 de noviembre de 2009.

Tal y como apunta Ardid, desde 2006 se está trabajando en KM3NeT, que consistirá en una segunda generacion de telescopio en el Mediterráneo, de al menos un kilómetro cúbico de volumen de detección. Actualmente, se está concluyendo el diseño de dicha infraestructura y preparando su construcción.

Oír” neutrinos en el mar

Los investigadores del IGIC trabajan también junto con otros grupos para evaluar la capacidad de “oir” neutrinos en el mar, lo que posibilitaría telescopios de neutrinos mucho más grandes con costes similares debido a una menor atenuación del sonido en el Mar con respecto a la luz.

Además de la reunión de Antares, el campus de Gandia de la UPV acoge la exposición Las Fronteras del Cosmos y las Astropartículas, que estará expuesta hasta el 27 de noviembre. La muestra está dedicada a divulgar la Física de Astropartículas, ciencia que estudia el Universo a través de mensajeros distintos a la luz visible como rayos cósmicos, rayos gamma y neutrinos. Además de pósters explicativos de los retos, experimentos, etc, se expone también elementos tecnológicos usados en este telescopio submarino.

La construcción de Antares se completó en mayo de 2008 y hoy se encuentra en fase de toma de datos y de explotación científica, con una vida útil prevista de entre 10 y 15 años. Es el único telescopio submarino de neutrinos en funcionamiento del Mundo, y es el segundo telescopio de neutrinos más grande tras IceCube, que está ubicado en el hielo de la Antártida. Con esta herramienta se consigue obtener información complementaria sobre el Universo y las leyes fundamentales que lo regentan, especialmente en los ámbitos más desconocidos: ¿Cómo se consigue generar tanta energía en el Universo?; ¿Qué es la Materia Oscura?; ¿Cuál es la evolución del Universo y por qué?.

La detección de partículas como los neutrinos es muy compleja y requiere de sistemas sofisticados. Antares está ubicado a unos 2500 m de profundidad a unos 40 km de la costa de Toulon (Francia) y consiste de una red tridimensional de cerca de 900 sensores ópticos cubriendo una área activa de 0.1 kilómetros cuadrados, siendo capaces de detectar la luz generada tras la interacción de un neutrino y discriminarla de otras fuentes de luz.

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Más información:

Audio de la entrevista a Miguel Ardid
Artículo publicado en Servicio de Información y Noticias Científicas (SINC). Más información en la página del proyecto.

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Estrellas alimentadas por materia oscura podrían tener secretos del universo

Publicado por Jordi Guzman en 5 noviembre 2009


Las primeras estrellas del universo pueden haber sido muy diferentes de las estrellas que vemos en la actualidad, aunque pueden

Agujero negro

Visión simulada de un agujero negro frente a la Gran Nube de Magallanes. Las estrellas oscuras podrían crecer hasta hacerse mucho más grandes que las estrellas normales, y podrían colapsar para formar gigantescos agujeros negros en el centro de las galaxias. Crédito: Wikimedia Commons.

tener pistas para comprender algunas de las misteriosas características del universo. Estas “estrellas oscuras”, teorizadas por primera vez en 2007, podrían crecer hasta ser mucho más grandes que las estrellas modernas, y podrían estar alimentadas por partículas de materia oscura que se aniquilan en su interior, en lugar de por fusión nuclear. En los inicios del universo, las estrellas oscuras habrían emitido luz visible como el Sol, pero actualmente su luz estaría desplazada al rojo, en el rango infrarrojo para cuando nos alcanzase, y por tanto las estrellas oscuras serían invisibles a simple vista.

Durante los dos últimos años, los investigadores han estudiado más en detalle las propiedades de las estrellas oscuras, además de cómo podrían estas inusuales estrellas ayudar a los científicos a comprender mejor la materia oscura, agujeros negros, y otras características astronómicas. En un nuevo estudio, el grupo de científicos que originalmente teorizó las estrellas oscuras ha presentado una revisión de su investigación sobre la materia y predice futuras áreas de investigación. Katherine Freese de la Universidad de Michigan; Paolo Gondolo de la Universidad de Utah; Peter Bodenheimer de la Universidad de California en Santa Cruz; y Douglas Spolyar, actualmente en Fermilab, han publicado sus resultados en un reciente ejemplar de New Journal of Physics.

Tal y como explican los científicos, las estrellas oscuras representarían una nueva fase de la evolución estelar – con la primera fase teniendo lugar apenas 200 millones de años tras el Big Bang. En esa época, la densidad de materia oscura en el joven universo era mayor que la actual, y las primeras estrellas se predice que se hayan formado en el centro de halos de materia oscura (los cuales son precursores de las galaxias) en oposición a las estrellas actuales que están dispersas por los bordes de una galaxia. De acuerdo con la teoría, estas jóvenes estrellas crecen más acretando masa de sus alrededores, acumulando materia oscura junto con el gas de su alrededor.

Dentro de estas estrellas, las partículas masivas de interacción débil (WIMPs), un candidato para la materia oscura, podrían acumularse. Dado que las WIMPs pueden ser sus propias antipartículas, podrían aniquilarse para producir una fuente de calor. Si la densidad de materia oscura fuese lo bastante alta, este calor dominaría sobre otros mecanismos de calentamiento (o enfriamiento), tales como la fusión nuclear. Comparado con la fusión, la aniquilación de WIMPs es una fuente de energía muy eficiente, por lo que sólo se requiere una pequeña cantidad de materia oscura para alimentar la estrella.

“Las estrellas oscuras son una consecuencia natural de las WIMPs como partículas de materia oscura… ¡aunque nos llevó un tiempo unir todos los ingredientes necesarios para darnos cuenta de esto!”, dice Freese a PhysOrg.com. “En el momento en que propusimos estos objetos en 2007, no nos dimos cuenta de que son realmente estrellas en el sentido de ser objetos hidrostáticamente estables que brillan y producen luz visible. Ahora que hemos tenido éxito al encontrar la estructura estelar de estos objetos, comprendemos sus propiedades: son enormes objetos hinchados (como soles que se extienden más allá del radio de la Tierra) y la luz que producen se parece mucho a la procedente del Sol. ¡Pero crecen hasta convertirse en miles o incluso millones de veces más masivos! Estos son nuestros nuevos resultados desde que empezamos a investigar en este área por primera vez”.

Como explicaron los científicos, las estrellas modernas finalmente agotan su hidrógeno y transicionan a otro tipo de estrellas en el diagrama de la secuencia principal. Por otra parte, las estrellas oscuras pueden seguir creciendo de forma indefinida, siempre que sigan acretando materia oscura de sus alrededores. Si no se les molesta, estas estrellas podrían potencialmente crecer hasta ser decenas de miles de veces más grandes que el Sol. No obstante, la mayor parte de estrellas oscuras probablemente se apartarían finalmente de sus posiciones en los centros de los halos de materia oscura. Su combustible de materia oscura se agotaría, por lo que las estrellas empezarían a colapsar y finalmente estarían alimentadas por la fusión de los átomos de hidrógeno normal de las estrellas, y por fin colapsar en agujeros negros. Los científicos calcularon que las estrellas oscuras tienen un tiempo de vida de al menos un millón de años, y tal vez miles de millones; podrían aún estar por aquí.

Los científicos predicen que debería ser posible detectar estrellas oscuras, ya sea detectando su luz con telescopios de nueva generación, o usando telescopios de neutrinos para medir los neutrinos procedentes de las estrellas oscuras. En comparación con las estrellas de secuencia principal, las estrellas oscuras que agotan su combustible de materia oscura y empiezan a usar fusión serían mucho más grandes, frías e “hinchadas”. Y aunque las estrellas oscuras finalmente se conviertan en agujeros negros, las primeras estrellas en la visión tradicional (sin materia oscura) se convierten en supernovas, dando a los investigadores un punto de comparación.

“Estas supernovas pueblan el universo con una abundancia de elementos en proporciones muy precisas (la proporción de elementos pares a impares es muy precisa)”, explica Freese. “No obstante, predecimos que esto no sucede en las estrellas oscuras. Por tanto, esta distinción proporciona una prueba medible de los dos escenarios distintos. Esta abundancia de elementos debería medirse en los próximos cinco años y entonces lo sabremos”.

Midiendo las propiedades de las estrellas oscuras con futuros instrumentos, los científicos podrían descubrir propiedades detalladas de la materia oscura. Dado que distintas partículas de materia oscura producen distintos productos de aniquilación, las medidas podrían revelar información sobre las propiedades de la materia oscura, tales como su masa, mecanismos de aniquilación, etc. Freese también planea investigar si las estrellas oscuras empezaron a hacerse lo bastante grandes para producir los gigantescos agujeros negros que actualmente son inexplicables.

“Hasta el momento hemos formado estrellas oscuras de 1000 veces la masa del Sol”, comenta. “Pero si siguen acumulando materia oscura capturándola de sus alrededores, pueden terminar siendo mucho más grandes: posiblemente incluso un millón de veces más masivas que el Sol. Este es mi objetivo inmediato en lo que respecta a empresas de investigación. Tales objetos supermasivos se propusieron por primera vez en la década de 1960 por Fowler y Hoyle, pero nadie sabía cómo crearlos. Si esto es correcto, ciertamente ayudaría a explicar los enormes agujeros negros que vemos hoy en el universo y que nadie sabe cómo explicar: cuando las estrellas supermasivas mueren, se conviertene en agujeros negros. Existen agujeros negros de miles de millones de masas solares en, básicamente, el mismo momento que se formaron las primeras galaxias, así como en los centros de las mismas”.

Más información: Katherine Freese, Peter Bodenheimer, Paolo Gondolo, and Douglas Spolyar. “Dark stars: a new study of the first stars in the Universe.” New Journal of Physics 11 (2009) 105014.

Artículo traducido y posteado en Ciencia Kanija, el original se publicó en Physorg, su autora es Lisa Zyga.

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Observatorio de rayos X Chandra – Restos de supernovas

Publicado por Jordi Guzman en 29 octubre 2009


He encontrado en uno de los álbumes que tiene el Instituto Smithsoniano en Flickr una gran colección de imágenes del Observatorio de rayos X Chandra, un satélite de la NASA lanzado en 1999. Y he seleccionado las imágenes dedicadas a mostrar los restos de supernovas, unas estructuras nebulosas resultantes de la explosión de una estrella en supernova, uno de los fenómenos cosmológicos más espectaculares y brillantes. Clic para ampliar.

Cas A

Casiopea A

DEM L71

DEM L71

G292.0+1.8

G292.0+1.8 en la constelación de Carina

Kepler's Supernova

Supernova de Kepler, SN 1604

N132D

N132D

SN 1006

SN 1006

Tycho's Supernova

Supernova de Tycho, SN 1572

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En busca de los orígenes del Big Bang

Publicado por Jordi Guzman en 21 septiembre 2009


Investigadores del Departamento de Física Teórica de la Universidad Autónoma de Madrid están dedicando sus esfuerzos al desarrollo de un modelo que permita la comprensión del fenómeno que dio lugar al Big Bang.

La teoría del Big Bang describe correctamente la evolución del Universo desde una pequeña fracción de segundo hasta la actualidad. Sin embargo, no es capaz en sí misma de explicar el propio Big Bang, el origen de toda la radiación y la materia que permean el Universo. Las modernas teorías cosmológicas proponen que el Universo primitivo se expandió aceleradamente gracias a un proceso conocido como Inflación cósmica, un período en el que una enorme densidad de energía actuó como motor de la

El Universo ilustrado en tres dimensiones espaciales y una dimensión temporal. (Wikipedia). Clic para ampliar.

