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Archivos de la categoría ‘Paleontología’

Investigadores descubren un nuevo linaje de antiguos humanos

Publicado por Jordi Guzman en 25 marzo 2010


El trabajo complica la historia humana una vez más, de forma similar al descubrimiento del controvertido H. floresiensis — también

Antiguo ADN sugiere que tres antiguos linajes humanos convivieron en las Montañas Altai, Rusia, al mismo tiempo. Crédito: Johannes Krause et al., Nature

conocido como el hobbit — que ha dado un vuelco a las anteriores y más simples formas de ver las migraciones de los primeros humanos por todo el globo. Si vivieron cuatro humanos iniciales incluyendo al hobbit hace unos 40 000 años, “la cantidad de biodiversidad [humana]…era bastante notable”, dice la genetista Sarah Tishkoff de la Universidad de Pennsylvania.

Un equipo liderado por los arqueólogos Michael Shunkov y Anatoli Derevianko de la Academia Rusa de las Ciencias en Novosibirsk encontraron el hueso del dedo en 2008 en la Cueva Denisova en las Montañas de Altai en Rusia. La cueva, que tiene muchas capas arqueológicas que se extienden a lo largo de 100 000 años, ha arrojado herramientas de piedra tanto de humanos modernos como de Neandertales y una pequeña colección de huesos homínidos demasiado fragmentados para identificarse. El hueso del dedo procede de una capa datada por radiocarbono de hace entre 48 000 y 30 000 años. Los genetistas evolutivos Svante Pääbo, Johannes Krause, y sus colegas del Instituto Max Planck para Antropología Evolutiva en Leipzig, Alemania, consiguieron una muestra de 30 miligramos y extrajeron y secuenciaron los 16 569 pares de bases de su genoma de ADN mitocontrial (mtDNA), usando nuevas técnicas del grupo de Pääbo que han empleado con éxito para secuenciar ADN tanto de Neandertales como de humanos modernos prehistóricos. Los investigadores compararon la nueva secuencia de mtDNA con la de 54 personas vivas de todo el mundo, un humano moderno de hace unos 30 000 años de otro lugar de Rusia, y seis Neandertales.

Se llevaron una buena sorpresa: Aunque los Neandertales se diferencian de los humanos modernos en una media de 202 posiciones de nucleótidos en el genoma mitocondrial, el homínido de Denisova difería de media en 385 posiciones de los humanos modernos y en 376 de los Neandertales, según informa hoy el equipo en la edición on-line de Nature. Cuando se añadió a la mezcla el mtDNA de chimpancés y bonobos, los investigadores fueron capaces de estimar que el nuevo homínido compartía un ancestro común con los Neandertales y los humanos modernos hace 1 millón de años.

Pero, ¿quién era este misterioso homínido? El equipo dice que la fecha es demasiado tardía para un H. erectus asiático, que migraron por primera vez fuera de África hace 1,8 millones de años. Y es demasiado temprana para el H. heidelbergensis, que apareció en África y Europa hace unos 650 000 años y muchos investigadores piensan que es el ancestro común de humanos y Neandertales. “No hay pruebas” de que éstas u otras especies conocidas “persistieran hasta tan tarde” en el continente asiático, dice el paleoantropólogo Russell Ciochon de la Universidad de Iowa en Iowa City. Chris Stringer, paleoantropólogo del Museo de Historia Natural en Londres, dice que la nueva especie podría representa una “dispersión pre-heidelbergensis y post-erectus” fuera de África “que no habíamos observado hasta ahora”.

Por ahora, el equipo de Pääbo no ha dado al nuevo linaje un nombre de especie, al menos hasta que se sepa más sobre él. Lo siguiente que plantean hacer los investigadores es secuenciar el ADN nuclear del hueso del dedo. Si tienen éxito, podrían descubrir la identidad secreta del homínido X.

Para una cobertura completa, ver el ejemplar del 26 de marzo de la revista Science.

Artículo traducido y posteado en Ciencia Kanija, el original se publicó en ScienceMag, su autor es Michael Balter.

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Publicado en Antropología, Ciencia, Historia, Paleontología | 1 comentario

Terrassa estuvo habitada por humanos hace ya un millón de años

Publicado por Jordi Guzman en 16 marzo 2010


El minucioso estudio de investigadores del IPHES (Institut Català de Paleoecologia Humana i Evolució Social) y del Área de Prehistoria de la Universidad Rovira i Virgili de Tarragona, sobre las abundantes herramientas de piedra y de los restos de fauna en el yacimiento de Vallaparadís demuestra que hace un millón de años ya vivían seres humanos en la zona mediterránea de la península ibérica de Terrassa (Barcelona).

Según el estudio, subsistieron gracias a la “gran capacidad de adaptación al entorno, con una gran presencia de animales carnívoros

Vista general del yacimiento de Vallparadis, en Terrassa (Cataluña). Foto:Joan Garcia y Kenneth Martínez / IPHES.

como las hienas y jaguares, con quienes compitieron en su lucha por la supervivencia”.

La investigación, que se publica hoy en la revista Proceedings of the Nacional Academy of Sciences (PNAS), cubre un vacío cronológico en el estudio de las primeras poblaciones europeas y la adaptación exitosa de los homínidos europeos que precedieron a las conocidas poblaciones de la especie Homo antecessor de Atapuerca, hace 800.000 años, y sucedieron a su vez a las de Orce, hace 1,3 millones de años.

El tesoro de Vallparadís

Los restos arqueológicos estudiados se obtuvieron en las excavaciones realizadas entre los años 2005 y 2007, en la ciudad de Terrassa, donde a raíz de los trabajos de construcción de una estación de los Ferrocarriles de la Generalitat de Catalunya, se puso al descubierto un nuevo yacimiento en la zona del antiguo torrente conocida como Vallaparadís.

Por esto motivo, el equipo del IPHES y de la URV realizó una excavación de urgencia, bajo la dirección de Joan García y Kenneth Martínez, investigadores del Instituto de paleocología catalán, y también directores de la nueva investigación, en la que también han

Fémur de hipopótamo descubierto de Vallparadis.

participado otros miembros de este centro, como el propio director, Eudald Carbonell, Jordi Agustí, Hugo Blain, Francesc Burjachs, Isabel Cáceres y Rosa Huguet.

El yacimiento ha proporcionado “el mayor registro arqueológico y paleontológico del Pleistoceno inferior europeo”, hace aproximadamente un millón de años, una etapa clave en la primera ocupación humana de Europa. “Los estudios realizados refuerzan la propuesta de que los homínidos habitaron de forma continuada nuestro continente en esta época”, aseguran Joan García y Kenneth Martínez.

Las grandes pistas: herramientas y fósiles de micromamíferos

La cuantiosa industria lítica que aportó Vallparadís pertenece a la tecnología Olduvayense, que se caracteriza por presentar una escasa elaboración, sobre todo realizada sobre pequeños cantos de río con materiales autóctonos como el cuarzo, el sílex o la lidita, que sirvieron para confeccionar un instrumental lítico a partir de sencillas técnicas de talla.

La más común consistía en golpear los pequeños cantos sobre un yunque, que les permitía producir fácilmente objetos muy cortantes, útiles en las actividades de carnicería, lo que se conoce como técnica bipolar sobre yunque. Esta industria es similar a la encontrada en algunos yacimientos africanos contemporáneos.

Por lo que concierne a la fauna, los investigadores han hallado abundantes restos de macromamíferos, entre los que destacan herbívoros como los équidos, cérvidos o bóvidos, además de otras especies de gran tamaño como los hipopótamos, elefantes y rinocerontes, y diversos carnívoros como las hienas y jaguares.

“Algunos restos de herbívoros presentaban marcas de corte y fracturaciones antrópicas, demostrando así un acceso primario de los humanos a las carcasas de los animales en relación al resto de grandes carnívoros. Éste fue el elemento clave del éxito adaptativo de las primeras poblaciones ibéricas, puesto que les posibilitó obtener los recursos cárnicos necesarios para garantizar su subsistencia”, observan los codirectores de Vallparadís.

