Nuevos estudios ponen en entredicho que la evolución humana se haya acelerado en tiempos recientes.
Addis Abeba es el centro genético del mundo. No porque allí cuenten con algún talento especial para analizar el genoma, sino porque la variabilidad en el código genético humano disminuye cuando nos alejamos de la capital etíope. Al fin y al cabo, los humanos modernos se originaron en África oriental.
Las observación ha dado pie a conclusiones divergentes. Tras analizar la constitución genética de diferentes poblaciones algunos sostienen que la evolución humana se ha acelerado; si no, aducen, no podría explicarse toda la variabilidad. Otros ven en ésta una prueba más de que un numero, hasta cierto punto pequeño, de individuos emigraron de África y fundaron las poblaciones actuales en el resto del planeta.
En diciembre pasado un grupo de antropólogos y genéticos declararon, tras examinar 3,9 millones de secuencias de ADN de 270 individuos de cuatro poblaciones incluidas en el proyecto HapMap, que la evolución humana se acelero en los últimos 40.000 años. “Hemos encontrado muchos genes”, afirma Gregory Cochran, de la Universidad de UTA y miembro de ese equipo, “que experimentan selección. Pensamos que ese fenómeno se debe al aumento de la fuerza de la selección cuando el hombre se convirtió en agricultor – un cambio ecológico de alcance – y al incremento del número de mutaciones favorables conforme la agricultura promovía el crecimiento del tamaño de la población”.
Entre estas mutaciones se incluyen las que han aclarado el tono de la piel y concedido la capacidad de digerir la leche a los adultos de diferentes regiones del mundo. En otra investigación, realizada en el Instituto Pasteur de Paris, Lluis Quintana Murci y sus colaboradores han registrado unas 55 mutaciones de este tipo.
Sin embargo, otros estudios de cambios en una base de la secuencia de ADN (poliformismo de un solo nucleótido) o en secciones más amplias (variación en el numero de copias de segmentos de ADN) expresan que los africanos portan la mayor diversidad genómica. Individuos de regiones distintas, por ejemplo africanos y europeos, pueden tener una pequeña cantidad de genes diferentes, pero esta minúscula diferencia queda empequeñecida por la cantidad de código genético que la humanidad comparte. Es probable que entre los genomas de dos africanos haya mayores diferencias que entre el de un africano y el de un europeo. Según Noah Rosenberg, de la Universidad de Michigan en Ann Arbor, que participó en un estudio exhaustivo sobre variabilidad genética, publicado en Nature este febrero, “somos una especie joven. Las poblaciones humanas no han estado separadas por periodos tan largos de tiempo como para desarrollar alelos nuevos, propios de cada población.”
Por eso dudan numerosos expertos de que los genes hayan evolucionado mucho en el modesto periodo que ha transcurrido desde que los humanos pueblan el planeta entero. Además, los más probable es que la mayoría de variaciones de las instrucciones genéticas resulten más perjudiciales que beneficiosas, según otro análisis de la variabilidad del ADN.
Pero en vez de una evolución, explica Marcus Feldman, de la Universidad de Stanford, que opere en un número limitado de genes para promover adaptaciones funcionales (“selección positiva”) cabe la intervención de un factor demográfico, un “cuello de botella”.
Cuello de botella es el nombre que se le da a la reducción de una población a unos pocos individuos, tras lo cual puede haber un nuevo crecimiento. Un estudio de muestras de ADN de 938 personas de 51 poblaciones diferentes en el que ha participado Feldman respalda la hipótesis del cuello de botella como explicación alternativa de la disminución de la variabilidad de haplotipos cuando más lejos se está de África.
“Un cuello de botella al que sigue un crecimiento de la población puede explicar el ligero aumento de la proporción de la variación de aminoácidos especifica de los americanos-europeos, y esas variaciones alteran la estructura y la estabilidad de proteínas”, señala Carlos Bustamante, de la Universidad de Cornell, quien realiza modelos por ordenador para analizar cambios en los genes. Itsik Pe’er, de la Universidad de Columbia, subraya que los cambios demográficos concuerdan con la distribución mundial de genes humanos.
Una nueva iniciativa, el Proyecto de los 1000 Genomas, podría zanjar la cuestión sobre el detenimiento de la evolución humana. Sus resultados, previstos para dentro de unos años, nos ofrecerán “secuencias de muchos más individuos de muchas más poblaciones”, apunta Kirk Lohmueller, del laboratorio de Bustamante.
El proyecto ahondará en el genoma con un detalle desconocido. Según Lisa Brooks, directora del Programa de Variabilidad Genética del Instituto Nacional de Investigación del Genoma Humano de Estados Unidos, obtendrá variables de una frecuencia de uno por ciento o menos. Añade: “algo que es común en una población resulta improbable que escasee en otra población. Se sigue de nuestra herencia común”.
Articulo publicado en Investigación y Ciencia Nº 384, su autor es David Biello.























de las condiciones medioambientales de la Tierra primitiva. Los genes evolucionan para que sus organismos portadores puedan adaptarse a las condiciones ambientales en las viven, cambiando en el proceso. Mediante la “resurrección” de estos genes extintos hace tiempo se consigue tener la oportunidad de analizar el ambiente que se grabó en su secuencia genética. Según los autores estos genes se comportan esencialmente como “fósiles dinámicos”.