Mikesi es un fotógrafo polaco que vive en Wodzislaw Sl., la mayoría de estos macros de artrópodos las he encontrado en 1x.com pero en el espacio que tiene en Photodom tiene muchas más. Clic para ampliar.
Más sobre el tema en Pasa la vida:
Publicado por Jordi Guzman en 11 marzo 2010
Mikesi es un fotógrafo polaco que vive en Wodzislaw Sl., la mayoría de estos macros de artrópodos las he encontrado en 1x.com pero en el espacio que tiene en Photodom tiene muchas más. Clic para ampliar.
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Publicado en Entomología, Fotografía | 4 Comentarios »
Publicado por Jordi Guzman en 20 diciembre 2009
Hace poco más de un año ya dediqué un post a las fotografías de arácnidos que Thomas Shahan tiene alojado en Flickr (aunque por entonces su nick era Opo Terser). Esta vez os muestro estos interesantes macros de diversos artrópodos. Es posible que algunos nombres no sean los correctos pues he traducido literalmente del inglés, si alguien ve algún error estaría muy agradecido si me lo señalase. Clic para ampliar.
Publicado en Biología, Ciencia, Entomología, Fotografía | 5 Comentarios »
Publicado por Jordi Guzman en 3 noviembre 2009
Una película llamada “La desaparición de las abejas (Vanishing of the Bees)” se estrenó en los cines de todo el Reino Unido a principios de este mes. Es un documental sin cortes sobre el “misterioso colapso” de la población de abejas por todo el planeta – un fenómeno que recientemente ha atraído gran atención y sobre el que se ha escrito mucho.
La idea de que las abejas están desapareciendo por razones desconocidas se ha incrustado en la consciencia general. También es una
gran historia que aprovecha la ansiedad de nuestra era. Pero, ¿es cierto? Creemos que no, no aún al menos.
Primero lo básico. La polinización por parte de abejas y otros animales – moscas, mariposas, pájaros y murciélagos – es necesaria para la producción de frutas y semillas en muchas plantas silvestres y cultivadas. Más de un 80% de las 250 mil especies de plantas con flor del planeta están polinizadas por animales.
La agricultura es un beneficiario a gran escala de estos servicios de polinización, por lo que afirmar que estos polinizadores están en declive ha disparado las alarmas ya que nuestro suministro alimenticio podría estar en peligro, y puede que estemos al borde de una “crisis de polinización” global.
Las afirmaciones de tal crisis descansan sobre tres pilares básicos: esas abejas son las responsables de la producción de una gran porción de nuestro alimento; que esos polinizadores están declinando a nivel mundial; y que la caída en los polinizadores amenaza al rendimiento de la agricultura. Numerosos artículos científicos, artículos de muchos medios e incluso una resolución del Parlamento Europeo de 2008 presentan cada uno de estos aspectos como una verdad incontestable. ¿Pero lo son?
Nuestro análisis de los datos procedente de la Organización de los Alimentos y Agricultura de las Naciones Unidas revelan una perspectiva diferente de la crisis de polinización – una que es menos catastrófica que lo descrito en las películas (Current Biology, vol 18, p 1572, and vol 19, p 915).
La primera base – que las abejas son responsables de la producción de una gran fracción de nuestra comida – es simplemente falsa. Los polinizadores son importantes para muchos cultivos, pero es un mito que la humanidad se moriría de hambre sin abejas.
Aproximadamente el 70 por ciento de los 115 cultivos más productivos, incluyendo la mayor parte de frutas y oleaginosas, son polinizadas por animales. Esto hace una cifra de casi 2500 millones de toneladas de comida al año, aproximadamente un tercio de la producción agrícola global. No obstante, pocos de estos cultivos dependen completamente de la polinización animal, dependiendo en gran parte de su capacidad de auto-polinización.
Aparte de eso, la producción de muchos alimentos básicos no dependen en absoluto de los polinizadores: los cultivos de carbohidratos tales como el trigo, arroz y maíz son polinizados por el viento o auto-polinizados. Si las abejas desaparecen por completo, la producción agrícola global bajaría entre un 4 y un 6 por ciento.
¿Qué hay de la bajada de polinizadores? Las afirmaciones de una desaparición global de abejas están basadas en colecciones de (a menudo extremos) ejemplos regionales, lo cual no necesariamente es representativo de las tendencias globales. Estos ejemplos tienden a proceder de zonas de Europa y Norteamérica donde quedan pocos hábitats naturales o semi-naturales.