“El factor más determinante de la expansión y la adaptación de los homínidos fuera de África –prosiguen los investigadores del IPHES- fue probablemente el hecho de poseer una dieta carnívora que les permitía sobrevivir en un entorno ecológico diverso, como el de Vallparadís”

En este lugar, “aquellos especímenes –cuentan García y Martínez- tenían una capacidad adaptativa tan desarrollada que no fueron selectivos en el momento de escoger la presa que consumían o las materias primas utilizadas en los procesos de talla de los instrumentos”.

Esta estrategia de adaptación generalista supone que los homínidos no habrían requerido de una tecnología muy avanzada para explotar los recursos disponibles. Por lo tanto, “proponemos que estas primeras poblaciones europeas habrían sabido muy bien cómo sacar partido de los cadáveres de los animales encontrados en las zonas que bordeaban el río, convirtiéndose en los grandes depredadores, desplazando de la cúspide de la cadena trófica a los grandes carnívoros”, concluyen.

También han participado miembros del Museo de Historia Natural de Paris (Jean-Jaques Bain, Christophe Falguères), del Centro Nacional de Investigación sobre la Evolución Humana (Mathieu Duval) y Manuel Gómez (Instituto Cartográfico de Cataluña).

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Referencia bibliográfica:

Martínez, K., Garcia, J., Carbonell, E., Agustí, J., Bahain, J.-J., Blain, H.-A., Burjachs, F., Cáceres, I., Duval, M., Falguères, Ch., Gómez, M. y Huguet, H. (2010). “A new Lower Pleistocene archeological site in Europe (Vallparadís, Barcelona, Spain)”, Proceedings of the Nacional Academy of Sciences (PNAS, USA).
Artículo publicado en Servicio de Información y Noticias Científicas (SINC).

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Confirmado: el impacto de un asteroide en la Tierra acabó con los dinosaurios

Publicado por Jordi Guzman en 5 marzo 2010


Un equipo internacional de 41 científicos, en el que participa la Universidad de Zaragoza (UNIZAR), confirma que la extinción masiva producida hace 65,5 millones de años, que acabó con la era de los dinosaurios, fue provocada por el impacto de un asteroide de 12 kilómetros de diámetro en la Península de Yucatán (México). El estudio aporta nuevas evidencias geológicas que fortalecen esta hipótesis.

En los años ’80 se realizaron los primeros estudios sobre la hipótesis de que

El impacto de un gran asteroide contra los sedimentos ricos en azufre presentes en Chicxulub sigue siendo la causa más plausible de la extinción en masa en el límite K-T. Mapa de gravedad en 3D del cráter de Chicxulub (México). Mapa: David A. King / USRA / LPI.

un meteorito de grandes dimensiones se había estrellado contra la Tierra hace 65 millones de años, y había afectado a cerca del 70% de las especies animales y vegetales del planeta. En 1991 se descubría en Yucatán (México) el cráter de Chicxulub de más de 200 kilómetros de diámetro que coincidía con las extinciones. A pesar de las evidencias científicas, algunos sectores de la comunidad científica cuestionaban esta hipótesis del asteroide.

Para confirmarla, un grupo de 41 expertos de Europa, EE UU, México, Canadá y Japón presentan en el último número de la revista Science nuevos datos a partir del estudio de las perforaciones submarinas y de sitios continentales, así como del análisis de la literatura científica sobre el tema. Según los investigadores, las hipótesis alternativas no explican la abrupta

Foraminíferos.

extinción en masa.

“Tras combinar todos los datos disponibles a partir de diferentes disciplinas científicas, hemos concluido que un asteroide de gran tamaño que colisionó hace más de 65 millones de años en lo que es hoy México fue el principal causante de las extinciones en masa”, confirma Peter Schulte, autor principal del estudio y profesor adjunto en la Universidad de Erlangen (Alemania).
foraminíferos

El registro fósil ha demostrado que un evento de extinción en masa, denominado límite K-T, tuvo lugar a lo largo y ancho del planeta hace unos 65,5 millones de años. Los geólogos lo utilizan para marcar el fin del periodo Cretácico y el inicio del periodo Paleógeno (antes conocido como el periodo Terciario).

La aportación española: los fósiles microscópicos

Los tres investigadores de la Universidad de Zaragoza (UNIZAR) que han participado en este estudio son Laia Alegret, Ignacio Arenillas y José Antonio Arz, especialistas en el estudio de fósiles microscópicos (los foraminíferos) que ayudan a datar las rocas sedimentarias marinas que los contienen y a conocer sus ambientes de depósito. Los tres científicos han contribuido a la datación de las unidades sedimentarias relacionadas con el impacto meteorítico en el Golfo de México y el Caribe.

“Nuestra investigación se ha centrado en cuatro líneas: la datación precisa de los sedimentos ligados al impacto de Chicxulub y su correlación con el límite K-T; la intensidad y velocidad de las extinciones en torno al límite K-T (es decir, si la extinción fue catastrófica o gradual); la caracterización ambiental de los depósitos generados por el impacto de Chicxulub; y los bruscos cambios ambientales y climáticos que condicionaron la posterior radiación evolutiva de nuevas especies”, explica a SINC Ignacio Arenillas, uno de los autores españoles e investigador en el Departamento de Ciencias de la Tierra (Paleontología) de la UNIZAR.

Para corroborar la teoría impactista, la investigación española recogió resultados obtenidos en Europa, Sudamérica, el norte de África y en diversos sondeos oceánicos, desde la respuesta de las comunidades marinas a los cambios ambientales desencadenados, incluyendo la intensidad de las extinciones, hasta la radiación evolutiva posterior de nuevas especies.

“El estudio de los foraminíferos nos ha permitido correlacionar el impacto de Chicxulub y la extinción en masa del límite K-T. Además, hemos corroborado que su extinción fue catastrófica, es decir, acontecida en un intervalo de tiempo geológicamente instantáneo, y que por tanto sólo es explicable por la teoría impactista”, señala Arenillas.

Según los científicos españoles, la extinción se produjo “bruscamente” en un intervalo de tiempo ‘geológicamente instantáneo’ (en menos de uno o dos años). “Los principales cambios ambientales y climáticos, así como las radiaciones evolutivas, se produjeron tras el impacto meteorítico en el límite K-T y no antes, como sugerían algunas de las hipótesis rivales”, afirma el paleontólogo.

Ante la complejidad de demostrar los datos, Alegret, Arenillas y Arz confiesan que se encontraron con ciertos obstáculos como la adecuada interpretación de los datos geológicos y paleontológicos: “Había discrepancias de interpretación entre los partidarios de ambas hipótesis en torno a la naturaleza de los sedimentos ligados al impacto de Chicxulub en el Golfo de México, a su edad y, sobre todo, a la velocidad de las extinciones”.

Los tres micropaleontólogos españoles señalan a SINC que aportar evidencias “inequívocas” y datos clave que confirmaran definitivamente la teoría impactista fue “la labor más difícil”.

Descartar las hipótesis alternativas

A lo largo de la historia la comunidad científica ha propuesto muchas hipótesis que han intentado explicar el evento de la extinción masiva. “La que más eco ha tenido es la de las causas múltiples, que no negaba la existencia de impactos meteoríticos o de otros factores de extinción (por ejemplo, descensos del nivel del mar), y proponía como principal causa el incremento de la actividad volcánica en el área del Deccan (en la actual India), hacia finales del Cretácico”, apunta Arenillas. La hipótesis del impacto de Chicxulub quedaba en un segundo puesto, ya que sugería que habría ocurrido hace 300.000 años antes de la extinción del límite K-T.