El Universo ilustrado en tres dimensiones espaciales y una dimensión temporal. (Wikipedia). Clic para ampliar.

expansión.

Al finalizar el proceso inflacionario, el Universo quedó vacío de partículas, y la única energía remanente era la del campo responsable de la propia Inflación. Pues bien, se denomina Recalentamiento al proceso que ocurre justo al finalizar la etapa inflacionaria, en el que la energía responsable de la Inflación se convierte en toda clase de partículas elementales, las cuales constituyen la materia y la radiación que observamos en el Universo. El problema es que aún se desconoce la naturaleza del Inflatón – el campo responsable del proceso inflacionario – y, desafortunadamente, el Recalentamiento depende crucialmente de conocer los detalles de dicho campo.

Aunque se desconocen las características del Inflatón, se supone que su dinámica está determinada por procesos de altas energías descritos por la física de partículas. En estos momentos se están realizando experimentos de colisiones de partículas a altas energías en grandes aceleradores como el LHC en el CERN (Ginebra), en búsqueda de los constituyentes fundamentales de la naturaleza y, en particular, del último eslabón del Modelo Estándar de Partículas, el bosón de Higgs.

El Higgs es un campo escalar cuya existencia es una suposición de la teoría que aún no ha sido confirmada y, en particular, se desconoce si su interacción gravitacional es igual a la del resto de las partículas. Utilizando dicha libertad, recientemente un grupo de la Universidad de Lausanne (Suiza) propuso un modelo en el que el Higgs podría ser responsable de generar la Inflación cósmica, siempre que éste poseyera un acoplo gravitacional no estándar. De esta manera, encontraron una correspondencia entre las recientes observaciones cosmológicas y los inminentes experimentos del CERN. En concreto, las propiedades estadísticas de las anisotropías observadas en el fondo de radiación imponen restricciones sobre la masa del bosón de Higgs, lo que podría ser testado en el LHC. Las conexiones entre el Universo primitivo y los experimentos de partículas son muy valiosas pues permiten acotar mejor las teorías físicas sobre el origen del Universo.

En un trabajo reciente, publicado en la revista americana Physical Review D, el grupo de investigación compuesto por Daniel G. Figueroa, Javier Rubio y Juan García-Bellido, del Departamento de Física Teórica de la Universidad Autónoma de Madrid, estudió las consecuencias que dicho modelo tendría para el origen de la radiación y la materia en el Big Bang. Al final del proceso inflacionario, el campo del Inflatón – el Higgs en este caso -, terminaría convirtiendo su enorme densidad de energía en radiación y materia, la cuál alcanzaría más tarde el equilibrio térmico. Dicho proceso de creación de partículas, es muy complejo de tratar matemáticamente y, a partir de un cierto momento, el problema debe ser introducido en un ordenador.

La investigación llevada a cabo por este grupo ha consistido precisamente en desarrollar el formalismo matemático y la fenomenología física del proceso, hasta el momento, en el cuál la evolución del plasma de partículas creado se vuelve demasiado complicada como para seguir tratándola analíticamente. Estos investigadores han sido capaces de calcular cuál es la distribución de energía de todas las partículas del Modelo Estándar creadas en este proceso. Pero aún queda por saber cómo ese plasma de partículas, que está fuera del equilibrio, evoluciona en el tiempo hasta que las distribuciones de todas las partículas adquieren una temperatura común. Cuando se alcanzase dicha temperatura, ese momento representaría el comienzo de la evolución térmica del Universo descrita por la teoría del Big Bang.

Puesto que se conocen todas las interacciones del Higgs con el resto de partículas elementales, en principio se debería ser capaz de entender dicho fenómeno de termalización, y predecir así el instante en la evolución del Universo en el que éste adquirió una temperatura común por primera vez. Si se consigue entender dicho proceso, se habrá comprendido de dónde ha salido toda la materia y la radiación del Universo. Lo impresionante de este nuevo modelo es que, al proponer que el campo del inflatón es el bosón de Higgs, se pueden contrastar las predicciones que hace el modelo sobre el recalentamiento del Universo primitivo, con las observaciones cosmológicas y los datos de los aceleradores de partículas.

Artículo publicado en Servicio de Información y Noticias Cientificas (SINC).

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El campo ultra profundo del Hubble en 3D

Publicado por Jordi Guzman en 12 agosto 2009


Esta imagen de alta resolución del HUDF muestra galaxias de diversas edades, tamaños, formas y colores. Las galaxias más pequeñas y más rojas, aproximadamente 100, son algunas de las galaxias más lejanas que pueden verse con un telescopio óptico, y ya existían cuando el universo sólo tenía 800 millones de años. (Wikipedia)

Esta imagen de alta resolución del HUDF muestra galaxias de diversas edades, tamaños, formas y colores. Las galaxias más pequeñas y más rojas, aproximadamente 100, son algunas de las galaxias más lejanas que pueden verse con un telescopio óptico, y ya existían cuando el universo sólo tenía 800 millones de años. (Wikipedia)

Entre 2003 y  2004 el Telescopio espacial Hubble fotografió una pequeña región del espacio en múltiples tomas, el resultado fue la imagen más lejana observada en luz visible. y que llamaron Campo Ultra Profundo del Hubble (Hubble Ultra Deep Field o HUDF). Las pequeñas galaxias rojas que se ven en la imagen de más arriba emitieron su luz hace nada menos que 13.000 millones de años cuando el universo apenas tenia 800 millones de años de existencia. Es una mirada a través de eones de tiempo hacia el pasado remoto.

En este notable vídeo podemos ver una recreación en 3D de la famosa imagen. Recomiendo verlo en HD y a pantalla completa.

Vía Microsiervos

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Más allá de las cuerdas

Publicado por Jordi Guzman en 11 junio 2009


Extraordinario y bastante duro el articulo publicado hoy jueves 11 de junio en Neofronteras sobre los limites actuales de la física. Aunque es evidente que el autor no puede evitar ofrecer datos que son muy técnicos creo que su lectura para los que no somos especialistas en el tema es posible dada la vocación pedagógica del artículo.

Como siempre hago he puesto los enlaces a la Wikipedia de los términos que me han parecido oportunos para aclarar y ahondar sobre el tema tratado. No se con seguridad quien es el autor de este gran artículo pero presumo que es Nicolás Cardiel López, doctor en Ciencias Físicas, aunque repito que no estoy del todo seguro, si no es así y se me notifica con gusto cambiaré la autoría. Las imágenes que aparecen son las originales del post y las negritas son mías (menos la del principio).

Más allá de las cuerdas

En este artículo se describen diversas teorías que pretender proporcionar una teoría cuántica de la gravedad no basada en cuerdas.

No hay nada más ubicuo en la vida cotidiana que la gravedad. Los objetos caen, incluyendo manzanas desde un árbol o ficticias bolas Calabi_Yaudesde la torre de Pisa. Hasta la llegada de Newton sólo se tenían teorías inútiles sobre la gravedad, incluso se desconocía que la misma fuerza que hace caer manzanas maduras mantiene a la Luna en su órbita alrededor de la Tierra.
Gracias a Newton nos imaginamos una fuerza instantánea que hacía que los objetos se atrajeran entre sí en función de la masa que tuviera. Posteriormente, en el siglo XIX, se inventó el concepto de campo como una región del espacio que adquiere una propiedad específica cuando hay presente algo, en este caso una masa.
El término campo se introdujo en un principio para el campo electromagnético, pero fue precisamente el electromagnetismo el que dio pistas sobre una realidad física que hasta principios del siglo XX no se había visto. Einstein en su artículo sobre la electrodinámica de los cuerpo en movimiento (Relatividad Especial) y Michelson con sus experimentos con interferómetros nos enseñaron que la velocidad de la luz era constante y que nada podía superarla. Era lo único absoluto en un mundo en el que casi todo parecía relativo. Esto quería decir que automáticamente la fuerza ejercida por un campo sobre un objeto no podía ser instantánea, sino que debía de actuar a la velocidad de la luz como máximo.
Sin embargo, todavía quedaba por atacar el campo gravitatorio. Fue también Einstein el que precisamente llego a dar un nuevo esquema conceptual para el mismo. Basándose en que una masa acelerada es indistinguible a esa misma masa en un campo gravitatorio y en alguna que otra afortunada idea llegó en los años veinte a su Relatividad General (RG). Según esta teoría la masas curvan la geometría del espacio-tiempo en la que se encuentran. Las “fuerzas” no existen y lo que ocurre es que lo cuerpos siguen geodésicas en un espacio curvo, como pueda ser un planeta en su órbita. Incluso la luz sigue geodésicas en ese espacio de tal modo que incluso hay lentes gravitatorias formadas por galaxias enteras. Para el límite de bajas energías esta teoría concuerda con la de Newton pero para otros casos no es así. Entre sus éxitos está el explicar el desplazamiento del perihelio de Mercurio, algo que la gravedad newtoniana no explicaba.
Pero permitió además modelizar la evolución de todo el Universo en su conjunto, de cómo evoluciona el espacio que lo conforma sin necesidad de un “afuera”. La RG hizo posible el nacimiento de la Cosmología moderna.
Las ecuaciones que dicen cuánto se curva el espacio son las ecuaciones de Einstein. Son un conjunto de ecuaciones diferenciales en derivadas parciales que se pueden escribir de manera compacta de esta manera:

ecuaciones_de_einstein

El miembro a la izquierda de la igualdad es un tensor que representa la curvatura del espacio-tiempo y el miembro de derecha es el tensor que representa la distribución de masa, energía y momento del sistema. Nos dice, leída de derecha a izquierda, que “masa-energía es igual a geometría” (ya sabemos por otra ecuación famosa del mismo autor que masa es igual a energía: E=mc2). Sus soluciones son métricas que nos dicen cómo se curva el espacio-tiempo, su geometría.
Son ecuaciones complicadas y por tanto muy difíciles de resolver. Sólo para casos simples con mucha simetría se cuenta con soluciones analíticas a estas ecuaciones, para las demás situaciones simplemente se “machacan” numéricamente estas ecuaciones en una supercomputadora. Son complicadas porque describen lo complicada que es la gravedad, entre otras cosas porque la propia energía del campo es energía que también curva el espacio. La gravedad gravita. Incluso hay soluciones a estas ecuaciones que proporcionan espacio-tiempos curvos para configuraciones en ausencia de masas y soluciones de ondas gravitatorias que se propagan como deformaciones del espacio. Es una teoría realmente bella.
Sin embargo, la RG tiene ciertos “problemas” cuando queremos aplicarla a lo que hay dentro de los agujeros negros o tratamos de explicar los primeros instantes del Big Bang. En esos casos la teoría da lugar a singularidades, lugares en donde el espacio-tiempo acaba y en donde muchas características, como la densidad, se hacen infinitas. La capacidad de predicción de la teoría termina, por tanto, ahí. Filosóficamente, para el caso de la singularidad inicial, esto viene a decirnos que el tiempo comenzó en el Big Bang y que no hubo un antes. Tampoco hubo un espacio previo.
La Relatividad General es una teoría clásica, es decir, que no es cuántica. Aunque en los albores del siglo XX Planck y el propio Einstein sugirieron la cuantización de la energía para algún fenómeno luminoso (el cuerpo negro y el efecto fotoeléctrico respectivamente), no es hasta los años 30 cuando se logra, gracias a la participación de muchos físicos teóricos, desarrollar el corpus completo de lo que sería la Mecánica Cuántica (MC). Ésta explicaba y explica muy bien todo el mundo subatómico, desde los átomos a los quarks, pero no ha conseguido hasta ahora explicar el campo gravitatorio.

