Articulo de Félix de Azúa en El Periódico del 15 de diciembre.
Un celebrado psicólogo, Jean Piaget, dedico paginas muy bonitas a la cuestión de si los niños creen de verdad en los Reyes Magos. Su conclusión fue que los niños creen en los Reyes Magos, aunque saben perfectamente que sus padres han comprado los regalos. Esta contradicción solo desconcierta a los ciudadanos afectados por una severa racionalidad. Un docto historiador francés, Paul Veyne, dedico hace años un estudio sobre el mismo tema. Quería descubrir si los griegos creían de verdad en sus mitos. ¿Algún amigo de Platón o de Sócrates se podía creer que para copular con Leda Zeus tomo la forma de un cisne? Su conclusión no difería de la de Piaget: antes de la era moderna, antes del dominio científico, era compatible creer y no creer en alguna cosa. Las leyendas tenían su verdad, y la geometría, otra.
No es tan extraño. En vida suya muchas veces me pregunte (aunque nunca me atreví a planteárselo) si mi abuela creía de verdad en Dios que era, a su vez, tres dioses, uno de los cuales había nacido de una virgen humana y, por tanto, podía morir sin que por este hecho dejase de ser inmortal como los otros dos. Supongo que aun queda mucha gente que cree en estas leyendas y que quizás se moleste si alguien los trata de mitos poéticos, fábulas, cuentos.
Hasta en personas capaces de utilizar el teléfono y la calculadora, conducir un automóvil o invertir en un fondo de pensiones, persiste esta capacidad que solemos considerar infantil o arcaica y que no tiene ninguna dificultad de creerse una cosa increíble. Por descontado tampoco ve ninguna contradicción en el hecho de tener una vida racional, hipertécnica, y asumir disparates. Como utilizar internet, pero para consultar el horóscopo.
Ciertamente, es una manera de proceder reservada a un tipo especial de personas: idolatras, primitivas, poéticas. Así que somos injustos cuando acusamos a los políticos de ser cínicos. No lo son. Pertenecen al envidiable grupo que puede creerse ciegamente una cosa, sabiendo que es absolutamente falsa. Y dormir como excitados niños la noche de Reyes.