Según la hipótesis de causas múltiples, las Trampas de Deccan (volcanes inusualmente activos) provocaron un enfriamiento global y una lluvia ácida, principales causantes de la extinción en masa, y no el impacto de un gran meteorito en Chicxulub (México).

Sin embargo, para el equipo internacional esta teoría no es viable. La caracterización ambiental de los sedimentos producidos por el impacto en Chicxulub ha permitido demostrar que algunos mecanismos propuestos por la hipótesis multicausal, como el descenso de 1.000 metros en el nivel del mar en un corto espacio de tiempo, son “técnicamente imposibles”, asegura el paleontólogo.

Un millón de veces superior a la mayor bomba nuclear

Los modelos sugieren que el impacto en Chicxulub desató una energía un millón de veces superior a la de la mayor bomba nuclear jamás detonada. Un impacto de esta dimensión habría eyectado material a altas velocidades por todo el mundo y provocado terremotos superiores a 10 en la escala Richter, así como el colapso de plataformas continentales, deslizamientos de tierra, corrimientos, movimientos en masa y tsunamis. También habrái creado un secuencia de depósitos gruesa y compleja cerca de Chicxulub.

“Si pretendemos desentrañar la secuencia de eventos en torno al límite K-T, quizás el último lugar del mundo en el que deberíamos buscar sea cerca del sitio del impacto en Chicxulub, pues es allí donde más desordenados están los depósitos de sedimentos”, declaran los investigadores estadounideses.

Los científicos han descubierto que, a pesar de la evidencia de un volcanismo “relativamente activo” en India, los ecosistemas marinos y terrestres sólo han exhibido cambios menores durante el periodo de 500.000 años anterior al límite K-T. En el preciso momento en que se alcanza el límite, se produjo una abrupta e importante disminución en la productividad (una medida de la masa total de los seres vivos) y la diversidad de especies.

Además, lejos de Chicxulub, el registro geológico muestra que un único meteorito de gran tamaño impactó contra la Tierra justo en el límite K-T. Todos los cambios notables en los ecosistemas de la Tierra se produjeron justo en ese límite. Así que el impacto de un gran asteroide contra los sedimentos ricos en azufre presentes en Chicxulub sigue siendo la causa más plausible de la extinción en masa en el límite K-T.

Según Sean Gulick y Gail Christeson, investigadores en el Instituto de Austin de Geofísicas de la Universidad de Texas (EE UU), el asteroide habría aterrizado a más profundidad en el agua de lo que se pensaba hasta el momento, liberando más vapor de agua y aerosoles sulfúricos a la atmósfera.

“Esto podría haber incrementado la letalidad del impacto de dos formas: alterando el clima (los aerosoles sulfúricos en la capa atmosférica superior pueden ejercer un efecto de enfriamiento) y provocando una lluvia ácida (el vapor de agua puede facilitar la liberación de los aerosoles sulfúricos de la capa atmosférica inferior)”, asevera Gulick.

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Referencia bibliográfica:

P. Schulte, et al. “The Chicxulub Asteroid Impact and Mass Extinction at the Cretaceous-Paleogene Boundary” Science vol 327, 5 de marzo de 2010.

Artículo publicado en Servicio de Información y Noticias Científicas (SINC)

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Unos peces gigantescos que vivieron durante 100 millones de años precedieron a las ballenas modernas

Publicado por Jordi Guzman en 19 febrero 2010


La revista Science publica esta semana dos artículos científicos sobre la evolución de las ballenas. En el primero, los científicos detallan que hace más de 65 millones de años grandes peces ocuparon su nicho en el ecosistema durante más de 100 millones de años antes de la aparición de las ballenas actuales. En otro estudio, los investigadores explican cómo las ballenas estuvieron relacionadas con algunos de los organismos marinos más pequeños del planeta hace más de 30 millones de años.

En la actualidad, las ballenas son las criaturas más grandes que habitan la Tierra. Según Matt Friedman, investigador en

Reconstrucción de Bonnerichthys que vivió hace 70 millones de años en el mar que entonces cubria Kansas (EE UU). Ilustración: Robert Nicholls.

el Departamento de Ciencias de la Tierra de la Universidad de Oxford (reino Unido), el estudio confirma el descubrimiento de nuevos ejemplares de peces filtradores gigantescos como los Bonnerichthys que poblaron los mares antes de las ballenas barbadas modernas. Una variedad de tiburones y rayas tomaron su lugar en la cadena alimenticia.

Hasta ahora los investigadores creían que estos peces óseos prehistóricos sólo existieron durante un corto periodo. Sin embargo, los nuevos fósiles que estaban almacenados en algunos museos, y que pudieron llegar a medir varios metros de longitud, revelan que este grupo de animales persistió durante más de 100 millones de años durante el Mesozoico (hace entre 250 y 65 millones de años).

El grupo de investigadores británicos y estadounidenses reinterpretaron fósiles ya conocidos y analizaron los nuevos hallazgos. El estudio que se publica ahora en Science demuestra que los “filtradores masivos” (peces que tragan agua con la boca abierta y filtran la comida mientras que el agua escapa a través de rendijas en las agallas), vivieron hace entre 170 y 65 millones de años.

Durante esa época, estas especies fueron pioneras de estas estrategias únicas (“y altamente efectivas”) de alimentación por filtración que se observan ahora en los vertebrados marinos más grandes.

Pequeños organismos en la evolución de las ballenas

En otro artículo publicado también en la revista Science, los investigadores Felix Marx, del Departamento de Geología de la Universidad de Otago (Nueva Zelanda), y Mark Uhen, de la Universidad George Mason (EE UU), demuestran que la diversidad de las ballenas fue controlada por la evolución simultánea de diatomeas (un tipo común de fitoplancton y alimento básico de la dieta de las ballenas filtradoras) y por los cambios en la temperatura del océano.

Los dos científicos utilizaron registros de isótopos estables de oxígeno para confirmar esta teoría: hace entre 30 y 40 millones de años, la evolución de ballenas, delfines, y marsopas fue controlada por eventos biológicos y climáticos.

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Referencias bibliográficas:

M. Friedman; K. Shimada; L.D. Martin; J. Liston; A. Maltese; M. Triebold. “100-Million-Year Dynasty of Giant Planktivorous Bony Fishes in the Mesozoic Seas” Science vol 327, 19 de febrero de 2010.

F.G. Marx; M.D. Uhen. “Climate, Critters, and Cetaceans: Cenozoic Drivers of the Evolution of Modern Whales” Science vol 327, 19 de febrero de 2010.

Artículo publicado en Servicio de Información y Noticias Científicas (SINC)

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Desentrañan la tecnología de los primeros humanos europeos

Publicado por Jordi Guzman en 15 febrero 2010


Investigadores de la UAM han desarrollado un trabajo de investigación sobre los primeros útiles líticos documentados en Eurasia. Este estudio, desvela la complejidad de los comportamientos técnicos de los primeros homínidos del yacimiento de Dmanisi, cuya cronología, cercana a los dos millones de años de antigüedad, resulta la más antigua documentada hasta el momento en Europa.

El profesor Javier Baena Preysler y su equipo, del Departamento de Prehistoria y Arqueología de la Universidad

Fig. A: Cráneo de Homo georgicus hallado en Dmanisi(Georgia). (Foto de E. Lacasa). Fig. B: Industria lítica procedente del yacimiento de Dmanisi (nivel IV). (Foto de E. Lacasa)

Autónoma de Madrid, a través de un proyecto de la Fundación Duques de Soria y el Ministerio de Asuntos Exteriores en coordinación con El Museo Nacional de Georgia, vienen colaborando en los trabajos de excavación y estudio de los restos hallados en Dmanisi. Este yacimiento es el más rico en fósiles humanos de estas cronologías localizado hasta el momento. Hasta el presente se han encontrado un total de 5 cráneos y decenas de restos correspondientes al esqueleto. Sus similitudes con H. ergaster, sugieren que estos homínidos representan las primeras especies en salir de África, dando lugar al linaje asiático de H. erectus.