cuerdas

Los físicos viven por tanto en un mundo esquizofrénico en el cual usan una teoría (la MC) para explicar el mundo microscópico y otra teoría (la RG) para explicar los campos gravitatorios macroscópicos intensos o cosmológicos. En cualquier otro ámbito les basta la mecánica newtoniana y el electromagnetismo clásico. Pero para el interior de los agujeros negros o para explicar el Big Bang se necesita una teoría que combine la RG y la MC, teoría que no tenemos.
La gravedad es un tanto especial, es la más débil de todas las fuerzas (las otras son la electromagnética, nuclear débil y nuclear fuerte) y según la RG tiene que ver con el propio espacio-tiempo cambiante que se curva bajo el influjo de la masa. Ya intentó Einstein una teoría del campo unificado que describiera a la vez todas las fuerzas, pero incluso después de haber trabajado en ello durante varias décadas no lo consiguió. Su error de no creer en la MC no le ayudó lo más mínimo. Pero desde entonces hay cierta manía entre algunos físicos de “unificar” las cosas.
Por otro lado la MC dio lugar a la Teoría Cuántica de Campos que describe muy bien las fuerzas fundamentales (excepto la gravedad) a base de bosones intercambiados entre partículas, cosa que sucede en un espacio-tiempo de fondo fijo. Hacer lo mismo para unos posibles gravitones (un tipo de bosones hipotéticos) no parece sencillo por las propias cualidades del espacio-tiempo que se pretende incorporar.
Recordemos también que la interpretación de la Mecánica Cuántica es probabilística, con todo lo que ello significa y tiene problemas de interpretación, sobre todo en el caso del colapso de la función de ondas, y esto no ayuda en este caso. Si la aplicamos a todo el Universo, ¿qué significa en este caso una superposición de estados o un colapso de su función de ondas? ¿Implica necesariamente la MC la existencia de un multiverso? Algunos ya revisan incluso los fundamentos de la MC para ver si así se facilitan las cosas.
En un tiempo se intentó hacer una teoría cuántica de gravedad usando las mismas técnicas que se habían utilizado en la teoría cuántica de campos sin demasiado éxito. Algunos expertos llegaron a la conclusión de que la versión cuántica de la RG no era renormalizable y el asunto se olvidó. No renormalizable significaba que en su desarrollo matemático aparecían infinitos (no confundir con singularidades) que no se podían eliminar y que por tanto la teoría resultante no podía predecir nada.
En las teorías cuánticas de campos se trata el espacio-tiempo como un marco fijo sobre el cual se aplicaban métodos perturbativos, o fluctuaciones lineales sobre una métrica fija, y esto también va un poco en contra del espíritu de la propia RG.
Por esa época la Física de Altas Energías tuvo bastante éxito con su Modelo Estándar, algunos personajes de esa comunidad empezaron a desarrollar una teoría basada en ciertas ideas relativamente novedodas que incorporase a todas las partículas (existentes o no). Eran las teorías de cuerdas o supercuerdas. Es una teoría (o teorías) que pretende describir todas las partículas y fuerzas, una “teoría del todo”, que además presume cuantizar la gravedad (pero no muy bien). Esta teoría empezó a estar de moda entre los físicos teóricos hasta que casi todos terminaron trabajando en ella.
Ya llevan casi treinta años desarrollando esta idea y, al parecer, sin demasiado éxito. Según las teorías de cuerdas las partículas no serían puntos, sino cuerdas vibrantes que pueden ser abiertas o cerradas. Cada estado de vibración correspondería a las distintas partículas que conocemos. Además, estas cuerdas vivirían en un mundo de 11 dimensiones (10 + 1, aunque hay versiones de 26 y otras de 10 + 2) en el que las dimensiones adicionales estarían compactificadas hasta un tamaño del orden de la longitud de Planck (10-35 metros). La clave estaría, entre otras cosas, en cómo compactificar esas dimensiones extras. Cada modo de hacerlo daría una física distinta (uno de ellos se muestra en la foto de cabecera de este reportaje). El espacio-tiempo en este caso es fijo, es un escenario donde suceden las cosas, pero no surge dinámicamente.
Lo peor de las supercuerdas es su excesiva productividad. Contienen un número prácticamente ilimitado de estados de vacío (10500) y sólo son válidas si existen un montón de nuevas partículas (además de las conocidas) que nadie ha visto.
Hasta ahora estas teorías no han conseguido proporcionar una predicción que se pueda comprobar con la experiencia. Algunos sostienen que, en sentido popperiano, no son teorías científicas porque no son falsables.
Lo malo es que son muchos físicos teóricos los que se dedicaron o se dedican a este campo, y han absorbido casi todos los recursos económicos y humanos durante demasiado tiempo. Según expertos como Smolin ha habido una mala gestión de talento (o mucho desperdicio) durante demasiados años.

Después de veinte años de investigación el físico teórico encontró las cuerdas que realmente funcionan. Y sólo necesitan tres dimensiones.

Después de veinte años de investigación el físico teórico encontró las cuerdas que realmente funcionan. Y sólo necesitan tres dimensiones.

Unos cuantos físicos se han “rebelado” contra esta moda y ya están explorando otras ideas. En este artículo expondremos algunas de las más curiosas y exitosas, aunque quizás no lleguen ni a la categoría de teoría. Para hacer esto tuvieron que rebobinar hasta los años setenta cuando Wheeler y otros propusieron qué debía de describir una teoría cuántica de la gravedad o cómo podría ser ésta.
No pretenden hacer una “teoría del todo”, sólo quieren conseguir una teoría cuántica de la gravedad válida. La idea es la de siempre: una teoría que en el régimen de distancias grandes y baja energía prediga lo mismo que la RG y que en el otro régimen haga una descripción cuántica de la Naturaleza que permita además eliminar las singularidades que aparecen en la RG para así poder hacer predicciones.

Se suponía que a la escala de Planck el espacio-tiempo debía de ser algo cambiante, un mundo fluctuante en el que arriba y abajo, izquierda y derecha o antes y después estuvieran confundidos (ver siguiente ilustración para el caso 2D). Sería una suerte de “espuma” espacio-temporal. En las cuerdas esto se sustituyó por un espacio-tiempo fijo de muchas dimensiones, algunas de ellas compactas con geometría y topología complejas.
También se propuso en los setenta que podría haber algo así como una pregeometría que diese lugar a un espacio-tiempo cuántico a escalas pequeñas, pero que a escalas grandes diera lugar a un espacio-tiempo como el descrito por la RG.
En este caso se pretende que el propio espacio o el espacio-tiempo sea generado por la teoría, éste no es sólo un marco en donde suceden las cosas, sino un protagonista. El escenario es un actor, como en RG.

espuma_cuantica

Un buen intento de teoría cuántica de gravedad lo constituye la teoría cuántica de lazos (LQC en sus siglas en inglés). Esta teoría sugiere que el espacio puede tratarse como una fina red tejida con un número finitos de lazos o bucles cuantizados que se denomina red de spin (spin networks). Si incorporamos el tiempo a estas redes entonces tendremos una espuma de spin (spin foam). Abahy Ashtekar fue uno de los fundadores de esta teoría, pero el trabajo está siendo continuado por muchos otros.
Esta teoría no considera más dimensiones que las habituales y trata de incorporar la RG. Conserva muchas características de la RG y a la vez cuantiza el propio espacio-tiempo.

Aunque es una teoría aún por terminar y no se sabe aún si es correcta (se desconoce incluso su dinámica) ya han cosechado algunos spin_networkéxitos. Versiones simplificadas de esta teoría han permitido explorar el estado previo al Big Bang contándonos qué hubo “antes”.
Según esta teoría las propias unidades de espacio sufren un análogo del principio de exclusión de Pauli y no pueden ocupar el mismo estado cuántico (el mismo punto de espacio). Por tanto, existe un límite de comprensión que no se puede cruzar y las singularidades simplemente no se dan nunca. Esto significa que siempre se puede predecir la evolución de un sistema de este tipo.
Según un modelo cosmológico simplificado basado en estas ideas si retrocedemos en el tiempo el Universo se hace cada vez más denso hasta que no se puede comprimir más, pasándose luego a una fase de expansión hacia atrás en el tiempo (colapso en el sentido del tiempo habitual). Por tanto, nuestro universo sería el resultado del rebote de un universo previo que colapsaba bajo los efectos de la gravedad sin pasar por una singularidad. Este resultado ya se expuso en esta web y todavía se debate si nuestro universo tiene o no memoria sobre el universo previo. Quizás el estudio en detalle del fondo cósmico de radiación nos dé pistas al respecto y nos diga si esta teoría va por buen camino.
Otros resultados interesantes de esta teoría tienen que ver con el cálculo de la entropía de agujeros negros. También propone predicciones sobre la velocidad de de fotones hiperenergéticos, que debe de diferir muy poquito respecto a la de la luz debido al efecto que la propia textura del espacio a la escala de Planck tendría sobre ellos. Tal vez el observatorio Fermi nos pueda decir algo al respecto.

Algunas teorías proponen que nuestro universo surgió del rebote de uno previo que colapsaba por gravedad.

Algunas teorías proponen que nuestro universo surgió del rebote de uno previo que colapsaba por gravedad.

Un concepto similar es la de graficidad cuántica, que fue introducido por F. Markopoulou. Se basa en la idea de que a pequeñas escalas y altas energías (las condiciones del Big Bang) el espacio-tiempo no existe. En su lugar, todo lo que hay es una red abstracta de vértices y aristas que forma un grafo y unos hamiltonianos (expresiones que nos dan la energía total de un sistema). En un principio cada nodo o vértice está conectado con todos los demás mediante una arista. Si todos están conectados con todos entonces la noción de espacio desaparece al no poder hacerse un “apilamiento” de estos objetos. Esta fase pregeométrica no dura mucho. Al producirse un enfriamiento de las condiciones se produce una transición de fase en la que algunos vértices se van desconectando de otros, disminuyendo en cada uno de ellos el valor de su grado (su número de conexiones a otros vértices). Como resultado unos nodos terminan por estar “lejos” de otros, apareciendo la idea de distancia y por tanto de espacio. El espacio emerge como una red cristalina regular de nodos, que a gran escala proporciona el espacio suave que observamos. A este proceso lo denomina geometrogénesis.
En esencia el tiempo es “real” y lo que es emergente es el espacio.

geometrogenesis

De momento la capacidad de esta teoría de proporcionar una teoría cuántica de gravedad es escasa, pues los resultados obtenidos hasta ahora son en ausencia de materia, pero alguna de sus predicciones son muy interesantes. Los cálculos en esta teoría se hacen usando simulaciones de Monte Carlo.
Como el Universo partiría de un estado en el que todo estaría conectado con todo, no haría falta una inflación para explicar la homogeneidad del fondo cósmico de microondas que aunque sin conexión causal relativista, las distintas regiones del Universo ya “estarían de acuerdo” incluso antes de que se diera el Big Bang. Según Markopoulou quizás sea posible contrastar esta predicción con las observaciones cosmológicas.
Los teóricos que trabajan en esta idea pretenden obtener otras soluciones en las que la materia se desacople del espacio-tiempo y de lugar a soluciones cosmológicas realistas o iguales a las que proporciona la RG.