La cantidad de abejas domesticadas, el polinizador de cultivos más importante de todos, también ha decrecido considerablemente en los Estados Unidos y algunos países europeos en las décadas recientes. No obstante, estas bajadas se compensan con el fuerte incremento en Asia, Latinoamérica y África. Es más, el número de colmenas gestionadas en todo el mundo se ha incrementado aproximadamente en un 45 por ciento en las últimas cinco décadas.
También ha habido algunas aterradoras historias sobre el “desorden por colapso de la colonia” y la expansión del ácaro Varroa en los Estados Unidos y Europa. De nuevo, estos son fenómenos reales, pero problemas pasajeros más que fuerzas directoras de tendencias a largo plazo. En lugar de esto, la bajada a largo plazo parece ser consistente con la dinámica económica de la industria de la miel, la cual parece estar desplazándose a los países en desarrollo en busca de una producción más barata.
Finalmente, ¿una baja abundancia de los polinizadores afectan a la productividad de la agricultura? Es cierto que una carencia de polinizadores, especialmente las abejas, puede limitar la producción de muchos cultivos y plantas silvestres. También es cierto que muchos cultivos dependientes de los polinizadores han crecido más lentamente que aquellos cultivos en su mayoría no dependientes. No obstante, contrariamente a lo que se esperaría si bajan los polinizadores, la media de producción de los cultivos dependientes de los polinizadores se ha incrementado a ritmo estable durante las últimas décadas, al igual que los cultivos no dependientes, sin signos de ralentización.
En general, debemos concluir que las afirmaciones de una crisis global en la polinización agrícola no son ciertas.
Los problemas de polinización pueden ser inminentes, no obstante. La producción agrícola global ha mantenido su ritmo con la duplicación de la población humana durante las últimas cinco décadas, pero la pequeña proporción de ésta que depende de los polinizadores se ha cuadruplicado durante el mismo periodo. Esto incluye los alimentos de lujo tales como las frambuesas, cerezas, mangos y anacardos. El incremento en la producción de estos cultivos ha sido conseguido, en parte, por un incremento de un 25 por ciento en el área de cultivo en respuesta a una mayor demanda de los mismos.
Esta expansión puede presionar la capacidad de polinización global, por dos razones. La demanda de servicios de polinización ha crecido más rápido que la cantidad de abejas domésticas, y la limpieza de tierra asociada ha destruido gran parte de los hábitats naturales de los polinizadores silvestres.
El incremento acelerado de los cultivos dependientes de polinizadores por tanto tienen el potencial de disparar futuros problemas para estos cultivos y plantas silvestres. Estos problemas pueden crecer conforme la bajada en la producción de frambuesas, cerezas y el resto aumenten rápidamente sus precios, estimulando aún más la expansión de los cultivos. Por lo que aunque la actual crisis de la polinización es en gran parte un mito, puede que pronto tengamos una real entre manos.
Artículo traducido y posteado en Ciencia Kanija, el original se publicó en NewScientist, los autores son Marcelo Aizen es un investigador del Consejo de Investigación Nacional Científico y Técnico de Argentina. Lawrence Harder es profesor de ecología de polinización en la Universidad de Calgary en Alberta, Canadá.
Para los que estén interesados en el tema, en Investigación y Ciencia nº 397 de octubre de 2009 hay un artículo sobre la enfermedad causante del despoblamiento de las colmenas.
De cómo se descubrió la causa de una enfermedad silenciosa que ha causado el despoblamiento de millares de colmena.
Era el año 2004. El laboratorio de patología apícola del Centro Agrario de Marchámalo (Guadalajara) estaba colapsado por miles de cajas de cartón, llenas de abejas enfermas y moribundas, remitidas por apicultores de toda España. Las muestras esperaban su estudio para averiguar la causa de un extraño proceso, en el que las abejas desaparecían. Un cuadro clínico nuevo para apicultores y veterinarios, que estaba ocasionando grandes pérdidas económicas. A los ojos de ambos, las colmenas son animales de producción (como las vacas y las ovejas), puesto que generan productos para el consumo humano; asimismo, son benefactoras para los ecosistemas al polinizar plantas, silvestres y cultivadas.