Igualmente, los restos de industria localizados suponen un testimonio excepcional de la primera tecnología en herramientas de piedra elaboradas por estos homínidos, que permitió a nuestros antepasados llegar más allá de África del Este.

Las rocas seleccionadas para confeccionar esta industria lítica provienen de un entorno próximo como es habitual en estos momentos antiguos. Casi siempre seleccionaban cantos rodados de los cercanos cauces de los ríos Mashavera y Pinesauri, aunque en ocasiones también escogieron bloques y lajas angulosas. Existe una enorme variedad de rocas que supieron aprovechar, hasta un total de 21 tipos litológicos diferentes, lo cual nos indica en cierta forma la capacidad de reconocer y aprovechar cualquier roca que se pudiese tallar.

Muchos de los cantos que fueron seleccionados no están tallados, siendo seguramente empleados como percutores o yunques. Los tallados, suelen ofrecer planos naturales lisos, en los que resultaba más fácil la extracción de las primeras lascas. En los momentos más antiguos (nivel IV), la explotación se realizaba produciendo lascas sucesivas desde el mismo plano, en series muy sencillas, hasta que el borde del canto se embotaba, momento en el que era abandonado o retomado en otro plano para iniciar la misma operación.

Sin embargo, en el nivel II (un momento posterior en la ocupación) las lascas fueron obtenidas de manera alternativa en una y otra superficie del núcleo o canto, lo que permitía controlar mejor el proceso de talla, y obtener así un mayor número de lascas. El estudio de los materiales de la secuencia de este yacimiento, nos ha permitido apreciar, los primeros cambios tecnológicos que estos primeros grupos humanos sufrieron en su llegada al continente europeo.

Todo ello permite situar la industria lítica de Dmanisi, a medio camino entre las industrias consideradas como preolduvayense o modo 0 y las olduvayenses o modo 1. En Europa occidental, con una cronología un poco más reciente (1,4-0,8 MA) se encuentran industrias que siguen teniendo una tecnología olduvayense hasta algo menos de 1 millón de años. Existen buenos ejemplos de esa tecnología en yacimientos como Monte Poggiolo (Italia), Orce y Atapuerca (España).

A pesar de su sencillez, esta tecnología permitió a estos homínidos una amplia expansión geográfica, como nunca habían conocido hasta entonces, adaptándose a paisajes cada vez más alejados y diferentes del foco originario del Sur y Este de África. Dmanisi supone un importante hito en la evolución de la industria lítica a las puertas de Eurasia a través del cual se expanden los primeros grupos de homínidos.

Los resultados obtenidos en estas investigaciones han sido publicados en Quaternary Internacional.

Artículo publicado en Servicio de Información y Noticias Científicas (SINC)

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Describen por primera vez la coloración completa del plumaje de un dinosaurio

Publicado por Jordi Guzman en 5 febrero 2010


Un equipo de científicos chinos y estadounidenses ha descubierto por primera vez los colores de un dinosaurio con plumas extinguido hace 150 millones de años. El estudio, que se publica en la versión on line de Science, demuestra que este pequeño dinosaurio trodóntido de cuatro alas tenía sobre todo un plumaje gris, una cresta rojiza-parda, puntos en la cara, y plumas blancas en las alas y las patas con motas negras en las puntas.

Al descifrar pistas microscópicas ocultas en los fósiles, el equipo de investigadores dirigidos por la Universidad de Yale (EE UU)

Reconstrucción del color del plumaje de Anchiornis huxleyi. Ilustración: Michael A. Digiorgio.

descubrió los colores que adornaban a Anchiornis huxleyi, un dinosaurio trodóntido que vivió durante el período Jurásico superior (hace más de 135 millones de años) en China. Para ello, los científicos analizaron las estructuras que configuran el color –las melanosomas- en un fósil completo de un sólo animal.

“No era ni un cuervo ni un gorrión, sino una criatura con un plumaje muy notable”, afirma Richard O. Prum, coautor del estudio y director y profesor de la cátedra William Robertson Coe de Ornitología, Ecología y Biología Evolutiva de la Universidad de Yale. “Si viviera en la actualidad sería un animal muy llamativo”, subraya el investigador.

El estudio, que se publica on line en Science, recoge el análisis de melanosomas que permitió asignar colores a plumas individuales del dinosaurio Anchiornis huxleyi. Los resultados demuestran que el dinosaurio lucía un cuerpo gris, una cresta rojiza-parda, tipo mohicano, y puntos en la cara, así como plumas blancas en alas y patas, con puntas salpicadas de motas negras.

Según Prum, los patrones de color de las extremidades de este dinosaurio, que se parecen a los colores de los pollos de Hamburgo de la actualidad, tenían posiblemente una función de comunicación y podían haberles ayudado a atraer a sus parejas.

Una metodología innovadora

Jakob Vinther, investigador en el Departamento de Geología y Geofísica de la Universidad de Yale descubrió, estudiando la bolsa de tinta de un calamar antiguo, que las características granulares microscópicas del fósil eran en realidad melanosomas (un orgánulo celular que contiene melanina, un pigmento que absorbe la luz y que poseen los animales, incluidas las aves).

A partir de ese momento, Vinther y sus colegas probaron la teoría en una pluma de 112 millones de años procedente de Brasil y más tarde dedujeron los colores de un pájaro extinguido hace 47 millones de años. Junto a científicos de la Universidad de Texas en Austin (EE UU), la Universidad de Akron (EE UU), la Universidad de Pekín (China) y el Museo de Pekín de Historia Natural decidieron usar los mismos procedimientos para examinar en detalle un fósil de Anchiornis huxleyi, descrito recientemente en la provincia de Liaoning (China).

El equipo examinó detenidamente 29 muestras de plumas del dinosaurio y realizó una exhaustiva medición y ubicación de melanosomas en las plumas. Los investigadores realizaron después un análisis estadístico de cómo se comparan los melanosomas con los tipos de melanosomas conocidos para crear determinados colores en pájaros vivos, a partir del uso de datos recopilados por Matt Shawkey y sus colegas de la Universidad de Akron. El análisis permitió a los científicos diferenciar en un 90% los colores de plumas individuales y los patrones de color de un animal extinguido.

Plumas para el camuflaje

Con este estudio, el equipo internacional de investigación apoya la idea de que los dinosaurios desarrollaron primero las plumas para otros fines, y no para volar. “El patrón de colores (por ejemplo, camuflaje o exhibición) podría haber desempeñado una función principal distinta en la primera evolución de plumas en los dinosaurios, y fue tan importante como desarrollar el vuelo o mejorar la función aerodinámica”, subraya Julia Clarke, otra de las autoras y profesora asociada de paleontología de la Escuela Jackson de Geociencias en la Universidad de Texas en Austin.

Según la investigación, los nuevos descubrimientos proporcionan información sobre la historia de la evolución de las plumas en los dinosaurios antes del origen de las aves modernas. Los científicos señalan que los patrones de color dentro de las plumas y entre las plumas evolucionaron antes de lo que se pensaba, y las plumas podrían haberse desarrollado para la comunicación.

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Referencia bibliográfica:

Quanguo Li, Ke-Qin Gao, Jakob Vinther, Matthew D. Shawkey, Julia A. Clarke, Liliana D’Alba, Qingjin Meng, Derek E. G. Briggs, Richard O. Prum. “Plumage Color Patterns of an Extinct Dinosaur” Science Express 5 de febrero de 2010 / Página 1 / 10.1126/science.1186290.
Artículo publicado en Servicio de Información y Noticias Científicas (SINC).

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Descubren un nuevo tipo de reptil volador

Publicado por Jordi Guzman en 15 octubre 2009


Un grupo internacional de investigadores ha identificado un nuevo tipo de reptil volador, el Darwinopterus (alas de Darwin), que aporta la primera evidencia clara de un tipo de evolución inusual y controvertida. El hallazgo, que se publica hoy en Proceedings of the Royal Society B: Biological Sciences, encaja con un vacío evolutivo de los pterosaurios (reptiles voladores) hace unos 220 millones de años.