Quizás la teoría más provocadora y a la vez simple sea la de los símplices causales (CDT o causal dynamical triangulation) introducida por R. Loll. La idea se basa en algo muy sencillo. Se consideran triángulos cuatridimensionales de espacio-tiempo y se introduce una dinámica mediante la cual se dicta cómo se unen unos a los otros. Esto es similar a la reconstrucción de una superficie a base de triángulos o símplices. En este caso ni la forma ni el tamaño de estos triángulos son importantes porque se toma el límite cuando el volumen tiende a cero. Hay que entender que los triángulos no son entes físicos, sino una mera herramienta matemática.
La causalidad y la presencia de una distinción entre pasado y futuro con su flecha del tiempo juegan un papel esencial en esta teoría. Piénsese que, al contrario que otras teorías en las que el tiempo no existe sino que es una propiedad emergente, en este caso el tiempo es real.

triangulacion

Según Smolin hasta ahora ha sucedido que las teorías recientes más exitosas que pretenden describir la gravedad cuántica toman el tiempo de esta manera y que por tanto el tiempo no es una cualidad emergente, sino que es real.
El tratamiento que se hace de esta teoría es el habitual de la Física Estadística, con métodos computacionales de Monte Carlo.
Pese a que esta teoría tampoco está terminada, a partir de unas reglas muy simples y básicas se llegan a unos resultados asombrosos.
Sus soluciones se obtienen con métodos no perturbativos basados en la suma de historias (un concepto cuántico que introdujo Feyman hace décadas) sobre todas las posibles configuraciones de estos símplices. No se fija un fondo o marco espacio-temporal, sino que éste se desprende como resultado.
Entre sus hallazgos está la predicción de que partiendo de un estado no físico subplanckiano se llega a la escala de Planck en la que el espacio-tiempo tiene dimensión fractal, para finalmente llegar a la escala observable en la que el espacio-tiempo tiene 4 dimensiones. Lo bonito es que la teoría es universal, pues el espacio-tiempo obtenido no depende de los detalles en la forma de discretizar la formulación subplanckiana.

Dimensión espectral frente a tiempo de difusión resultante de la CDT. Los datos son los puntos rojos sobre los que se ajusta una curva. Las líneas verdes son los bordes de las barras de error. Foto: R. Loll.

Dimensión espectral frente a tiempo de difusión resultante de la CDT. Los datos son los puntos rojos sobre los que se ajusta una curva. Las líneas verdes son los bordes de las barras de error. Foto: R. Loll.

Entre las soluciones cosmológicas a las que se llega está la de un universo suave de tipo de Sitter, que es una de las soluciones cosmológicas clásicas que proporciona la RG.
Nótese la gran diferencia entre las 11 dimensiones propuestas por las teorías de cuerdas y las menos de 4 predichas por esta teoría a la escala de Planck.

Martin Reuter ha retomado la idea de punto fijo introducida por Weinberg en los años setenta. La idea de cuantizar la RG falla porque según disminuimos las distancias la fuerza de gravedad aumenta y, como actúa sobre sí misma, se dispara hasta hacerse infinita, perdiéndose la capacidad de describir el espacio-tiempo. Una singularidad en RG es algo normal que aparece en ciertas condiciones, aunque no podamos decir nada sobre ella. Es a las distancias pequeñas cuando la RG debe de ser sustituida por otra teoría alternativa que describa ese submundo de manera satisfactoria. Si aparecen infinitos o algo equivalente en su versión cuántica entonces es un desastre, porque precisamente se cree que una versión cuántica de la gravedad debe de hacer desaparecer singularidades y objetos similares. De otro modo la teoría es inútil al no poder hacer predicciones.
Para evitar este desastre se pensó en la existencia a pequeña escala de un punto fijo a partir del cual la fuerza de gravedad no aumentase. La idea se intentó usar en el pasado y se desechó al no poder avanzar matemáticamente en su desarrollo, pero este investigador la ha retomando porque ahora sí se dispone de más herramientas matemáticas.
Lo más fascinante es que entre sus resultados está que a escalas pequeñas la dimensión del espacio es fractal, justo como la teoría anterior que hemos descrito aquí. Reuter especula que ambas aproximaciones puedan ser equivalentes.

Otra idea novedosa es la desarrollada por Olaf Dreyer, del MIT, y que denomina Internal Relativity. En ella el espacio-tiempo también surge de una pregeometría. Se parte de un conjunto de spines, con spines “arriba” y spines “abajo” distribuidos al azar. A partir de una determinada temperatura el sistema sufre una transición de fase de tal forma que los spines se alinean de manera ordenada formando un determinado patrón. Esto recuerda mucho a los sistemas magnéticos de spines de tipo Ising.
Lo observable después de la transición serían excitaciones de esta red de spines. Estas excitaciones que estarían constituidas por espacio-tiempo y materia.
Algunos aspectos de la Relatividad como la dilatación temporal y la contracción de longitud (simetrías Lorentz) se desprenden de forma natural de esta teoría. Incluso surge la gravedad newtoniana, que a su vez es un límite a baja energía de la RG. De momento este teórico no ha sido capaz de obtener la RG directamente, pero confía en poder hacerlo en el futuro.
También espera que en el fondo cósmico de microondas se puedan observar pistas sobre la existencia de este estado pregeométrico. Si está en lo cierto no habría señales de ondas gravitatorias sobre él. Si el satélite Planck las encuentra esta teoría quedaría dañada.

Petr Hořava, de la Universidad de California en Berkeley, ha encontrado recientemente una solución novedosa al problema de hallar una teoría cuántica de la gravedad que sea renormalizable. Se basa en el abandono de una de las simetrías importantes en la RG: la invarianza bajo transformaciones generales de coordenadas espacio-temporales (difeomorfismos). Gracias a esto consigue reconstruir una teoría que trata el espacio y el tiempo de distinta manera (al introducir la causalidad) y que a distancias cortas se comporta de manera renormalizable en lugar de dispararse al infinito.
La RG surge en el límite de bajas energías (o largas distancias) donde las simetrías y propiedades familiares de la RG emergen de manera natural.
Para geometrías espaciotemporales suaves la dimensión espectral no coincide con la topológica. De nuevo, y sin buscarlo, aparece otra vez (por tercera vez en este reportaje) la dimensión fractal del espacio a la escala de Planck. La discrepancia entre las dos dimensiones sería el resultado de una anisotropía de escala compatible con una estructura causal preferente en el espacio-tiempo. El mundo cuatrimensional que observamos no sería el resultado de una espuma o un apilamiento complejo de “granos espacio-temporales”, sino que se podría explicar gracias a la existencia de una escala anisotrópica en las distancias cortas (escala de Planck) que mantendría una topología espaciotemporal de geometría suave y topológicamente trivial a distancias grandes.

Seguro que en el futuro surgirán otras teorías. Permitamos que los experimentos y observaciones las vayan seleccionando. El asunto sobre la belleza o no de ellas, y su valor como indicadores de verosimilitud, se lo dejamos a los lectores.

Para terminar un fragmento de un poema de Tim Joseph:

Then God created Bohr,
And there was the principle,
And the principle was quantum,
And all things were quantified,
But some things were still relative,
And God saw that it was confusing.

Entonces Dios creó a Bohr,
y hubo un principio,
y el principio era cuántico,
y todas las cosas estaban cuantizadas,
pero algunas cosas era aún relativas,
y Dios vio que era confuso.

Referencias:
Una búsqueda en arXiv.org con los nombres de los autores mencionados proporciona toda una panoplia de artículos técnicos totalmente gratuitos.

Nota: Algunas imágenes están a título de ilustración.

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¿Qué pasa si sólo hay un universo?

Publicado por Jordi Guzman en 8 junio 2009


Lee Smolin, autor del éxito de ventas científico ‘The Trouble with Physics’ y miembro fundador y físico investigador del Instituto Perimeter para Física Teórica en Waterloo, Canadá, escribe exclusivamente en el ejemplar de junio de la revista Physics World darkenergyexplicando por qué las teorías de la cosmología que sugieren que nuestro universo es sólo uno entre muchos – el conocido como multiverso – y de esta forma perpetuar la idea de que el tiempo no existe son erróneas.

Smolin explica cómo las teorías que describen una miríada de posibles universos, con más o menos dimensiones y distintos tipos de partículas y fuerzas, se han hecho cada vez más populares en los últimos años. No obstante, aunque su trabajo con el filósofo brasileño Roberto Mangabeira Unger, Smolin cree que, a pesar de que existen buenas razones para la conclusión de que vivimos en un multiverso atemporal, esas teorías, y la suposición concomitante de que el tiempo no es un concepto fundamental, están “profundamente equivocadas”.

Smolin señala por qué un universo atemporal significa que nuestras leyes de la física no son determinables a partir de los experimentos y cómo la conexión entre las leyes fundamentales, las cuales son únicas y aplicables universalmente a partir de los principios básicos, y las leyes efectivas, las cuales se basan en lo que realmente podemos observar, se hacen poco claras.

Smolin sugiere un nuevo conjunto de principios que espera que comenzarán una aventura con aire fresco en la ciencia donde tengamos que re-idear la idea de ley para aplicarla a un único universo que tiene lugar sólo una vez. Estos principios comienzan con la afirmación de que sólo existe un universo; de que todo lo que es real, lo es en un momento, como parte de una sucesión de momentos; y de que todo lo que es real en un momento es un proceso de cambio que lleva al siguiente o futuros momentos. Tal y como explica, “Si sólo hay un universo, no existe ninguna razón para una separación en leyes y condiciones iniciales, dado que queremos una ley que explique sólo una historia de un universo”.

Si abrazamos la idea de que sólo existe un universo y que el tiempo es una propiedad fundamental de la naturaleza, entonces esto abre la posibilidad de que las leyes de la física evolucionen con el tiempo. Como Smolin escribe: “La idea de trascender nuestras experiencias ligadas al tiempo para descubrir verdades que se mantienen atemporales es una fantasía irrealizable. Cuando la ciencia tiene éxito, no hacemos nada de eso; lo que los físicos realmente hacen es descubrir las leyes que hay en el universo y que experimentamos dentro del tiempo. Esto, afirmaría, debería ser suficiente; cualquier cosa más allá es más una urgencia religiosa buscando la trascendencia que ciencia”.

Artículo traducido y posteado en Ciencia Kanija, el original se publicó en IOP Institute of Physics.

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Cosmología

Publicado por Jordi Guzman en 8 mayo 2009


Como cada mes,  las últimas paginas de Investigación y Ciencia están dedicadas a comentar las novedades de libros de temática científica. En este caso son dos libros: Einstein’s Telescope. The Hunt for Dark Matter and Dark Energy in the Universe de Evalyn Gates editado por W. W. Norton and Company; Nueva York, 2009 y The Oxford Companion to Cosmology de Andrew Liddle y Jon Loveday editado por Oxford University Press, 2009. Y para introducir el tema, en este caso la cosmologia, hay un muy interesante antículo sobre este tema que aquí transcribo. En marzo pasado ya posteé otro interesante artículo del mismo autor. Las negritas son mías.

Cosmología

por Luis Alonso

La ciencia ha dado pasos de gigante en el conocimiento de las realidades extremas del universo, en los dominios de lo mínimo y lo máximo. A escalas parvísimas del reino subatómico, el mo­delo estándar de física de partículas ha suministrado un marco sólido a los blo­ques constituyentes de la materia. En la otra punta del espectro, la relatividad ge­neral establece los fundamentos del mo­delo de la gran explosión inicial (Einstein’s Telescope. The Hunt for Dark Matter and Dark Energy in the Universe). Desde el punto de vista experimental, existen dos formas principales de explorar el mundo de las partículas. El primer enfoque im­plica provocar la colisión entre dos frag­mentos de materia a altísimas energías y observar qué surge del choque, aunque sea de vida efímera. De acuerdo con la ecuación de Einstein, E = me2, parte de la energía de la colisión puede convertir­se en nuevas partículas. El segundo mé­todo consiste en establecer una trampa y esperar qué partículas se capturan o pa­san a través de la misma, dejando tras de sí un rastro de pruebas.