A esa patología se la denominó en 2005 “desabejamiento de las colmenas”, expresión sustituida luego por el actual “síndrome del despoblamiento de las colmenas” (SDC) en España y Europa, o “Colony Collapse Disorder” (CCD) en EE.UU. Las abejas desaparecen y la colmena muere sin presentar una sintomatología que permita intuir el origen del problema.
Primavera sin abejas melíferas
En invierno es cuando se observan las mayores pérdidas. Ello coincide con el momento en que los apicultores se disponen a preparar su “ganado” para la recolección de primavera. El campo está henchido de néctar y polen, pero no hay suficientes abejas para trabajar. La desesperación del apicultor se exacerba cuando ve que sus colmenas no despiertan y que no se multiplica el número de abejas para recolectar. Aun cuando la abeja reina haya sobrevivido, ya no hay tiempo ni suficientes abejas trabajadoras para el momento de la floración. Se pierde la cosecha de ese año y la polinización debe ser asumida por otras especies. Las colmenas, que no consiguen reponer las abejas que mueren en el campo, se acaban despoblando y mueren.
En esta situación nos encontrábamos ya en 2000, cuando algunos apicultores y veterinarios consultaban al Centro Apícola por casos de debilitamiento o de elevada e inexplicable mortalidad de colmenares completos, en apariencia sanos. Como en toda ganadería, en la apicultura mueren cada año, por causas diversas, cierto número de animales o colmenas. Sin embargo, nada hacía pronosticar lo que ocurriría los años siguientes.
Iniciado el nuevo milenio, llegaban desde Francia noticias que responsabilizaban del desastre a los laboratorios que comercializaban insecticidas (fipronil e imidacloprida) para el tratamiento de semillas de maíz o girasol. Esta hipótesis ya se había descartado en España como causa principal de la pandemia, pues sólo uno de esos productos estaba permitido en nuestro país; se utilizó en el 8 por ciento de las semillas de girasol plantadas entre 2004 y 2009 en Cuenca, Córdoba y Sevilla. Análisis de esos compuestos (sobre todo neonicotinoides) en abejas pecoreadoras y polen de dichas zonas, realizados por el grupo de José Luis Bernal, de la Universidad de Valladolid, habían arrojado resultados negativos. Sin embargo, en Francia continuaban las batallas legales para encontrar un culpable químico de la pérdida de miles de colmenas.
Nosema apis, el primer sospechoso
En España aumentaban las denuncias y continuaba la remisión de muestras. Presentaban un aspecto desconcertante: muchas esporas de Nosema, pero ni rastro de diarrea (síntoma patognomónico de la nosemosis debida a N. apis). Aquello no era normal. Con la colaboración de Amparo Martínez, de Tragsega, empresa dedicada a la sanidad ganadera y animal, se realizó un estudio epidemiológico de los miles de muestras enviadas a Marchámalo.
Los resultados confirmaron las observaciones iniciales. Las esporas de Nosema apis (parásito fúngico unicelular que invade el tracto intestinal y causa disentería apiar) parecían tener alguna relación —al menos estadística— con la desaparición de las abejas. Cuando en las muestras se observaban esporas de Nosema, se multiplicaba por seis la posibilidad de un despoblamiento de la colmena. Ahora bien, había hasta un 10 por ciento de las colmenas despobladas que no contenían esporas del parásito.
Era evidente que el diagnóstico de una enfermedad y la detección de un agente potencialmente patógeno no eran lo mismo. En ningún momento se habían observado signos de nosemosis, bien conocidos por veterinarios y apicultores: heces (“diarrea”) de abejas en el interior de la colmena y abejas débiles que no pueden volar o con el abdomen dilatado por las heces, entre otros. En Francia, los expertos comenzaron a denominarla “nosemosis seca” por la ausencia de diarrea. Se sugirió una posible adaptación del agente o una mutación que causara un cuadro clínico nuevo, menos agudo y más crónico.
Nosema ceranae, el auténtico culpable
Los primeros intentos por conocer las características moleculares del parásito sospechoso resultaron infructuosos: las muestras no contenían ADN de Nosema apis. Tras un cambio metodológico, se resolvió el misterio. El material genético no correspondía a N. apis, ni a una cepa mutante con la capacidad patógena modificada. Se trataba de otro parásito muy semejante: Nosema ceranae, descrito sólo en la abeja asiática. Casi de forma simultánea, investigadores de Taiwán lo detectaron también en la abeja europea de su país.