Bautizado Darwinopterus (alas de Darwin) con motivo del 200 aniversario del nacimiento de Charles Darwin y del 150 aniversario

Nuevo reptil volador Darwinopterus. Ilustración: Mark Witton / Universidad de Portsmouth.

Nuevo reptil volador Darwinopterus. Ilustración: Mark Witton / Universidad de Portsmouth.

de la publicación del libro El origen de las especies, el nuevo pterosaurio completa el registro fósil de los reptiles voladores que dominaron el cielo en la edad de los dinosaurios (hace entre 220 y 65 millones de años).

Hasta ahora, los científicos habían reconocido dos grupos de pterosaurios diferentes: los más primitivos y de largas colas; y sus descendientes, pterosaurios más avanzados con colas de menor longitud, algunos alcanzaron tamaños gigantescos. Sin embargo, entre ambos grupos existía un vacío evolutivo, ya identificado en tiempos de Darwin.

Investigadores de la Universidad de Leicester (Reino Unido) y el Instituto Geológico de Pekín (China) publican hoy en Proceedings of the Royal Society B: Biological Sciences el descubrimiento en China de Darwinopterus, que llena ese vacío.

“El Darwinopterus supuso una gran conmoción para nosotros, ya que siempre habíamos pensado que el vacío evolutivo se llenaría con una criatura típicamente intermedia, con una cola moderadamente alargada, ni larga ni corta. Pero lo extraño del Darwinopterus es que tiene una cabeza y cuello exactamente igual que los pterosaurios más avanzados, mientras que el resto del esqueleto, incluida la larga cola, es idéntico al de los más primitivos”, declara David Unwin, miembro del equipo de investigación en la escuela de estudios del Museo de la Universidad de Leicester.

Completar el registro fósil

Los investigadores habían hallado ya en el noroeste de China más de 20 esqueletos fósiles de Darwinopterus, algunos de ellos completos que estaban en rocas que databan de hace unos 160 millones de años. Estas fechas corresponden con el límite de los períodos Jurásico Medio y Jurásico Superior, al menos 10 millones de años antes a la aparición del ave más antigua, Archaeopteryx.

Grandes mandíbulas, filas de dientes puntiagudos y cuellos notablemente flexibles sugieren que estos pterosaurios del tamaño de un cuervo podrían haberse alimentado, al igual que un halcón, cazando otras criaturas, como otros pterosaurios, pequeños mamíferos y dinosaurios carnívoros, del tamaño de una paloma. Cazaban con sus patas delanteras cubiertas de plumas y de sus patas traseras, con las que comenzaban a impulsarse hacia el vuelo, lo que más tarde les llevaría a evolucionar hasta las aves.

“La era geológica del Darwinopterus y la extraña combinación de los rasgos primitivos y avanzados ponen de manifiesto un gran dilema sobre la evolución de los pterosaurios desde los antecesores más primitivos hasta los más avanzados”, añade Unwin. Para los investigadores, este proceso fue rápido, con un gran número de cambios relevantes todos ellos concentrados en un corto periodo de tiempo.

Además, la totalidad de los conjuntos de rasgos (denominados módulos por los científicos) que conforman importantes estructuras como la del cráneo, el cuello o la cola, parecen haber evolucionado conjuntamente. “Sin embargo, el Darwinopterus nos ha mostrado que no todos esos cambios ocurrieron a la vez. En primer lugar evolucionaron la cabeza y cuello, seguidos del cuerpo, cola, alas y patas. Parece que la selección natural fue actuando y cambiando módulos enteros y no, como podríamos esperar, algunos rasgos, como la forma del hocico o de los dientes. Esto apoya la idea controvertida de una forma de evolución “modular” relativamente rápida”, apunta el científico.

Si los investigadores logran probar la idea de la evolución modular se podría explicar, no sólo cómo los pterosaurios primitivos evolucionaron a formas más avanzadas, sino también, la rápida y escalada evolución de otros animales y plantas como la de los mamíferos tras la extinción de los dinosaurios.

Artículo publicado en Servicio de Información y Noticias Científicas (SINC). Más información en El PaleoFreak.

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Hipótesis del despegue de un pterosaurio

Publicado por Jordi Guzman en 8 septiembre 2009


Ilustración: Raúl Martín

Ilustración: Raúl Martín

Los pterosaurios (lagartos alados) vivieron en la era Mesozoica, un periodo que se inició hace 228  millones de años y terminó hace 65, fueron los primeros vertebrados con capacidad para volar y no son ni dinosaurios ni aves. Su cuerpo estaba cubierto de pelo y en este vídeo que sigue, realizado por Julia Molnar, presentado en la página de National Geographic podemos ver su despegue cuadrúpedo.

Vía El PaleoFreak

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Refutan la teoría del asteroide que acabó con los dinosaurios

Publicado por Jordi Guzman en 27 abril 2009


La famosa teoría del cráter Chicxulub (Península del Yucatán, México), originado por un enorme asteroide que supuestamente provocó la extinción de los dinosaurios y del 65% de todas las especies existentes hace 65 millones de años, acaba de ser puesta en entredicho por una nueva investigación realizada por científicos estadounidenses y suizos. Los datos estratigráficos del estudio, que hoy se publica en el Journal of the Geological Society, indican que el asteroide no fue lo que provocó la extinción de los dinosaurios.

La investigación dirigida por Gerta Keller, de la Universidad de Princeton en Nueva Jersey (EE UU), y por Thierry Adatte, de la

Modelos de dinosaurios. Foto: Jonathan Blair/Corbis. National Geographic.

Modelos de dinosaurios. Foto: Jonathan Blair/Corbis. National Geographic.

Universidad de Lausanne (Suiza), presenta pruebas halladas en México que sugieren que el impacto de Chicxulub tuvo lugar hasta 300.000 años antes que el límite Cretáceo-Terciario (K-T), considerado hasta ahora como referencia para explicar la extinción de los dinosaurios.

El cráter, descubierto en 1978 en el norte de la Península de Yucatán, mide unos 180 kilómetros y fue originado por el descomunal impacto de una masa extraterrestre. Cuando se descubrieron los anillos que el impacto provocó justo por debajo del límite K-T, el cráter se identificó como una prueba irrefutable del origen de la extinción masiva de los dinosaurios, hace 65 millones de años. Debido al impacto, además desaparecieron infinidad de especies de animales y plantas, según la teoría más aceptada.

Sin embargo, “Keller y su grupo de científicos reúnen sin cesar información estratigráfica que apoya una nueva teoría sobre el impacto de Chicxulub y la extinción masiva al final del Cretáceo”, afirma H. Richard Lane, director de programa de la División de Ciencias de la Tierra de la National Science Foundation de EE UU, que avala la investigación. “Es posible que, después de todo, no estén relacionados”, añade.

Con la información recogida en El Peñón y otras localidades de México, Keller declara: “Sabemos que se depositaron de cuatro a nueve metros de sedimentos a una velocidad de entre dos y tres centímetros por cada 1.000 años tras el impacto, y el nivel en el que se produjo la extinción masiva se puede ver en los sedimentos ubicados por encima de este intervalo”.

Los defensores de la teoría del impacto de Chicxulub sugieren que el cráter del impacto y la extinción masiva aparecen alejados en el registro de sedimentos “debido al seísmo o tsunami que originó el impacto del asteroide”. Pero según Keller, “el problema que presenta la interpretación del tsunami es que esta capa de sedimentos no se depositó durante horas o días debido a un tsunami, sino durante un periodo de tiempo muy extenso”.