La cosmología —el estudio del univer­so y su evolución— atraviesa un momen­to de particular excitación (The Oxford Companion to Cosmology). Aplicando las teorías de Einstein sobre el espacio y el tiempo, estamos realizando sorprendentes progresos en la aprehensión de la energía y de la materia obscura que integran el grueso del cosmos. La materia obscura fría lambda constituye el modelo actual predominante. En dicho modelo, la ener­gía obscura es el componente principal del universo. Habría un 5 % de materia normal, un 23 % de materia obscura, una nueva clase de materia que no puede observarse directamente y un 72 % de energía obscura, substancia desconocida que alimenta la expansión acelerada del universo.

El modelo estándar de la física de partí­culas describe las partículas fundamenta­les que constituyen la materia normal, la constituida por quarks y electrones, que dan cuenta de nuestro planeta y cuanto en él observamos. Nos ofrece una inter­pretación matemática del mundo suba­tómico —las partículas fundamentales que componen la materia normal y sus interacciones— que ha demostrado un éxito reseñable.

Para describir el universo macroscópico nos valemos de la teoría de la gran ex­plosión (Big Bang), de éxito formidable también. Fue Fred Hoyle quien acuñó la expresión Big Bang en 1949, en un programa de radio de la BBC. Por su parte, este físico inglés defendía una teo­ría antagónica, la del universo de estado estacionario. Hay montañas de pruebas que respaldan el modelo de la gran explosión. El universo, expone, comenzó como un gas denso y caliente de energía que fue enfriándose en el curso de miles de millones de años de expansión del espacio, un proceso que sigue operativo hoy. Pese a su denominación, no fue nin­guna explosión en el espacio, sino una singularidad que supuso el comienzo del espacio y del tiempo.

Hace unos 13.700 millones de años, la parte del universo que percibimos hoy, y probablemente mucho más, se encontra­ba confinada en una región muy densa y caliente, más pequeña que el punto de la i. La temperatura y la densidad se aproximaban al infinito. La temperatura superaba los 1032 grados. Un minuto después de la gran explosión, la tempe­ratura había caído por debajo de los mil millones de grados; protones y neutrones se enlazaron para formar los elementos más ligeros del universo en un proceso de nucleosíntesis. Hidrógeno principal­mente, con helio y litio, constituyeron las primeras masas de gas que ocuparon el universo, gas que en el decurso del tiempo formaría las primeras estrellas. El resto de los elementos surgirían en las estrellas y las galaxias.

Miles de años después de la gran explo­sión, el contenido en energía del universo se hallaba en forma de radiación: luz y partículas aceleradísimas. La materia (par­tículas de movimiento lento) constituía una pequeña fracción. Por fortuna para nuestra presencia, la razón de materia a radiación cambió con la expansión del cosmos; la materia aumentó hasta pre­dominar frente a la radiación, que fue perdiendo gradualmente importancia. En un universo pleno de radiación, la expan­sión del espacio supera la atracción gravitatoria de materia hacia determinadas regiones superdensas; no se deja crecer a las semillas de futuras estrellas y galaxias. La materia debe constituir el componente dominante del cosmos antes de que em­piecen a formarse las galaxias.

Cuando la temperatura cayó por deba­jo de los 3000 grados, unos 380.000 años después de la gran explosión, electrones y protones se unieron para formar áto­mos neutros. La luz se liberó. Conocida como fondo cósmico de microondas, esa luz es un destello de la explosión inicial que se ha convertido en una mina de información cosmológica. Cuando hoy detectamos esa luz, en realidad estamos contemplando una imagen de cómo era el universo unos 400.000 años después del origen de todo. La edad obscura terminó con la creación de las primeras estrellas. Ignoramos el instante preciso en que se formó la primera estrella, que debió de ser unos cientos de millones de años después de la gran explosión.

Nuestro universo consta hoy de unos 100.000 millones de galaxias, cada una con cientos de miles de millones de es­trellas. La temperatura ha caído casi a cero; el fondo cósmico de microondas, que opera como termómetro cósmico, brilló inicialmente a una temperatura de 3000 grados y ahora lo hace a 2,73 grados por encima del cero absoluto.

Para pergeñar la historia del cosmos que acabamos de resumir, los astrofísicos se fundan en tres componentes clave: la expansión del universo, la formación de los elementos ligeros y el fondo cósmico de microondas. En 1929, Edwin Hubble presentaba las primeras pruebas del mu­tuo alejamiento de las galaxias, manifes­tación de que vivimos en un universo en expansión. Por su parte, la nucleosíntesis nos faculta para establecer predicciones precisas sobre la concentración de los ele­mentos ligeros en un cosmos precoz. Por último, el fondo cósmico de microondas, detectado en 1965, reveló una temperatu­ra que resultaba coherente con las predic­ciones sobre un universo que empezó en un estado denso y caliente para ir luego expandiéndose y enfriándose.

Mas, a medida que hemos ido ahon­dando en la comprensión de la evolu­ción del cosmos, las observaciones revelan con creciente vigor otro trío de puntos clave: existe mucha más materia en el universo que la concentrada en estrellas y galaxias; en cuantía predominante, esa materia oculta no puede estar constituida por partículas del modelo estándar; por último, la mayor parte del universo no consta de ningún tipo de materia.

En 1933, Fritz Zwicky firmó el pri­mer trabajo en el que se hablaba del componente obscuro del cosmos. Puso su mirada sobre el cúmulo de Coma, que consta de más de mil galaxias que giran alrededor del interior del núcleo a velocidades increíbles, guiada su rotación por la atracción gravitatoria de la masa contenida en el cúmulo. Sabido es que la fuerza de la gravedad, la más débil de las cuatro fundamentales, constituye el prin­cipal motor y conformador del universo. Zwicky se centró en ocho de esas galaxias y descubrió que todas desarrollaban un movimiento mucho más rápido de lo previsto. Las galaxias tenían velocidades de hasta tres millones de kilómetros por hora, lo que entrañaba que el cúmulo contenía 50 veces más masa que la que correspondería a la suma total de todas las galaxias integrantes. En su artículo, escrito en alemán, Zwicky sugería la po­sibilidad de que sus observaciones im­plicaran la existencia de dunkle Materie, esto es, materia obscura. Tres años más tarde, Sinclair Smith halló un resultado semejante para el cúmulo de Virgo.

En 1970, Vera Rubin y Kent Ford es­tudiaban la galaxia de Andrómeda (co­nocida también por M31) y, mediante la medición de las velocidades a las que orbitan las nubes de gas, hallaron que también esa galaxia debía contener eleva­das cantidades de materia obscura. Dichas velocidades requieren el tirón gravitatorio de muchísima más materia que la que puede contemplarse en la masa combi­nada de sus estrellas y polvo.

Hace unos 13 años, dos grupos in­dependientes, uno dirigido por Saúl Perlmutter, del Laboratorio Nacional Lawrence en Berkeley, y el otro encabe­zado por Brian Schmidt, del observato­rio de Monte Stromlo y del observatorio Siding Spring, comenzaron a observar supernovas remotas. Descubrieron un fenómeno sorprendente. En principio, la mutua atracción gravitatoria debía poner freno al impulso centrípeto de las galaxias, pero en vez de ir amortiguando su paso, observaron que el universo lo estaba acelerando. Debía, pues, mediar la intervención de una energía descono­cida, obscura, que alimentara la acelera­ción. La gravedad, considerada antaño el agente principal, está cediendo el con­trol del cosmos a esa entidad exótica. El hallazgo mereció la distinción de “hito del año”, correspondiente a 1998, por la revista Science. La expresión “energía obscura” fue acuñada por Michael Turner ese mismo año.

Podemos emplear lentes gravitatorias en la búsqueda de materia y de energía obscuras. Hemos comenzado a seguir la traza de materia obscura que rodea a las galaxias y domina la cuantía de masa del universo. Hemos empezado a ahondar en la estructura del universo en regiones donde puede encontrarse la luz. El fenómeno de las lentes gravitatorias constituye la única vía para cartografiar las hebras y filamentos de materia obs­cura que cruzan el universo. ¿En qué consiste la materia obscura? No está hecha de antimateria, cuyas partículas (antiprotones, por ejemplo) fueron ani­quiladas por partículas de materia en una fase temprana de la historia del universo. ¿De qué consta, pues? Se han propuesto, entre otros candidatos, los agujeros ne­gros, enanas marrones, cuerdas cósmicas, axiones, neutrinos, monopolos y varias partículas exóticas, como las partículas masivas débilmente interaccionantes.

Parte de la materia obscura es ma­teria bariónica normal, que no ha sido incorporada dentro de las estrellas y, por tanto, no brilla con esplendor suficiente para poder ser percibida. Las observacio­nes concernientes a la concentración de elementos primordiales (“nucleosíntesis”) y las anisotropías de la radiación cósmi­ca de microondas suministran pruebas sólidas de que la densidad de materia bariónica existente en el mundo se acerca al 4 o 5 por ciento de la densidad crítica. Un cómputo directo de la materia visible nos da una respuesta mucho menor, en torno al 0,5 por ciento de la densidad crítica.

La materia obscura fría constituye la hi­pótesis estándar de los cosmólogos. Se dis­tingue de otras formas de materia obscura en razón de sus partículas componentes, que tienen velocidad no relativista. Lo mismo que cualquier candidato a materia obscura, el papel de la materia obscura fría estriba en suministrar la atracción gra­vitatoria necesaria para explicar un exten­so abanico de fenómenos astrofísicos y cosmológicos que hasta ahora han escapa­do a la detección directa; sus interacciones con la materia normal deben ser extre­madamente débiles o inexistentes. Esto excluye la posibilidad de interacciones a través de las fuerzas fundamentales nu­clear fuerte y electromagnética, en tanto que deja abierta la posibilidad de interac­ciones nucleares débiles. Se supone que está constituida por partículas elementales fundamentales, como las predichas por la supersimetría: entre ellas, las WIMP (acrónimo de “Weakly Interacting Massive Particles”), donde el término “débil” remite a la fuerza nuclear débil.

Por su parte, la materia obscura calien­te designa la candidata a materia obscu­ra cuya velocidad desempeña un papel significativo en la determinación de su ubicación. El candidato clásico a materia obscura caliente es el neutrino, un tipo de partícula elemental producido en la desintegración radiactiva y que se supone abundó en un universo incipiente. Los neutrinos son partículas que interaccionan débilmente, lo que significa que sus propiedades fundamentales resultan muy difíciles de medir. Las cosmologías de materia obscura caliente alcanzaron su apogeo en los años ochenta, cuando las pruebas experimentales sugirieron que el neutrino electrónico (asociado con la desintegración nuclear beta) podía tener una masa que se escondiera en el ran­go crucial que predecía una abundancia cósmica sustancial.

Durante un tiempo, la materia obscura fría y la materia obscura caliente compi­tieron por erigirse en la teoría a adoptar sobre la formación y agrupación de ga­laxias. El modelo de materia obscura fría se conoció por modelo “de abajo arriba”, mientras que el de materia obscura ca­liente fue conocido por modelo “de arriba abajo”. Aquél refleja un proceso jerarqui­zante, donde las estructuras más pequeñas (galaxias enanas) se forman primero y se ensamblan después en estructuras cada vez mayores, conforme la atracción gravitatoria tira de ellas. En nuestro actual universo, este proceso ha alcanzado el estadio de ensamblar grandes cúmulos galácticos de unas 1015 masas solares, que corresponden grosso modo a unas mil ve­ces la masa de la Vía Láctea.