Nos hallábamos ante un panorama inesperado: de los once apiarios incluidos en el estudio inicial, diez estaban infectados por un parásito transfronterizo. El fenómeno evocaba una situación semejante a la que se enfrentó nuestra apicultura en 1985, cuando entró en España uno de los principales patógenos de las abejas: el acaro Varroa, procedente también del sudeste asiático. Desaparecieron el 40 por ciento de las colmenas. Casi veinte años después, otro parásito asiático estaba implicado en un proceso similar.
Comenzó así una carrera a contrarreloj: infecciones experimentales para comprobar que la detección de ADN se correspondía con un patógeno nuevo, seguimiento en campo de infecciones naturales para describir el curso de la enfermedad, demostración de los postulados de Koch sobre la capacidad de transmisión del agente entre hospedadores, estudio de posibles formas de contagio entre colmenares y de factores implicados en la patología observada, aplicación de nuevos métodos diagnósticos y seguimiento de la difusión de la enfermedad en España. Asimismo, se contactó con científicos de otros países que corroboraron nuestras observaciones y se desarrollaron estrategias para evitar las inmensas pérdidas que estaban sufriendo los apicultores. Todo ello con la colaboración de Pilar García Palencia, de la Universidad Complutense de Madrid, y la ayuda de Lourdes Prieto, experta en diagnóstico molecular de la Policía Científica.
El trabajo emprendido culminó en la demostración en colmenares profesionales de que N. ceranae era el único patógeno responsable de la muerte de decenas de colmenas. Empezó a detectarse en numerosos países. Ya no era sólo un parásito de abejas europeas criadas en Taiwán o en España. En cuanto se buscaba, aparecía, pero nadie se había percatado de la invasión silenciosa.
Un problema complejo
Los países que importan colmenas (Canadá, por ejemplo) y los que, además, desplazan grandes cantidades de ellas para polinizar su territorio (EE.UU.) denunciaban ya en el siglo pasado la presencia, en lugares muy distantes, de N. ceranae. Pero no lo relacionaban con el SDC. Pocos veterinarios participaron en esos estudios, que se centraron más en el insecto (abeja) que en el animal de producción (colmena). Es posible que la dualidad abeja-colmena haya dificultado la descripción del cuadro clínico de la enfermedad, pues no es lo mismo estudiar la patología que se observa en una colmena que la que se aprecia en una abeja.
Además, la colonia de abejas ha demostrado una gran capacidad de adaptación —verbigracia, aumento en la puesta de huevos de la reina— a la continua muerte de abejas, lo que ha encubierto el efecto patógeno de N. ceranae. Una vez debilitada la colonia, otros patógenos aprovechan la situación para atacar. Y, como ya detectamos en nuestro estudio estadístico inicial, amén de Nosema siguen coexistiendo otros factores debilitantes: ácaros Varroa (que vehiculan numerosos virus), insecticidas (la mayoría acaricidas aplicados frente a Varroa), falta de polen y condiciones climáticas adversas.
Sabemos ahora que los millones de esporas detectadas en los estudios iniciales correspondían a N. ceranae, un parásito patógeno clínicamente insidioso, presente en todo el país, que no provoca diarrea, sino la muerte de abejas viejas. Se transmite entre colmenares. Presenta un período de incubación de más de un año, durante el cual la reina aumenta la puesta de huevos para compensar la pérdida de abejas. Mientras la reina es joven, se mantiene la población y la colonia de abejas parece sana (estado asintomático), pero cuando se agota, la colmena colapsa por falta de individuos jóvenes. El SDC se caracteriza, pues, por un largo período de incubación, durante el cual la infección pasa inadvertida; el despoblamiento se nota sólo cuando la muerte de la colmena es inminente.
Aránzazu Meana
Facultad de veterinaria Universidad Complutense de Madrid
Raquel Martín Hernández y Mariano Higes
Centro Agrario Marchámalo de la Junta de Comunidades de Castilla-la Mancha
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Publicado por Jordi Guzman en 8 octubre 2009
Tercera entrega de imágenes de insectos y gusanos a cargo del fotógrafo polaco Igor Siwanowicz, vale la pena pasarse por su espacio en deviantART para poder admirar más muestras de su trabajo. Clic para ampliar.