En la investigación descubrieron que los sedimentos que separan ambos eventos son característicos de una sedimentación normal, con orificios creados por las criaturas que colonizaron el océano, la erosión y el desplazamiento de los sedimentos, sin indicios de una alteración estructural. Los científicos también descubrieron pruebas que indican que la colisión de Chicxulub no produjo el supuesto impacto dramático sobre la diversidad de las especies.

En un punto de El Peñón, los investigadores encontraron 52 especies presentes en los sedimentos situados por debajo de la capa del anillo que creó el impacto, y las 52 especies siguen presentes en las capas situadas por encima del anillo. “Descubrimos que no se extinguió ni una sola especie debido al impacto de Chicxulub”, declara Keller.

Según la científica, esta conclusión no tiene por qué considerarse sorprendente, puesto que “ninguna extinción masiva está relacionada con ningún impacto y no se conoce ningún otro gran cráter que haya originado semejante extinción”.

Keller sugiere que es posible que las erupciones volcánicas de las Trampas de Decán, en India, fueran las responsables de la extinción, ya que las inmensas cantidades de polvo y gases que se expulsaron pudieron haber bloqueado la luz del sol provocando un efecto invernadero considerable.

Fuente: SINC

Artículo publicado en Servicio de Información y Noticias Cientificas (SINC) el 27 de abril.

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Pistas sobre el origen de la vida

Publicado por Jordi Guzman en 7 enero 2009


Un par de equipos de investigadores nos dan nuevas pistas sobre cómo y por qué podría haber surgido la vida.

tierra_primitivaPocas cosas son más interesantes y tan difíciles de saber como el origen de la vida. Desde que hace ya décadas, gracias al experimento de Miller y Urey, sabemos que es fácil conseguir los bloques orgánicos constitutivos de las moléculas de la vida. Incluso recientemente un análisis de las muestras dejadas por Miller procedentes de experimentos realizados en los cincuenta desveló alguna sorpresa. En esa época Miller realizó unos experimentos con una mezcla de gases similares a los gases volcánicos, pero no se sabe por qué no publicó nada al respecto. El análisis realizado en 2008 realizado con máquinas modernas, revelaba que se formaron 22 aminoácidos (bloques que forman las proteínas), 5 aminas y muchas otras moléculas formadas por radicales hidroxílicos.
Pero el paso siguiente, conseguir una molécula que porte información y se autorreplique es mucho más difícil. Al igual que los pasos que se dieron después hasta conseguir la primera célula.
Quizás no dispongamos de los cientos de millones de años que uso la Naturaleza o de un laboratorio de tamaño planetario repleto de moléculas orgánicas. Sin embargo, se sigue investigando en el tema. No es fácil describir los innumerables pasos que fueron necesarios, pero la descripción de alguno de ellos o la descripción de las reglas básicas detrás de todos ellos quizás sí sean útiles. Un par de equipos de investigadores nos dan nuevas pistas sobre cómo y por qué podría haber surgido la vida. En el primer caso desde el punto de vista experimental y en el segundo desde el punto teórico más básico.

Se cree que la primera molécula autorreplicante consistiría en ARN, pero no se sabe cómo podría haber evolucionado hasta tener un significado biológico. El equipo de Ernesto di Mauro del Istituto Pasteur-Fondazione Cenci-Bolognetti ha realizado un experimento que intenta responder la pregunta de cómo las moléculas orgánicas primitivas de ARN se ensamblaron para producir los cimientos de la vida. Concretamente, cómo unos trozos se fueron juntando hasta obtener una molécula de ARN con relevancia biológica.
El ARN crece mediante la adición de una nueva base a uno de los extremos de manera encadenada, pero el problema es que en aquella época no había enzimas que catalizaran esta reacción. Aunque el ARN puede crecer desde tamaños pequeños sin la presencia de enzimas lo hace de una manera tan lenta que nunca alcanza una longitud lo suficientemente larga. Además, sus extremos pueden unirse entre sí e impedir que se añadan más bases. Estos investigadores se plantearon si habría algún mecanismo que superara esta barrera termodinámica. Para ello cultivaron pequeños fragmentos de ARN en agua a diferentes temperaturas y grados de acidez.
Encontraron que bajo condiciones favorables, consistentes en una temperatura por debajo de 70 grados centígrados y un medio ácido, trozos de ARN de entre 10 y 24 bases se ensamblaban espontáneamente en el transcurso de 14 horas. Los fragmentos eran de doble hebra con los extremos unidos entre sí y no tenían el mismo tamaño, situación similar a la que se encontraría en el medio natural. Además, vieron que la reacción era más eficiente cuando mayor era el tamaño de los fragmentos hasta que decaía cuando se alcanzaban las 100 bases.
Esta fusión espontánea podría ser un sistema simple mediante el cual el ARN superó la barrera inicial para crecer y así adquirir un tamaño con relevancia biológica, de unas 100 bases. A partir de ese tamaño las moléculas de ARN pueden ser funcionales y plegarse en estructuras tridimensionales.

En otro estudio reciente Arto Annila de la Universidad de Helsinki y Erkki Annila del Instituto de Investigación de los Bosques Fineses dan pistas sobre las fuerzas termodinámicas que pudieron determinar el origen de la vida.
Todos los organismos están compuestos por moléculas que se ensamblan gracias numerosas reacciones químicas. Según el calor fluye de los focos cálidos a los fríos la termodinámica nos dice que estas moléculas obedecen la tendencia natural de disipar la diferencia de energía. Por tanto, las reacciones que se favorecen son las que disminuyen la energía del sistema hasta que se alcanza el estado estable o equilibrio químico.
Aunque estos autores no especifican las reacciones químicas implicadas que dieron origen a la vida, explican que las moléculas implicadas sufrieron una serie de reacciones cada vez más complejas para así minimizar la diferencia de energía entre la materia terrestre y la energía procedente del Sol. Eventualmente el proceso avanzó tanto que dio lugar a las estructuras funcionales sofisticadas que llamamos seres vivos.
Según los autores la idea más importante del estudio es no hacer la distinción entre materia animada e inanimada, y que los procesos de la vida no son diferentes de otros procesos naturales.
El estudio fue publicado en International Journal of Astrobiology y en él se considera que la sopa primordial contenía los elementos básicos que reaccionaban entre sí y con una fuente externa de energía como el Sol. Los compuestos obtenidos formaban sistemas químicos que iban ensamblándose entre sí, prosperando los que capturaban y distribuían más y mejor la energía solar en busca del estado estable, en una suerte de selección natural. El proceso evolutivo no era (ni es) determinista, siendo incluso caótico, ya que los flujos de energía crean diferencias de energía que afectan los propios flujos.
Gracias a las variaciones al azar se conseguían compuestos novedosos que podían emerger del sistema primordial. Algunos de esos compuestos podrían haber sido excepcionalmente buenos creando flujos de energía, permitiendo al sistema disipar diferencias de energía de forma más eficiente y alcanzar altos niveles de entropía. Este tipo de compuestos ventajoso podrían haber ganado la competición sobre los demás en el periodo de evolución química. Pero estos científicos afirman que identificar estos compuestos será muy difícil. Explican que su estudio pretende explicar por qué surgió la vida pero no cómo lo hizo.
Según ellos lo más relevante es el hecho de que la tendencia física a disipar diferencias de energía no distingue entre materia animada de la inanimada. El orden y complejidad que caracteriza los sistemas biológico modernos no tiene valor por sí mismos, sino que su estructura y organización jerárquica emergió y se desarrollo porque proporcionaba modos hacia un aumento del flujo de energía.
Como ejemplos los investigadores citan el código genético, que podría haber servido como mecanismo de aumento de la entropía, aumentando el flujo de energía hacia un aumento de la entropía. Los organismos complejos actuales tienen un metabolismo celular que es otro sistema que aumenta la entropía y disipa energía en el ambiente. La cadena alimenticia de un ecosistema sería otro ejemplo.
La vida sería una cosa natural que emergería simplemente para satisfacer leyes de la Física básica. Por así decirlo, nuestro propósito como seres vivos sería distribuir la energía sobre la Tierra, energía proveniente de la gran diferencia de energía potencial entre el Sol y el frío espacio. Los organismos evolucionan por selección natural, pero a un nivel más básico la selección natural estaría dirigida por un principio termodinámico: aumentar la entropía y disminuir las diferencias de energía.
Los procesos naturales a partir de los cuales la vida emerge son los mismos procesos que mantienen a la vida funcionando en todas las escalas temporales. Desde el punto de vista termodinámico no habría un momento especial a partir del cual la vida surgió y no habría forma de distinguir el momento en el cual se paso de la materia inanimada a la animada.
Arto Annila añade que la búsqueda del origen de la vida parece un intento fútil porque la vida en su totalidad es un proceso natural que, según la segunda ley de la termodinámica, no define un comienzo. “Preguntar cómo comenzó la vida sería lo mismo que preguntar cuándo y dónde el primer soplo de viento que agitó la superficie de una laguna”, añade.