De acuerdo con el modelo cosmológi­co estándar, en el cosmos predomina la energía obscura, de naturaleza desconoci­da y que nos remite a la entidad capaz de explicar la aceleración, según nos revelan las observaciones de la luminosidad de supernovas remotas. Reclama también la existencia de la energía obscura la nece­sidad de reconciliar la planitud espacial observada del universo con la densidad subcrítica de materia. El modelo más sencillo de energía obscura es la constante cosmológica, que mantiene una densi­dad fija en un universo que se expande. Los cosmólogos han considerado otras posibilidades. Una opción alternativa a la energía obscura consiste en postular que la ley de la gravedad pudiera ser modificada desde la hipótesis usual de la relatividad general, cuyos ejemplos más recientes guardan relación con la idea del mundo de branas.

Artículo publicado en Investigación y Ciencia nº 392

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Agujeros negros vagabundos pueden deambular por la Vía Láctea

Publicado por Jordi Guzman en 30 abril 2009


Puede sonar como el argumento de una película de ciencia-ficción: agujeros negros vagabundos deambulando por nuestra galaxia, amenazando con tragarse cualquier cosa que se aproxime demasiado. De hecho, según unos nuevos cálculos de Ryan O’Leary y Avi Loeb (Centro Harvard-Smithsoniano para Astrofísica) sugiere que cientos de agujeros negros masivos, restos de los días de construcción de las galaxias en los inicios del universo, pueden vagar por la Vía Láctea.lores

Sin embargo hay buenas noticias: La Tierra está a salvo. El agujero negro vagabundo más cercano se situaría a miles de años luz de distancia. Los astrónomos están impacientes por localizarlos, no obstante, por las pistas que proporcionarían sobre la formación de la Vía Láctea.

“Estos agujeros negros son reliquias del pasado de la Vía Láctea”, dijo Loeb. “Podría decirse que somos arqueólogos estudiando esos reliquias para aprender sobre la historia de nuestra galaxia y la historia de la formación de los agujeros negros en los inicios del universo”.

De acuerdo con la teoría, los agujeros negros vagabundos originalmente merodeaban por el centro de diminutas galaxias de masa baja. A lo largo de miles de millones de años, esas galaxias enanas impactaron entre sí para formar galaxias de gran tamaño como la Vía Láctea.

Cada vez que dos proto-galaxias con agujeros negros centrales colisionaban, sus agujeros negros se fundían para formar un único agujero negro “reliquia”. Durante la fusión, la emisión direccional de radiación gravitatoria causaría que el agujero negro retrocediera. Un empujón típico enviaría el agujero negro volando hacia el exterior lo bastante rápido para escapar de su galaxia enana madre, pero no lo bastante para abandonar el vecindario galáctico por completo. Como resultado, tales agujeros negros aún estarían por los alrededores actualmente en los límites exteriores del halo de la Vía Láctea.

Cientos de agujeros negros vagabundos deberían estar viajando por las fronteras de la Vía Láctea, cada uno de ellos conteniendo una masa de entre 1000 y 100 000 soles. Sería difícil observarlos dado que por sí mismo el agujero negro sólo es visible cuando está tragando, o acretando, materia.

Una señal reveladora que podría marcar un agujero negro vagabundo: un cúmulo rodeado de estrellas arrastrado desde la galaxia enana cuando el agujero negro escapó. Sólo las estrellas más cercanas al agujero negro habrían sido arrastradas por lo que el cúmulo sería muy compacto.

Debido al pequeño tamaño del cúmulo en el cielo, aparece como una única estrella, los astrónomos tendrían que buscar pistas más sutiles para su existencia y origen. Por ejemplo, su espectro mostraría que estaban presentes múltiples estrellas, junto con la producción de líneas espectrales más amplias. Las estrellas del cúmulo se moverían rápidamente, con sus caminos influidos por la gravedad del agujero negro.

“El cúmulo estelar de alrededor actúa de forma muy parecida a un faro que señala un arrecife peligroso”, explicó O’Leary. “Sin las estrellas brillando para guiar nuestro camino, sería imposible encontrar los agujeros negros”.

El número de agujeros negros de nuestra galaxia depende de cuántos de los bloques básicos proto-galácticos contenían agujeros negros en sus núcleos, y cómo se fusionaron para formar la Vía Láctea. Encontrarlos y estudiarlos proporcionará nuevas pistas sobre la historia de nuestra galaxia.

Situar los cúmulos estelares indicadores puede resultar relativamente simple.

“Hasta ahora, los astrónomos no buscaban tal población de cúmulos estelares altamente compacto en el halo de la Vía Láctea”, dijo Loeb. “Ahora que sabemos lo que esperar, podemos examinar estudios del cielo existentes buscando esta nueva clase de objetos”.

El artículo de Loeb y O’Leary’s se publicará en la revista Monthly Notices of the Royal Astronomical Society y está disponible online en
http://arxiv.org/abs/0809.4262
.

Artículo traducido y posteado en Ciencia Kanija, el original se publicó en Center of Astrophysics y sus autores son David A. Aguilar/Christine Pulliam.

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Observado el objeto más lejano en el universo

Publicado por Jordi Guzman en 29 abril 2009


Los astrónomos han observado el objeto más lejano en el universo confirmado hasta el momento – una estrella auto-destructiva que explotó a 13 100 millones de años luz de la Tierra. Detonó apenas 640 millones de años tras el Big Bang, alrededor del final de la “edad oscura” cósmica”, cuando las primeras estrellas y galaxias iluminaban el espacio.

En el centro de la imagen, en falso color, el GRB 090423 tomada por el Observatorio Gemini. Es la explosión cósmica más lejana nunca vista. (clic para ampliar)

En el centro de la imagen, en falso color, el GRB 090423 tomada por el Observatorio Gemini. Es la explosión cósmica más lejana nunca vista. (clic para ampliar)

El objeto es un estallido de rayos gamma (GRB) – el tipo más brillante de explosión estelar. Los GRBs tienen lugar cuando las estrellas giratorias masivas colapsan para formar agujeros negros y expulsan chorros de gas casi a la velocidad de la luz. Estos chorros envían rayos gamma hacia nuestro camino, junto con “resplandor” en otras longitudes de onda, los cuales se producen cuando los chorros calientan el gas de los alrededores.

El estallido, llamado GRB 090423 por la fecha de su descubrimiento el pasado jueves, fue originalmente observado por el satélite Swift de la NASA a las 0755 GMT.

En una hora, los astrónomos empezaron a configurar los telescopios terrestres sobre la misma zona del cielo para estudiar el resplandor infrarrojo de los estallidos. Algunas de las primeras observaciones se realizaron desde Mauna Kea en Hawai con el Telescopio Infrarrojo del Reino Unido y el telescopio Géminis Norte.

Otros telescopios midieron más tarde el espectro del resplandor, revelando que el estallido detonó aproximadamente a 13 100 millones de años luz de la Tierra. “Es el estallido de rayos gamma a mayor distancia, pero también es el objeto más lejano en todo el universo”, dice Edo Berger del Centro Harvard-Smithsoniano para Astrofísica, miembro del equipo que observó el resplandor con el Géminis Norte.

Luz estirada

Para calcular la distancia del objeto, los astrónomos miden cuánto se ha estirado la luz de un objeto, o se ha enrojecido, por la expansión del espacio. Este estallido tiene un desplazamiento al rojo de 8,1, más distante que el anterior poseedor del récord para los GRBs, que tenía un desplazamiento al rojo de 6,7.

Otros astrónomos han afirmado encontrar galaxias incluso a distancias mayores – en desplazamientos al rojo de 10 y 9, pero esos hallazgos aún son ambiguos, dice Joshua Bloom de la Universidad de California en Berkeley, quien observó el resplandor usando el telescopio Géminis Sur en Chile. Hasta ahora, el poseedor del récord para la galaxia más alejada tenía un desplazamiento al rojo confirmado de 6,96.

La inmensa distancia al estallido hace que la estrella ahora muerta sea el objeto más antiguo descubierto en una era llamada reionización, la cual tuvo lugar en los primeros mil millones de años tras el Big Bang. En esa época, una niebla oscura de átomos de hidrógeno neutro fueron abrasados por la radiación procedente de las primeras estrellas y galaxias, y posiblemente también procedente de la aniquilación de las partículas de materia oscura.

‘Evento de división

“Para la astronomía, este es un evento de división”, dijo Bloom a New Scientist. “Este es el inicio del estudio del universo tal y como era antes de que la mayor parte de la estructura que conocemos actualmente existiera”.

La época del periodo de reionización aún no está clara, dice Bloom. Si los astrónomos pueden encontrar más estallidos de rayos gamma a distancias incluso mayores, podrían usar sus espectros para determinar cómo de rápido se hizo transparente el universo y cuál fue el responsable del proceso.

“En principio, puedes ver tiempos muy remotos del universo [con los GRBs], cuando todo era demasiado tenue”, dice Nial Tanvir de la Universidad de Leicester en el Reino Unido, miembro de un equipo que usó el Telescopio Muy grande en Chile para hacer una de las primeras medidas de la distancia del estallido.

Los estallidos distintas podrían también ayudar a señalar las posiciones de tenues galaxias anfitrionas de GRBs que podrían ser detectadas por telescopios espaciales como el en breve restaurado Telescopio Espacial Hubble o el Telescopio infrarrojo James Webb de la NASA, que tiene previsto su lanzamiento en 2013.

Sensible y rápido

Pero construir una descripción del inicio del universo requerirá encontrar muchos más estallidos lejanos, y progresar en el descubrimiento de estallidos lejanos que se han frenado. Swift ha encontrado 120 estallidos con distancias medidas, pero sólo tres – incluyendo este – datan de los primeros mil millones de años de la historia del universo.

Esto es así, en parte, debido a que las estrellas no se formaron a índices altos en los inicios del universo, antes de un desplazamiento al rojo de 5, y por tanto no explotan tan a menudo como GRBs.

Pero también se debe a que los detectores infrarrojos que son tanto lo bastante sensibles como lo bastante rápidos para medir estos lejanos resplandores de GRBs de vida corta han estado operativos hace muy poco tiempo. Como resultado, los astrónomos pueden haber pasado por alto la identificación de algunos de los GRBs más lejanos identificados por Swift.

Berger espera que el descubrimiento de este objeto acelerará el desarrollo de nuevos telescopios que podrían descubrir tales resplandores con una eficiencia incluso mayor.

“Como un objeto simple, [el estallido] es una prueba de concepto asombrosa”, dice Berger. “Creoq ue hemos demostrado que merece la pena la inversión debido a que [los estallidos lejanos] existen en realidad”.

La NASA está considerando patrocinar uno de tales telescopios, conocido como Satélite de Astrofísica Conjunta del Universo Naciente (JANUS), para este año.

Artículo traducido y posteado en Ciencia Kanija, el original se publicó en NewScientist y su autora es Rachel Courtland. La imagen es de APOD.

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¿Realmente existe la energía oscura?

Publicado por Jordi Guzman en 27 marzo 2009


La expansión desigual del espacio, provocada por variaciones en la densidad de la materia a escala épica, podría producir los efectos que los astrónomos atribuyen convencionalmente a la energía oscura. Don Dixon

La expansión desigual del espacio, provocada por variaciones en la densidad de la materia a escala épica, podría producir los efectos que los astrónomos atribuyen convencionalmente a la energía oscura. Don Dixon

¿O la tierra ocupa un lugar muy poco usual en el universo?