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Publicado en Biología, Ciencia, Entomología, Fotografía | 15 Comentarios »
Publicado por Jordi Guzman en 24 junio 2009
Otra magnífica exposición del tema a cargo como es habitual por Luis Alonso en este caso sobre un tema apasionante: la sociobiología, no exenta de controversia sin embargo. Los libros elegidos son A DARWINIAN WORLD-VIEW. SOCIOBIOLOGY. ENVIRONMENTAL ETHICS AND THE WORK OF EDWARD O. WiLSON, por Brian Baxter. Ashgate; Aldershot, 2007 y THE SUPERORGANISM. THE BEAUTY, ELEGANCE, AND STRANGENESS OF INSECT SOCIETIES, por Bert Hólldobler y Edward O. Wilson. WW. Norton and Company; Nueva York, 2009.
Es un artículo algo extenso y de nivel elevado pero que vale la pena repasar y que se ha publicado en Investigación y Ciencia Nº 393.
Bert Hólldobler y Edward O. Wilson ganaron en 1991 el premio Pulitzer con The Ants (“Las hormigas”). Con The Superorganism amplían la perspectiva a todos los insectos sociales. Estructura intermedia entre los organismos y los ecosistemas, los individuos forman las unidades del superorganismo, elemento componente, a su vez, del ecosistema. Las colonias integrantes mantienen un estrecho vínculo interno a través de una cooperación altruista, comunicación compleja y división del trabajo. De acuerdo con los autores, la cohesión intragrupal depende de la competición intergrupal, sean los grupos células, organismos o sociedades. No hay una sin la otra.
Los organismos no evolucionan. Evolucionan las poblaciones. Pero los organismos tienen ontogenias. La sociogénesis del superorganismo —crecimiento y desarrollo de la colonia— admite una comparación fecunda con la embriogénesis. La especialización funcional y la división del trabajo entre las partes de un conjunto global mayor se encuentran en numerosos niveles. Las ideas de Darwin sobre la división del trabajo se inspiraron en Henri Milne-Edwards, a quien dedicó un volumen de su monografía sobre los cirrípedos.
La mayoría de las formas sociales son insectos, animales de seis patas, dos antenas en la cabeza, cuerpo segmentado en tres partes, que viven en tierra firme. Alcanzada la madurez, forman colonias de número variable, desde 10 miembros escasos hasta 20 millones de individuos, según la especie. Los miembros de cada colonia se encuentran divididos en dos castas básicas: un número muy restringido de reproductoras y otro muy alto de obreras que desarrollan el trabajo de una manera altruista. En su inmensa mayoría, las especies coloniales pertenecen al orden Hymenoptera (hormigas, abejas y avispas). Los miembros de la colonia son hembras. Producen y cuidan de los machos durante el breve período anterior a la estación de cópula. Los machos no trabajan. Tras la estación de cópula, cualquier zángano que siga en el nido será expulsado o matado por sus hermanas obreras. Sólo en el orden Isoptera (termes), un rey vive con la reina, la hembra reproductora. A diferencia de las obreras himenópteras, la fuerza de trabajo de los termes está integrada por miembros de ambos sexos; en algunas especies, existe cierta división sexual del trabajo.
Hormigas, abejas, avispas y termes constituyen más de dos tercios de la biomasa de insectos, aunque comprenden sólo el dos por ciento de las aproximadamente 900.000 especies de insectos conocidas. En un recodo de la pluviselva amazónica, cerca de Manaus, donde se llevó a cabo un recuento real, los insectos sociales componían el 80 por ciento; sólo hormigas y termes componían casi el 30 por ciento de la biomasa animal total; sólo las hormigas pesaban cuatro veces la suma de mamíferos, aves, reptiles y anfibios. La dominación ambiental de hormigas y otros insectos sociales es el resultado de un comportamiento grupal cooperativo. En la pluviselva tropical, las hormigas en su conjunto pesan más que todos los mamíferos y otros vertebrados terrestres. La reina de una colonia de hormigas del género Atta puede vivir hasta 10 años y dejar 150 millones de progenie que trabajarán como sus obreras. Cuando una muchedumbre de obreras realiza las mismas tareas, utiliza series, de operaciones en paralelo; cada obrera puede cambiar de una tarea a otra según lo demande la necesidad, de suerte que ninguna tarea esté mucho tiempo desatendida y las distintas etapas de la tarea puedan cumplirse con celeridad. Las obreras se muestran también más proclives que los insectos solitarios a la agresividad y al suicidio. Leer el resto de esta entrada »
Publicado en Biología, Ciencia, Ecologia, Entomología, Evolución, Genética | 1 comentario
Publicado por Jordi Guzman en 8 mayo 2009
Segunda entrega, aquí la primera, de fotografías realizadas con un microscopio electrónico de barrido y que se encuentran alojadas en la página Oklahoma Ugly Bug. Yo no se porqué les llaman feos…Clic para ampliar.