Fuentes y referencias:
Nota de prensa.
Artículo original (resumen).
Artículo original.

Articulo traducido y posteado en NeoFronteras.

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Dinosaurio en el museo de Historia Natural de Los Angeles

Publicado por Jordi Guzman en 21 julio 2008


Increible este dinosaurio suelto por el museo Historia Natural de Los Angeles. Si os fijáis, se le ven las piernas al operador humano que lleva encima el bichejo, pero los movimientos de la cabeza y cuello, y la textura de la piel es completamente realista, hasta ruge y todo. Genial.

Vía Menéame

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Las fechas de los funerales de Stonehenge indican un largo uso como cementerio

Publicado por Jordi Guzman en 30 mayo 2008


Las excavaciones revelaron restos de la vida en la Edad de Piedra.

Nuevas dataciones por radiocarbono de los enterramiento por cremación humana en Stonehenge indican que el monumento se usó como cementerio desde su inicio, poco después del 3000 a.C. hasta mucho después de que se erigieran las grandes piedras alrededor del 2500 a.C.

El Proyecto Stonehenge Riverside Project está patrocinado por la Sociedad National Geographic de América y el Consejo de Investigación de Artes y Humanidades, con apoyo del Patrimonio Inglés. Los directores del proyecto incluyen a Mike Parker Pearson (Universidad de Sheffield), Julian Thomas (Universidad de Manchester), Joshua Pollard (Universidad de Bristol), Colin Richards (Universidad de Manchester), Chris Tilley, University College de Londres, y Kate Welham, (Universidad de Bournemouth).

Muchos arqueólogos creían anteriormente que se había enterrado a gente en Stonehenge sólo entre el 2700 y el 2600 a.C., antes de que las grandes piedras, conocidas como sarsens, se colocaran en su lugar. Las nuevas dataciones proporcionan unas pruebas convincentes del propósito original del monumento y demuestran que su uso como cementerio se extendió durante más de 500 años.

“Ahora está claro que los funerales eran un componente principal de Stonehenge en todas sus etapas principales”, dijo Mike Parker Pearson, profesor de arqueología en la Universidad de Sheffield quien junto al apoyo de National Geographic lidera el Proyecto Arqueológico Stonehenge Riverside. “Stonehenge era un lugar de enterramiento desde su inicio a su cenit a mediados del tercer milenio a.C. La datación de los funerales por cremación de la fase de piedras sarsen de Stonehenge es probablemente sólo una de las muchas de este periodo final de uso del monumento y demuestra que aún era en gran parte un ‘dominio de los muertos’”.

El primer funeral por cremación fechado — una pequeña pila de huesos y dientes quemados — procede de uno de los agujeros alrededor del borde de Stonehenge conocidos como los Agujeros de Aubrey y datan del 3030-2880 a.C., aproximadamente la época en la que empezaron a desarrollarse las obras del monumento de Stonehenge en las Llanuras de Salisbury. El segundo enterramiento, de la zanja alrededor de Stonehenge, es de un adulto y data del 2930-2870 a.C. La cremación más reciente, dijo Parker Pearson, procede del lado norte de la zanja y pertenece a una mujer de 25 años; data del 2570-2340 a.C., alrededor de la época en la que aparecieron los primeros conjuntos de piedras sarsen en Stonehenge.

El trabajo en Stonehenge se describe en el ejemplar de junio de 2008 de la revista National Geographic. Una mirada exclusiva a los nuevos descubrimientos aparecerá en una presentación global en el Canal National Geographic — “Stonehenge Decoded (Stonehenge decodificado)” — el domingo 1 de junio. Stonehenge también está descrito en el ejemplar de junio/julio de 2008 de la revista National Geographic para Niños.

Esta es la primera vez que se ha fechado por radiocarbono alguno de los funerales por cremación de Stonehenge. Los funerales fechados por el equipo de Parker Pearson fueron excavados en los años 50 y se han mantenido en el cercano Museo de Salisbury.

Nuevas dataciones por radiocarbono de un pico de hueso usado para excavar cuenta una historia sobre el Mayor Cursus de Stonehenge, una recinto excavado en forma de cigarro de casi tres kilómetros de largo. La nueva fecha — 3630 a 3375 a.C. — pone el cursus 1000 años antes de que se erigieran los sarsens de Stonehenge. El arqueólogo Julian Thomas de la Universidad de Manchester en Inglaterra, quien lideró la investigación, dice que las dos zanjas paralelas del cursus encierra un espacio lineal que podría haber sido considerado sagrado. “Nuestra excavación demuestra que esto está casi claro — no hay otros huesos de animales u otros depósitos”, dijo el Profesor Thomas. El propósito exacto del cursus es desconocido.

En el mismo eje que el cursus, la Piedra del Cuco fue el origen de otra de las revelaciones de la temporada. Los arqueólogos, liderados por Colin Richards de la Universidad de Manchester, encontraron que la piedra, un rechoncho bloque sarsen que está a su lado, originalmente procedía de otra localización, al contrario que muchas otras piedras de Stonehenge. En los tiempos Neolíticos, la piedra se colocó verticalmente cerca de unos agujeros especiales usados para depositar elementos, de acuerdo con Richards. “Encontramos una y otra vez que los picos de hueso usados para excavar — aún perfectamente útiles — han sido enterrados deliberadamente en agujeros como si fuese un ritual”, dijo Parker Pearson.

Articulo completo posteado en Ciencia Kanija. El original apareció en la página de la Universidad de Manchester.

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Nueva teoría sobre la explosión del Cámbrico

Publicado por Jordi Guzman en 19 mayo 2008


Una teoría sugiere que el origen de la explosión del Cámbrico podría descansar en la aparición de las interacciones entre las especies, tales como la depredación, que condujo hacia procesos evolutivos que aumentaron la complejidad de la vida.

Hace unos días hablábamos en estas páginas sobre el papel que la depredación tuvo durante el Cámbrico. Ahora una nueva teoría sostiene que precisamente la aparición de la depredación posiblemente originara la explosión del Cámbrico misma.
La llamada explosión del Cámbrico consistió en una explosión de diversidad de una riqueza sin igual en la historia de la vida. Se puede ver en el registro fósil cómo aparecen por primera vez, justo en ese momento y de forma rápida, organismos pluricelulares más complejos que criaturas simples del estilo de esponjas, medusas y similares. Durante esta explosión surgen aproximadamente, y de repente, cincuenta grandes grupos de organismos (filos), en muchos casos sin que existan precursores evidentes.
Esta súbita explosión de vida, que ocurrió entre hace 542 y 490 millones de años, ha dejado perplejos a los paleontólogos desde los tiempos de Darwin. Obviamente dicha explosión solamente se puede considerar como tal de forma relativa, desde en punto de vista geológico y en comparación con lo que pasó antes y durante los 500 millones de años después, pues duró unos cuantos millones de años.