En la ciencia, las mayores revoluciones a menudo vienen disparadas por las discrepancias más pequeñas. En el siglo XVI, basándose en lo que daba la impresión a sus contemporáneos de ser esotéricas minucias en los movimientos celestes, Copérnico sugirió que la Tierra no era, de hecho, el centro del universo. En nuestra propia era, otra revolución comenzó hace 11 años con el descubrimiento de que el universo se aceleraba. Una minúscula desviación en el brillo de las estrellas en explosión llevó a los astrónomos a concluir que no tenían idea de en qué consistía el 70 por ciento del cosmos. Todo lo que podían decir es que el espacio estaba repleto de una sustancia distinta a las demás que empujaba la expansión del universo en lugar de volver a reunirlo. Esta sustancia se conoció como energía oscura.

Ahora, una década más tarde, la energía oscura sigue siendo tan misteriosa que algunos cosmólogos están revisitando los postulados fundamentales que les llevaron a deducir su existencia en un primer momento. Uno de estos es el producto de una revolución anterior: el Principio Copernicano de que la Tierra no es central ni tiene ninguna otra posición especial en el universo. Si descartamos este principio básico, surge una descripción asombrosamente diferente de lo que podemos tener en cuenta sobre las observaciones.

Para la mayor parte de nosotros es familiar la idea de que nuestro planeta no es más que una mota de polvo orbitando una estrella común, en algún punto cerca del borde de una galaxia corriente. Estamos en mitad de un universo poblado por miles de millones de galaxias que se extienden hasta nuestro horizonte cósmico, y esto nos ha llevado a creer que no hay nada especial ni único en nuestra posición. ¿Pero cuáles son las pruebas para esta humildad cósmica? ¿Y cómo seríamos capaces de decir si estamos en un lugar especial? Los astrónomos normalmente pasan por alto estas preguntas suponiendo que el hecho de que seamos tan corrientes, es suficientemente obvio para garantizar para no entrar en mayores discusiones. Tratar la idea de que puede que, de hecho, tengamos una posición especial en el universo es, para muchos, impensable. No obstante, esto es exactamente lo que un pequeño grupo de astrofísicos de todo el mundo ha estado considerando recientemente.

Irónicamente, suponer que nosotros somos insignificantes ha otorgado a los cosmólogos un gran poder de explicación. Esto nos ha permitido extrapolar lo que vemos en nuestra vecindad cósmica a todo el universo. Se han llevado a cabo grandes esfuerzos para construir nuevos y vanguardistas modelos del universo basados en el principio cosmológico de generación del Principio Copernicano que afirma que en cualquier momento dado del tiempo todos los puntos y direcciones del espacio parecen el mismo. Combinado con nuestra visión moderna del espacio, el tiempo y la materia, el principio cosmológico implica que el espacio se expande, que el universo se enfría y que está poblado por reliquias de sus calientes predecesores, todas estas predicciones corroboradas por observaciones.

Los astrónomos encontraron, por ejemplo, que la luz de las galaxias lejanas es más roja que las de las galaxias cercanas. Este fenómeno, conocido como desplazamiento al rojo, está claramente explicado como un alargamiento de las ondas de luz debido a la expansión del espacio. Además, los detectores de microondas revelan un telón casi perfectamente luso de radiación emanando de tiempos muy remotos: el fondo de microondas cósmico, una reliquia de la bola de fuego primordial. Huelga decir que estos éxitos son en parte resultado de nuestra propia humildad, cuando menor es nuestra propia relevancia, más podemos decir sobre el universo.

La oscuridad se cierne

Entonces, ¿por qué cambiarlo todo? Si el principio cosmológico tiene tanto éxito, ¿por qué deberíamos cuestionarlo? El problema es que recientes observaciones astronómicas han estado generando resultados muy extraños. A lo largo de la última década los astrónomos han encontrado que para un desplazamiento al rojo dado, las lejanas explosiones de supernovas parecen más tenues de lo esperado. El desplazamiento al rojo mide la cantidad de espacio que se ha expandido. Midiendo cuánta luz de las lejanas supernovas se ha desplazado al rojo, los cosmólogos pueden inferir cuánto más pequeño era el universo en la época de las explosiones comparado con el tamaño actual del universo. Cuanto mayor es el desplazamiento al rojo, mejor era el universo cuando estalló la supernova y por tanto más se ha expandido el universo entre ese momento y el actual.

El brillo observado de una supernova proporciona una medida de su distancia a nosotros, lo cual a su vez revela cuánto tiempo ha pasado desde que tuvo lugar el estallido. Si una supernova con un desplazamiento al rojo dado se atenúa más de lo esperado, entonces tal supernova debe estar más lejos de lo que los astrónomos había pensado. Su luz ha necesitado más tiempo para llegar hasta nosotros, y de aquí que el universo deba haber tenido más tiempo para crecer hasta su punto actual. Consecuentemente, el índice de expansión debe haber sido más lento en el pasado de lo que es en la actualidad. De hecho, las lejanas supernovas son lo bastante tenues como para que la expansión del universo deba haberse acelerado de forma que encajen con el actual índice de expansión.

Esta expansión acelerada es la gran sorpresa que disparó la revolución actual en la cosmología. La materia del universo debería tirar del tejido del espacio-tiempo, frenando la expansión, pero los datos de supernovas sugieren otra cosa. Si los cosmólogos aceptan el principio cosmológico y suponen que esta aceleración es igual en todos sitios, nos lleva a la conclusión de que el universo debe estar impregnado de una exótica forma de energía, la energía oscura, que ejerce una fuerza repulsiva.

Nada que encaje con la descripción de la energía oscura aparece en el Modelo Estándar de partículas fundamentales y fuerzas de la física. Es una sustancia que aunque no se ha medido de forma directa, tiene propiedades distintas a cualquier otra cosa que se haya visto y tiene una densidad de energía de aproximadamente 10120 veces menos de lo que se había ingenuamente esperado. Los físicos tienen ideas de lo que podría ser, pero siguen siendo especulativas. Para abreviar, estamos en gran parte a oscuras sobre la energía oscura. Los investigadores trabajan en un número de ambiciosas y caras misiones espaciales y terrestres para encontrar y caracterizar la energía oscura, sea lo que sea. Para muchos, es el mayor reto al que se enfrenta la cosmología moderna.

Una alternativa más lumiosa

Enfrentados a algo tan extraño y aparentemente improbable, algunos investigadores están revisitando el razonamiento que les llevó a esto. Una de las primeras suposiciones que se están cuestionando es si vivimos en una parte representativa del universo. ¿Podría tenerse en cuenta las pruebas de la energía oscura de otra forma si abandonásemos el principio cosmológico?

En el marco convencional, hablamos de la expansión del universo como un todo. Es muy similar a cuando hablamos de un globo que se hincha: discutimos cómo de grande puede ser todo el globo, no cuánto se infla cada zona aislada del globo. Pero todos hemos tenido alguna experiencia con esos molestos globos de fiesta que se inflan de forma desigual. Un anillo se amplia rápidamente, y el final necesita un rato para terminarse. En una visión alternativa del universo, una que abandone el principio cosmológico, el espacio también se expande de forma desigual. Surge de esta forma una descripción más compleja del cosmos.

Considera el siguiente escenario, sugerido por primera vez por George Ellis, Charles Hellaby y Nazeem Mustapha, todos de la Universidad de Ciudad del Cabo en Sudáfrica, y posteriormente continuado por Marie-Noelle Celerier del Observatorio París-Meudon de Francia. Supón que el índice de expansión está frenándose en todos lados, conforme la materia tira del espacio-tiempo y lo frena. Supón, además, que vivimos en un gigantesco vacío cósmico no totalmente vacío, sino uno en el cual la densidad media de materia es sólo la mitad o tal vez un tercio de la densidad exterior. Cuanto más vacía es una zona, menos materia contiene para frenar la expansión del espacio; de acuerdo con esto, el índice de expansión local es más rápido dentro del vacío que en el resto. El índice de expansión es más máximo en el centro del vacío y disminuye hacia los bordes, donde la mayor densidad exterior comienza a hacerse sentir. En un momento dado distintas partes del espacio se expandirán a índices diferentes, como el globo de fiesta que se infla de forma desigual.

Ahora, imagina que las supernovas estallan en distintas partes de este universo no homogéneo, algunas más cerca del centro del vacío, otras más cerca de los bordes y otras fuera del mismo. Si estamos cerca del centro del vacío u una supernova está lejos, el espacio se expande más rápido en nuestra vecindad de lo que lo hace en la posición de la supernova. Cuando la luz de la supernova viaja hacia nosotros, pasa a través de regiones que se expanden a índices incluso mayores. Cada región estira la luz una cierta cantidad cuando pasa por ella, y el efecto acumulativo produce el desplazamiento al rojo que observamos. La luz que viaja una distancia dada está desplazada al rojo menos de lo que lo estaría si todo el universo se expandiera a nuestro ritmo local. Inversamente, para lograr un cierto desplazamiento al rojo en tal universo, la luz tiene que viajar una distancia mayor de lo que lo haría en uno que se expandiera de manera uniforme, en cuyo caso la supernova tiene que estar más lejos y por tanto parecer más tenue.

Otra forma de decir esto es que la variación del índice de expansión con la posición imita una variación con el tiempo. De esta forma, los cosmólogos pueden explicar las inesperadas observaciones de supernova sin invocar a la energía oscura. Para que funcione tal explicación alternativa, tendríamos que vivir en un vacío de proporciones verdaderamente cósmicas. Las observaciones de supernova se extenderían a miles de millones de años luz, una fracción significativa de todo el universo observable. Un vacío tendría que tener un tamaño similar. Enorme para (casi) todos los estándares.

Una posibilidad exagerada

Entonces, ¿cómo de abrumador es este vacío cósmico? A primera vista, mucho. Parecería volar en la cara del fondo de microondas cósmico, el cual es uniforme en una parte en cada 100 000, por no mencionar la distribución aparentemente uniforme de las galaxias. Una inspección más detallada, no obstante, muestra que esta prueba puede que no sea tan concluyente.

La uniformidad de la antigua radiación requiere que el universo tenga casi el mismo aspecto en todas direcciones. Si es un vacío aproximadamente esférico y estamos razonablemente cerca del centro, estas observaciones no lo excluyen necesariamente. Además, el fondo de microondas cósmico tiene algunas características análogas que podrían explicarse potencialmente mediante inhomogeneidad a gran escala.

Para la distribución de galaxias, los estudios actuales no se extienden lo suficiente para descartar un vacío del tamaño que imitaría la energía oscura. Identifican vacíos menores, filamentos de materia y otras estructuras de cientos de millones de años luz de tamaño, pero el famoso vacío es de un orden de magnitud mayor. Actualmente estamos en un animado debate en la astronomía sobre si los estudios de galaxias corroboran el principio cosmológico. Un reciente análisis de David Hogg de la Universidad de Nueva York y sus colaboradores indican que las mayores estructuras del universo tienen aproximadamente 200 millones de años luz de tamaño; a mayores escalas, la materia parece distribuirse equitativamente, de acuerdo con el principio. Pero Francesco Sylos Labini del Centro Enrico Fermi en Roma y sus colegas argumentan que las mayores estructuras descubiertas hasta el momento están limitadas sólo por el tamaño de los estudios galácticos que las encontraron. Por lo que estructuras mayores podrían extenderse más allá del ámbito de los estudios.