Publicado en Biología, Ciencia, Entomología, Fotografía, Tecnología | 13 Comentarios »
Publicado por Jordi Guzman en 6 marzo 2009
Los ojos compuestos de los artrópodos constan de una agrupación de numero variable (de entre 12 a varios miles) de unidades sensoriales llamadas omaitidos. Dichos omaitidos están formados por células fotoreceptoras capaces de distinguir entre la luz y su falta y en algunos casos los colores. Estas imagenes de diferentes artrópodos están realizadas con microscopios electrónicos de barrido (SEM) y de transmisión (TEM) y lo he encontrado en Dartmouth Electron Microscope Facility. Clic para ampliar.
Publicado en Óptica, Ciencia, Electrónica, Entomología, Física, Fotografía, Tecnología | 15 Comentarios »
Publicado por Jordi Guzman en 6 febrero 2009
Un usuario de Flickr llamado Kevincollins123 tiene una bella colección de macros de insectos y arácnidos de la cual he hecho esta selección. Clic para ampliar.
Publicado en Ciencia, Entomología, Fotografía | 5 Comentarios »
Publicado por Jordi Guzman en 16 enero 2009
De la enorme colección de un usuario de Flickr llamado Lord V, he seleccionado estas imagenes de cabezas de insectos con sus enormes ojos facetados. Clic para ampliar.
Publicado en Entomología, Fotografía | 3 Comentarios »
Publicado por Jordi Guzman en 7 noviembre 2008
Una magnifica colección de fotografías de insectos es la que tiene el usuario de Flickr llamado Opo Terser. A destacar los dobles pares, y triples, de ojos de estas imagenes de arácnidos. Clic para ampliar.
Publicado en Biología, Ciencia, Entomología, Fotografía | 10 Comentarios »
Publicado por Jordi Guzman en 18 septiembre 2008
Increible este zoom, supongo que hecho con un microscopio electrónico, de una mosca. Han montado varias imagenes y el resultado es un vertiginoso acercamiento hacia las facetas del díptero.
Vía Digg
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Publicado por Jordi Guzman en 4 julio 2008
Los he llamado bichos feos porque así es como se llama esta página: Oklahoma Ugly Bug, pero yo los encuentro fascinantes en su detalle. Las fotografías están realizadas con microscopio electrónico y hay cientos de ellas. Clic para ampliar.
Publicado en Biología, Ciencia, Entomología, Fotografía, Tecnología, Zoología | 14 Comentarios »
Publicado por Jordi Guzman en 10 abril 2008
Unseen Companions, es un libro de fotografías de insectos realizadas con un microscopio electrónico de barrido, el texto es de Adrian Warren y las fotografías de David y Madeleine Spears, no es la primera vez que hablo de este libro, pero es que las fotos lo valen. Las imagenes están falsamente coloreadas y para poderlas realizar se recubren los especímenes con un pelicula de material reflectante como el oro o platino. Realmente espectaculares los bichos que viven entre nosotros.
Chorthippus Brunneus
Forficula Auricularia
Mosca de la fruta
Bombus terrestris
Dermatophagoides pteronyssinus
Monomorium pharaonis
Tegenaria domestica
Vía entomoblog y Time
Publicado en Óptica, Ciencia, Electrónica, Entomología, Fotografía, Tecnología, Zoología | 13 Comentarios »
Publicado por Jordi Guzman en 8 octubre 2007
Estas fotografías están en un libro que han editado David y Madeleine Spears llamado Unseen Companions (Compañeros invisibles) La verdad es que alguna da un poco de miedo y los colores, en algunas, están retocados. Si quieres ver el libro escaneado (a no muy alta resolución) lo puedes ver en la pagina de Lastrefuge.






Pulga de gato.
Vía Público
Publicado en Ciencia, Entomología, Fotografía, Naturaleza | 24 Comentarios »
Publicado por Jordi Guzman en 1 octubre 2007
Magnifica colección de microfotografías las de este micro museo dedicado en exclusiva y profundidad sobre este tema. He escogido el tema entomológico pero hay muchos mas para ver.





Vía Boing Boing
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