Hay varías propuestas que intentan explicar este fenómeno. El aumento de oxígeno en la atmósfera terrestre de aquel entonces probablemente lo propició, así como el final de la era glacial denominada “bola de nieve” y la aparición de mecanismos genéticos que permitieron la simetría bilateral, los huesos, los caparazones y la locomoción rápida.
Ahora Geology Charles Marshall de la Universidad de Harvard presenta una teoría más en la que se sugiere que la razón podría haber sido la interacción entre las especies, tales como la depredación, que condujo hacia procesos evolutivos de escala que finalmente dieron lugar al desarrollo de dientes, garras y a toda una variedad de características anatómicas que todavía vemos hoy.

La explosión del Cámbrico es importante porque fue en ese momento cuando aparecieron todos los filos (grandes grupos de clasificación filogenéticos), como por ejemplo el de los cordados, que incluye a los vertebrados, y por tanto a nosotros.
Antes de esta explosión la vida sobre la Tierra era muy simple, primitiva y estaba constituida por criaturas de cuerpo blando que se alimentaban de bacterias que flotaban en el agua o medraban en el fondo oceánico (fauna de Ediácara). Pero estas formas de vida precámbricas desaparecieron antes de la explosión cámbrica. Los antepasados de los filos modernos a los que reemplazaron no han sido encontrados aún en el registro fósil.
Marshall ha revisado las teorías que se han dado con anterioridad llegando a la conclusión de que no explican bien este fenómeno.

Quizás las criaturas del Precámbrico no desaparecieron completamente y, a pesar de que fueran muy diferentes de las que le siguieron, serían lo suficientemente complejas para ser las semillas de la explosión. El hecho de que diversas criaturas actuales, que van de las moscas a los peces, compartan muchos genes apoyaría esta idea. Desde el punto de vista genético estos seres difieren más en cómo usan los genes que en su presencia o ausencia. No hay muchos genes nuevos que creen la innovación, sino la forma en la que se organizan.

Si el precursor de las criaturas del Cámbrico ya habitaba los mares de Ediácara algo tuvo que disparar este cambio tan dramático.

Marshall dice que un modelo computacional sobre las formas de las plantas bajo diferentes ambientes podría proporcionar pistas. El modelo muestra que la diversidad en las plantas puede surgir de un antepasado único cuyos descendientes estén bajo condiciones diferentes. El modelo empieza con una planta simple y primitiva bajo seis reglas genéticas básicas. Entonces se añaden cuatro presiones de selección que dirijan el cambio evolutivo: éxito reproductor, estabilidad mecánica, interceptación de la luz y minimalización de la superficie. El modelo produce 20 tipos de formas vegetales diferentes. Cuando se compara este resultado con el registro fósil se pueden encontrar todas estas formas.

Aplicando esta idea a los animales, Marsahll empezó a investigar las fuerzas ambientales que podrían haber dirigido cambios dramáticos en los animales que poblaban los océanos antes del Cámbrico. Se dio cuenta que antes del Cámbrico los animales no tenían órganos de interacción con el medio. Es decir, no tenían ojos, ni antenas, ni mandíbulas, ni garras… pensó que la nueva fuerza que apareció en escena fue la habilidad de los animales de interaccionar unos con otros.
Los animales de Ediácara no interaccionaban entre sí como lo hacen los actuales y según este investigador sería precisamente esta característica de las interacciones ecológicas la que daría lugar a la explosión del Cámbrico. Los otros factores conocidos irían de la mano de esta fuerza.

Marshall admite no saber qué hizo que aparecieran estas interacciones ecológicas, podría haber sido tan sencillo como la aparición de los primeros seres con “bocas”, “mandíbulas”, o “grandes estómagos” que empezaran a comerse, a base de “chupetones”, el festín de cuerpos blandos que cubría los fondos marinos. La carrera de armamentos evolutiva de medidas y contramedidas haría el resto.
Desde el punto de vista filosófico no deja ser curioso que nuestro propio origen y el de las criaturas más complejas se asiente sobre conductas depredadoras.

Fuentes y referencias:
Nota en Universidad de Harvard.
El Cámbrico en NeoFronteras.

>Articulo completo aparecido en Neofronteras.

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Un pliosaurio de 15 metros de longitud

Publicado por Jordi Guzman en 29 febrero 2008


Hace dos años en Noruega encontraron los restos fósiles de varios especímenes marinos del jurásico. Uno de ellos es este pliosaurio uno de los más grandes encontrados nunca: 15 metros de longitud aproximadamente. Como bien apuntan en Paleofreak no es el más grande encontrado, este honor corresponde a el ictiosaurio Shonisaurus sikanniensis, pero como este acojona más con sus enorme cráneo y dientes se ha llevado el honor.

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Vía A Welsh View

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El antropoceno

Publicado por Jordi Guzman en 11 febrero 2008


Este post ha sido publicado en Entomoblog y su autor es Jesús Espí. El mapa de la influencia del ser humano sobre la Tierra es de la pagina  Last of the Wild Project.

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Clic en el mapa para ampliar.

Para algunos científicos, el impacto del ser humano sobre la Tierra, sobre todo durante los últimos 200 años con el comienzo de la Revolución Industrial, justifica la designación de una nueva época geológica. Con 6.500 millones de personas viviendo y explotando los recursos del planeta no se pueden ignorar los cambios físicos, químicos y biológicos que se producen en el medio ambiente.

Las diferentes divisiones de la historia geológica de la Tierra se basan en los cambios observados en las rocas y en los estratos, así como en diferencias en el registro fósil. Éste es el caso, por ejemplo, de los límites entre el Pérmico y el Triásico o entre el Cretáceo y el Paleoceno.

En el año 2000, el químico holandés Paul Crutzen, premio Nobel en 1995 por su trabajo en química atmosférica, en especial sobre la formación y descomposición del ozono, sugirió que habíamos dejado el Holoceno y habíamos entrado en una nueva época geológica1 que bautizó como Antropoceno (del griego ánthrōpos, hombre, y kainós. común) debido a los efectos del incremento de la población humana y el desarrollo económico. Este término entró en la literatura geológica de manera informal para designar el medio ambiente global contemporáneo dominado por la actividad humana.

Un grupo de científicos de la Comisión Estratigráfica de la Sociedad Geológica de Londres aplicaron los mismos marcadores usados para designar nueva épocas para comprobar si efectivamente hay necesidad de inaugurar una nueva época geológica y establecer sus límites. Estos criterios incluían variaciones en las rocas sedimentarias causadas por antiguos cambios en el clima.

Así, encontraron que las actividades humanas como la agricultura y la construcción de presas y edificaciones han llevado a cambios geológicos notables entre los cuales se incluye un incremento en la erosión, marcador que sirve como una señal distintiva de una nueva época (cambios más drásticos indicarían un cambio de período, pero éste no es el caso). Además, está el aumento en la concentración de dióxido de carbono y metano (gases de efecto invernadero que están detrás del tan manido cambio climático) y un aumento global de la temperatura (estimado de 1,1 ˚C a 6,4 ˚C para el final de este siglo). A ello hay que sumarle las extinciones de animales y plantas provocadas por el ser humano y que se inician a finales del Pleistoceno, la sustitución de la vegetación natural por monocultivos, las migraciones de especies y cambios en la acidez de los océanos. Una mayor acidez provocaría que los arrecifes de coral dejaran de crecer deteniendo la deposición de caliza, algo que se evidenciaría en el registro fósil.

Sin embargo, aunque las evidencias no parecen dejar lugar a dudas, todavía no están muy claros el límite de esta nueva época geológica. Puede ser geológico y definido por un GSSP (estrato que sirve como referencia del límite entre dos escalas de tiempo geológico) o temporal y definido por una fecha en el calendario (principios del siglo XIX).

Notas

[1] Una época es uno de los ciclos menores de la historia geológica de la Tierra que comprende cinco divisiones de mayor a menor amplitud: eón, era, período, época y edad.

 

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