Análogamente, supón que tienes un mapa mostrando una región de 10 kilómetros de anchura, en la cual un camino se extiende de un lado a otro. Sería un error concluir que el camino más largo posible es de 10 kilómetros de largo. Para determinar la longitud del camino más largo, se necesitaría un mapa que muestre claramente los extremos de todos los caminos, de tal forma que sepas su extensión total. De forma similar, los astrónomos necesitarían un estudio de galaxias que sea mayor que las mayores estructuras del universo si quieren demostrar el principio cosmológico. Si los estudios son ya lo bastante grandes, es el tema del debate.

Para los teóricos, también, un colosal vacío es difícil de tragar. Todas las pruebas disponibles sugieren que las galaxias y estructuras mayores como filamentos y vacíos crecen a partir de semillas cuánticas microscópicas que la expansión cósmica agrandó a proporciones astronómicas, y la teoría cosmológica hace formes predicciones de cuántas estructuras deberían existir con un cierto tamaño. Cuanto más grande es una estructura, más rara debería ser. La probabilidad de un vacío lo bastante grande para imitar la energía oscura es menor de una parte en 10100. Los vacíos gigantes pueden perfectamente existir ahí fuera, pero la posibilidad de encontrar uno en nuestro universo observable sería diminuta.

Aún así, existe una posible brecha. A principios de la década de 1990 uno de los autores de lo que ahora es el modelo estándar de los inicios del universo, Andrei Linde, y sus colaboradores de la Universidad de Stanford demostró que aunque los vacíos gigantes son raros, se expanden rápidamente al inicio y llegaron a dominar el volumen del universo. La probabilidad de que los observadores se encuentren a sí mismo dentro de tal estructura no son tas escasas después de todo. Este resultado demuestra que el principio cosmológico (que no vivimos en un lugar especial del universo) no siempre es lo mismo que el principio de mediocridad (que somos los observadores comunes). Se puede, por lo que parece, ser tanto común como vivir en un lugar especial.

Comprobando el vacío

¿Qué podrían decirnos las observaciones sobre si el universo está dirigido por la energía oscura o si vivimos en un lugar especia, como el centro de un gigantesco vacío? Para probar la presencia de un vacío, los cosmólogos necesitan un modelo que funcione de cómo es espacio, el tiempo y la materia deberían comportarse en su vecindad. Tal modelo se formuló en 1933 por Abb Georges Lemaitre, e independientemente re-descubierto un año más tarde por Richard Tolman y posteriormente desarrollado después de la Segunda Guerra Mundial por Hermann Bondi. El universo que imaginaron tenía unos índices de expansión que dependían no sólo del tiempo sino también de la distancia a un punto específico, justo como ahora se teoriza.

Con el modelo de Lemaitre-Tolman-Bondi en la mano, los cosmólogos pueden hacer predicciones sobre un rango de cantidades observables. Para empezar, considera la supernova que llevó en primer lugar a deducir la energía oscura. Cuantas más supernovas observan los astrónomos, más precisamente pueden reconstruir la historia de la expansión del universo. Estrictamente hablando, estas observaciones no pueden descartar el modelo del vacío, dado que los cosmólogos podrían recrear cualquier conjunto de datos de supernovas eligiendo una forma adecuada para el vacío. Para que un vacío fuese completamente indistinguible de la energía oscura, tendría que tener algunas propiedades realmente extrañas.

La razón es que la famosa expansión acelerada tiene lugar hasta el momento actual. Para que un vacío lo imite exactamente, el índice de expansión debe decrecer acusadamente lejos de nosotros y en cada dirección. Por tanto, la densidad de materia y energía debe incrementarse acusadamente lejos de nosotros y en cada dirección. El perfil de densidad debe tener un aspecto similar al de un sombrero de bruja del revés, la punta del sombrero corresponde con dónde vivimos. Tal perfil iría contra toda nuestra experiencia de qué aspecto tendrían las estructuras del universo: normalmente son lisas, no punteadas. Aún peor, Ali Van der Veld y Anna Flanagan, ambos de la Universidad de Cornell, demostraron que la punta del sombrero, donde vivimos, tendría que ser una singularidad, como las regiones ultradensas en el centro de un agujero negro.

No obstante, si el vacío tiene un perfil de densidad liso más realista, entonces aparece una firma observacional distintiva. Los vacíos lisos aún producen observaciones que podrían ser confundidas con la aceleración, pero su carencia de puntos indican que no reproducen exactamente los mismos resultados que la energía oscura. En particular, el índice aparente de aceleración varía con el desplazamiento al rojo de una forma reveladora. En un artículo junto a Kate Land, entonces en la Universidad de Oxford, demostramos que varios cientos de nuevas supernovas, sobre los cientos que tenemos actualmente, deberían ser suficientes para zanjar el tema. Las misiones de observación de supernovas son una muy buen opción de lograr pronto este objetivo.

Las supernovas no son las únicas observaciones disponibles. Jeremy Goodman de la Universidad de Princeton sugirió otra posible prueba en 1995 usando el fondo de microondas cósmico. En ese momento, la mejor prueba de la energía oscura aún no había surgido, y Goodman no estaba buscando explicación para ningún fenómenos de supernovas inexplicado, sino una prueba para el propio Principio Copernicano. Su idea era usar lejanos cúmulos de galaxias como espejos para observar el universo desde distintas posiciones, como un vestidor celestial. Los cúmulos de galaxias reflejan una pequeña fracción de la radiación de microondas que impacta en ellos. Midiendo cuidadosamente el espectro de esta radiación, los cosmólogos podrían deducir algunos aspectos de cómo se vería el universo si se observara desde uno de ellos. Si un desplazamiento en nuestro punto de vista cambiara el aspecto del universo, sería una poderosa prueba para un vacío o una estructura similar.

Dos equipos de cosmólogos pusieron a prueba esta idea recientemente. Robert Caldwell de Dartmouth College y Albert Stebbins del Laboratorio del Acelerador Nacional Fermi en Batavia, Illinois, estudiaron medidas precisas de las distorsiones en el fondo de microondas, y Juan Garcíaa-Bellido de la Universidad de Madrid y Troels Haugbolle de la Universidad de Aarhus en Dinamarca observaron directamente a un cúmulo aislado. Ninguno de los grupos detectó un vacío; lo más que pudieron hacer los investigadores fue refinar las propiedades que podría tener tal vacío. El satélite Planck Surveyor, sque está previsto que se lance este mes, debería ser capaz de colocar límites más estrictos a las propiedades del vacío y tal vez descartarlo por completo.

Una tercera aproximación, defendida por Bruce Bassett, Chris Clarkson y Teresa Lu, de la Universidad de Ciudad del Cabo, es hacer medidas independientes del índice de expansión en distintas posiciones. Los astrónomos normalmente miden los índices de expansión en términos de desplazamiento al rojo, el cual es el efecto acumulativo de la expansión de todas las regiones del espacio entre un cuerpo celeste y nosotros. Acumulando todas estas regiones, el desplazamiento al rojo no puede distinguir entre una variación del índice de expansión en el espacio de una en el tiempo. Sería mejor medir el índice de expansión en posiciones espaciales específicas, separando los efectos de la expansión en otras posiciones. Esta es una propuesta difícil, no obstante, y aún debe realizarse. Una posibilidad es observar cómo se forman las estructuras en distintos lugares. La formación y evolución de las galaxias y los cúmulos galácticos dependen, en gran medida, del índice de expansión local. Estudiando estos objetos en distintas localizaciones y teniendo en cuenta otros efectos que desempeñan un papel en su evolución, los astrónomos pueden ser capaces de cartografiar sutiles diferencias en el índice de expansión.

Un lugar no tan especial

La posibilidad e que vivamos en medio de un gigantesco vacío cósmico es un rechazo extremo del principio cosmológico, pero existen posibilidades intermedias. El universo podría obedecer el principio cosmológico a grandes escalas, pero los vacíos más pequeños y los filamentos que los estudios galácticos han descubierto podrían imitar de forma colectiva los efectos de la energía oscura. Tirthabir Biswas y Alessio Notari, ambos de la Universidad McGill, así como Valerio Marra y sus colaboradores, entonces en la Universidad de Padua en Italia y la Universidad de Chicago, han estudiado esta idea. En sus modelos, el universo parece un queso suizo uniforme en su globalidad pero salpicado de agujeros. Por consiguiente, el índice de expansión varía ligeramente de un lugar a otro. Los rayos de luz emitidos por las lejanas supernovas viajan a través de multitud de estos pequeños vacíos antes de llegar a nosotros, y las variaciones en el índice de expansión varían su brillo y desplazamiento al rojo. Hasta el momento, no obstante, la idea no parece muy prometedora. Uno de nosotros (Clifton), junto con Joseph Zuntz de Oxford, demostró recientemente que reproducir los efectos de la energía oscura necesitaría grandes cantidades de vacíos de densidad muy baja, distribuidos de una forma especial.

Otra posibilidad es que la energía oscura sea un artefacto de las aproximaciones matemáticas que usan rutinariamente los cosmólogos. Para calcular el índice de expansión cósmica, normalmente contamos cuánta materia contiene una región del espacio, dividida por el volumen de la región y de aquí se llega a la densidad media de energía. Entonces insertamos esta densidad media en las ecuaciones de Einstein de la gravedad y determinamos el índice medio de expansión del universo. Aunque la densidad varía de un lugar a otro, tratamos estas dispersiones como pequeñas fluctuaciones sobre la media global.

El problema es que resolver las ecuaciones de Einstein para una distribución media de materia no es lo mismo que resolverlas para la distribución de materia real y luego hacer la media de la geometría resultante. En otras palabras, hacemos la media y luego resolvemos, cuando realmente deberíamos resolver y hacer la media.

Resolver el conjunto completo de ecuaciones para incluso una vaga aproximación del universo real es impensablemente complejo, y por tanto la mayor parte de nosotros tomamos el camino más simple. Thomas Buchert de la Universidad de Lyon en Francia ha iniciado la tarea de determinar cómo de buena es esta aproximación con respecto a la realidad. Ha introducido un conjunto extra de términos en las ecuaciones cosmológicas para tener en cuenta el error introducido por la media antes de la resolución. Si estos términos se demuestra que son pequeños, entonces la aproximación es buena; si son grandes, no lo es. Estos resultados, hasta el momento, no son concluyentes. Algunos investigadores han sugerido que los términos extra pueden ser suficientes para tener en cuenta toda la energía oscura, mientras que otros afirman que son nimios.

Las pruebas observacionales para distinguir entre la energía oscura y los modelos de vacío se llevarán a cabo en un futuro muy cercano. El Estudio del Legado de Supernovas, liderado por Pierre Astier de la Universidad de París, y la Misión Conjunta de Energía Oscura, actualmente en desarrollo, deberían indicar la historia de la expansión del universo. El satélite Planck Surveyor y una variedad de instrumentos terrestres y en globos cartografiarán el fondo de microondas en un detalle incluso mayor. El Conjunto del Kilómetro Cuadrado, un gigantesco radiotelescopio planificado para 2020, nos suministrará un estudio de todas las galaxias en nuestro horizonte observable. Esta revolución en la cosmología comenzó hace una década, y está lejos de terminar.

Artículo traducido y posteado en Ciencia Kanija, el original se publicó en Scientific American y sus autores son Timothy Clifton y Pedro G. Ferreira.

Publicado en Astrofísica, Ciencia, Cosmología, Física | 2 Comentarios »

 
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